Con “ejones”

Publicado en http://www.publico.es el día 30 de marzo de 2017

http://blogs.publico.es/otrasmiradas/8203/con-ejones/

José Francisco Mendi
Psicólogo y miembro del Colectivo Espacio Abierto

Un perdedor no es un derrotado. El que pierde sabe que aún no tiene los apoyos suficientes para impulsar sus ideas. En cambio, los derrotados son quienes dejan de luchar porque se dan por vencidos.  Este concepto lo interpretó, y lo explotó comercialmente, de una manera magistral Adolfo Domínguez. Los pliegues de la ropa suponían la claudicación de los estilizados trajes de los años 80. Pero este artífice de la moda hizo de la derrota del lino frente al ajetreo de la realidad, la mayor victoria de la moda española. Transformó un supuesto defecto en una marca que hoy todavía perdura: “la arruga es bella”.

Los buenos vencedores quieren ganar a sus adversarios pero no desean convertirlos en derrotados. Y los dignos perdedores saben administrar sus derrotas  para aprender y transformarlas en victorias más adelante y, al menos, nunca se convierten en derrotados. Sin duda este arte es mucho más fácil desarrollarlo en el ámbito textil que en una política que reúne muchas más fosas de derrotados que derrotas. La derecha española supo transmutar la derrota de las elecciones generales de diciembre de 2015 en una victoria que hoy mantiene a Mariano Rajoy en La Moncloa. Para ello ha sembrado de derrotas y derrotados… ¡a su izquierda! Consiguió que el bloque progresista no se pusiera de acuerdo en una alternativa. El partido de Pablo Iglesias prefirió no hacer presidente a Pedro Sánchez antes que arriesgarse a ver de nuevo al PP al frente de España, como así ha sido. Cierto que el PSOE coqueteó, previamente, con demasiada cercanía con Rivera hasta el punto de no favorecer demasiado el acuerdo conjunto frente a los “populares”. Finalmente se repitieron las elecciones y el PSOE facilitó el actual gobierno de Rajoy. Todo un “museo de los horrores”, y errores, de una izquierda llena de derrotas y derrotados. Los primeros que hemos sufrido estas consecuencias tan desastrosas somos los votantes de izquierda que hemos visto truncado nuestro deseo, expresado en votos, de articular una mayoría alternativa. Algo que era imprescindible para mejorar las expectativas ciudadanas y sociales frente a la oscura etapa de recortes que ha dirigido la derecha política y económica que rige nuestro país y controla la Unión Europea.

En este escenario de derrotas tienen especial relevancia para la izquierda dos nombres  que han sufrido en sus carnes, políticas y personales, el fragor de la batalla. Son Íñigo Errejón y  Sánchez Castejón. Los “ejones”, como les llamo yo sin su permiso (disculpas a los aludidos). Viendo y analizando sus propuestas no tengo la más mínima duda de que representan un espacio de nueva socialdemocracia. Sigo empeñado en llamarla “euro democracia social”. Y  sus contenidos pueden y deben articular el necesario rearme ideológico de la izquierda en los próximos años. Siendo coherente con el discurso de este artículo es evidente que la socialdemocracia, al menos como la hemos conocido en su esplendor de finales del siglo pasado, ha sido doblegada por la derecha desde dentro de la propia socialdemocracia. Su incapacidad de elaborar nuevas respuestas, su estrategia de adaptación a la  nueva derecha antieuropea y su bajo perfil ante los retos políticos que plantean las nuevas generaciones en la Red y en la calle, han supuesto una derrota brutal. Pero la socialdemocracia no es una ideología derrotada. Las respuestas ciudadanas que en Europa y en el mundo buscan nuevos caminos, propuestas, formas de participación y liderazgos en el marco de este entorno ideológico demuestran que la necesidad  de ese espacio ciudadano está muy viva. Por supuesto esto implica un marco de colaboración no excluyente en el seno de la izquierda y, a la vez, una confrontación con la derecha que sea capaz de articular una alternativa con capacidad de gestión hacia la ciudadanía.

Ni Pedro Sánchez ni Íñigo Errejón son unos derrotados por muchas pérdidas que hayan sufrido. El debate ideológico que suscitó el líder de Podemos está cargado de transformación pragmática que acercaba la posibilidad  de disfrutar, desde las instituciones,  placeres del cielo en la tierra. Por otra parte el que fuera secretario general del PSOE se ha convertido en el líder político con mayor capacidad de movilización ciudadana actuando simplemente como candidato de una parte de su formación a la dirección de su partido. Son dos ejemplos diversos y complementarios de activación social en tiempos de crisis para la izquierda. Y como seguro que estas líneas serán utilizadas en su contra por quienes les quieren convertir en derrotados, aclararé que es buena la coexistencia de espacios diferenciados en la izquierda. Pero de colaboración desde la pluralidad y no de confrontación por la supremacía de uno frente al otro. Si no fuera así a uno le quedaría la sospecha de que Pablo Iglesias estaría “encantado” de la victoria de Susana Díaz. Como lo estuvo del apoyo del PSOE a Rajoy para que se “olvidara” su responsabilidad en no preferir a Sánchez antes que a Rajoy. Al lado, y mirando de reojo, daba la sensación de que a la actual dirección provisional del PSOE  le venía bien la victoria de un “puro” Pablo Iglesias. De este modo se alejaba de la realidad del posible cambio a través de acuerdos con los socialistas a  votantes de Podemos con la esperanza del regreso “pródigo” de una parte de su electorado. Aunque al final el único encantado de verdad, consigo mismo, fue el propio Rajoy que tuvo que deshacer las maletas que ya tenía preparadas tras los resultados de diciembre de 2015.

Por eso estamos en un momento de reflexión y oportunidades tras la frustración de las últimas, y repetidas, elecciones generales. Caben dos caminos. El primero, el de la insistencia en los errores del pasado que mantenga, refuerce y traslade con mayor virulencia en Comunidades Autónomas y Ayuntamientos la confrontación en la izquierda. Preparando así un escenario de desencuentro para el año 2019 trasladable a unas elecciones generales sean en 2020 o en una anticipación de las mismas. Un segundo itinerario, más difícil y comprometido pero más enriquecedor para la izquierda es el de ir desbrozando los nudos gordianos de la izquierda sin necesidad de espada.  En definitiva, acercar posiciones en los ámbitos locales y, con independencia de quién ostenta la máxima responsabilidad en cada formación de la izquierda, tender puentes de diálogo y compromiso común. Por cierto ¿qué tal si comenzamos por Murcia?  Así que si somos tan buenos contra nosotros mismos ¿por qué no somos capaces de dar un disgusto a la derecha? Y sobre todo de darnos un “gustazo” como ciudadanos. Quizás en estos momentos de confrontación interna en los partidos de izquierda, lo veamos con mayor preocupación quienes no tenemos carné de militante pero seguimos teniendo en nuestro ADN carné transformador. Con responsabilidad trabajemos juntos por el acuerdo, en colaboración y hacia un nuevo proyecto de socialdemocracia española y europea. Por necesidad, por convicción y con muchas y muchos “ejones”. Además ¡qué narices! por muy rico que sea Amancio Ortega yo prefiero el romanticismo de Adolfo Domínguez porque la izquierda también es bella.

 

Los asesinatos de Atocha y el valor de la democracia

Héctor Maravall

Publicado en http://www.nuevatribuna.es

24 de enero de 2017

Cuarenta años después, la transición democrática de nuestro país sigue despertando intensos debates y polémicas. Es lógico, lo raro es que nos hubiéramos olvidado de ella. Lo que ya no es tan normal es que haya algunas cuestiones esenciales que todavía se ponen en cuestión. Como p.e. que las fuerzas de la izquierda poco más que tragamos carros y carretas y aceptamos un sucedáneo de democracia.

Podría entenderse que tuvieran esa idea la gente que no vivió ni el franquismo ni la transición. Desgraciadamente en nuestro sistema educativo se enseña poco de historia y desde luego muy poca del siglo XX, de la II Republica, de la guerra civil, de la dictadura o de la transición. Conocer nuestra historia reciente no puede considerarse como un afán de revancha o de remover viejas heridas. A nadie en Estados Unidos se le ocurre pensar que hacer una película o una serie sobre la Guerra Civil, de hace más de 150 años, es revanchismo. En España las hipoteticas ideas de revancha quedaron zanjadas la tarde en que Carrillo y Fraga se dieron la mano en el Club Siglo XXI.

Pues bien, un conocimiento riguroso de lo que fue la transición, nos llevaría a considerarla como un proceso con fuertes tensiones violentas, incluso con frecuente derramamiento de sangre, aunque es cierto que ello solo afectó a una pequeña parte de la población española: aquella que luchaba activamente por traer la democracia. Nuestra transición fue cualquier cosa menos pacifica y estuvo a punto de naufragar el 23  de febrero de 1981.

Y uno de los episodios mas violentos de esa transición fueron los asesinatos del despacho laboralista de Atocha 55. Una acción terrorista perfectamente diseñada y enmarcada en unos días de intensificación de la violencia en las calles de Madrid y con dos secuestros de altas personalidades del antiguo régimen por un grupúsculo infiltrado por los servicios secretos.

Quienes planearon los asesinatos de Atocha sabían perfectamente lo qué hacían, por qué lo hacían y para qué lo hacían. Fue un crimen del viejo estado franquista, un crimen de manual. Como lo fue el atentado de Togliatti  y el asesinato de Aldo Moro, en dos momentos cruciales en la historia de Italia.

Escogieron muy bien a las victimas, que reunían dos condiciones determinantes en las movilizaciones por la democracia.

Eran abogados de CCOO, el movimiento sindical que desde principios de los años 60 se había ido organizando para defender, casi en solitario, a la clase trabajadora española, y que estaba protagonizando grandes luchas obreras en esos mismos meses, tras derrumbar al sindicato vertical. Y eran abogados comunistas, precisamente del Partido que desde 1939 con más ahínco y permanencia había luchado por la democracia y además había logrado generar una dinámica de unidad democrática basada en su política de reconciliación nacional.

Los abogados comunistas en Madrid, en Barcelona, en Sevilla, en Valencia, etc. fueron la punta de lanza de la movilización de los Colegios de Abogados por las Libertades y la Amnistía; con continuas actuaciones y pronunciamientos que hacían mucho daño al viejo régimen franquista.

Matándoles a ellos, abogados, comunistas, de CCOO, se buscaba un doble objetivo: asustar y/o provocar. Cualquiera de las dos reacciones eran buenas para desestabilizar el proceso democrático que a trancas y barrancas y a su manera, quería sacar adelante Adolfo Suárez. Y si asustaban a la mayoría y provocaban a una minoría, mejor que mejor.

No lo consiguieron.

El PCE, CCOO, los abogados demócratas madrileños y desde luego sus compañeros y amigos, sabíamos muy bien lo que estaba en juego. Avanzar hacia la plena democracia o retroceder hacia un régimen tecnocrático y sin libertades. La inteligencia política se impuso a la rabia, al dolor, al miedo o a las posibles ganas de venganza.

No tuvimos la menor duda: no podíamos abandonar nuestra presencia en las calles ni los paros en los centros de trabajo, y a la vez no podíamos dar ningún pretexto a quienes querían la vuelta atrás. Lo hicimos bien y estamos muy orgullosos de ello y en ese buen hacer Santiago Carrillo jugo un papel decisivo.

Nuestros compañeros y amigos, Javier, Luis Javier, Ángel, Serafín y Enrique, pagaron con su vida y no llegaron a disfrutar la democracia por la que habían luchado desde adolescentes. Lola, Luis, Miguel y Alejandro sufrieron gravísimas heridas físicas y psíquicas, que destrozaron sus vidas y los tres primeros murieron relativamente jóvenes.

Ellos nueve, como otros muchos muertos, encarcelados, exiliados, son la muestra indeleble de que nadie nos regaló la democracia y lo  mucho que costó conseguirla. Como para que ahora nadie venga a devaluar lo que logramos aquella minoría que no se rindió ni conformó y que vio colmadas buena parte de sus aspiraciones en la Constitución de 1978, la mas progresista de Europa.

¿Quién me representa?

Artículo publicado en Público.es el 30 de octubre de 2016

José Francisco Mendi
Psicólogo y miembro del colectivo Espacio Abierto

Soy hijo único. En realidad soy como todos mis congéneres. Sólo que yo no tengo hermanos. Esa realidad, cruel en la infancia pero tranquilizadora en mis relaciones notariales, me persigue desde mi nacimiento. A ella me aferro para justificar mis pequeñas obsesiones y encontrar así la benevolencia de los demás. Por cierto, suele funcionar, ya sea por convencimiento o por comprensión lastimera. Así que vaya por delante este frontispicio habitual de mi rareza para exponer la extraña paradoja que vivo conmigo mismo a la hora de identificarme con las formaciones políticas que empatizan con mis ideas

Soy una persona de izquierdas, progresista y que acepta el juego  de la representación política en las instituciones como un medio de cambio y mejora social, tal y como se concibe en la democracia actual. Puede resultar poco y mucho al mismo tiempo, pero me conformo con que deje de existir el hambre en el mundo y mis hijos vivan con más y mejores derechos de los que yo disfruto. Una meta que me parece, al unísono, tan revolucionaria como excesivamente modesta. Tengo otros objetivos más humildes, pero a su vez son imprescindibles para alcanzar los fundamentales. Por ejemplo, la articulación de una alternativa a la derecha que, desde la convergencia y la colaboración de las diversas izquierdas, permita un gobierno de progreso en España.

Tras un año con dos elecciones lo único claro que nos queda es un panorama de fractura y desolación en la izquierda española. Y aunque sea consecuencia de lo anterior, me parece más relevante ese dato que el hecho de que Rajoy sea, de nuevo (o de viejo), presidente. Es curioso como la pluralidad de ofertas electorales no ha mejorado la diversidad política e ideológica de la propia izquierda. No hablemos de su fallida convergencia en objetivos comunes ni de aunar una mínima cohesión que beneficie a una mayoría progresista de la ciudadanía. En esto el fracaso común es palmario. Hay dos verdades que se han constatado en estos últimos meses. La primera es que si Podemos hubiera permitido la investidura de Pedro Sánchez tras las elecciones de diciembre del pasado año, hoy sería presidente el defenestrado secretario general del PSOE. La segunda certeza es que Don Mariano no sería hoy presidente sin la abstención del ¿mismo? PSOE.

Mucho se ha dicho y se escribirá de estos desencuentros con tan trágico desenlace. Pero el objetivo de esta reflexión es suscitar más un debate de las ideas que de las estrategias o de las tácticas de las formaciones políticas ante la toma de decisiones. Lo más llamativo de la actual situación es que persiste, y resalta aún más, un enorme vacío político en el mercado de la democracia parlamentaria. Esto nos lleva a una paradoja en la que la ausencia ideológica convive con la diversidad de ofertas políticas. Si hablamos en términos de mercadotecnia, observamos cómo las empresas de la política ofrecen diversas marcas de productos variados, pero nadie es capaz de ofrecer uno de los productos más demandados y necesarios para los usuarios y consumidores de la izquierda. Me sorprende y entristece esta pobreza política cuando me parece tan evidente la necesidad de impulsar y ofrecer a la ciudadanía un espacio de representación que sigue huérfano a pesar de tener el parlamento más plural de nuestra democracia reciente. Me refiero a una socialdemocracia de carácter transformador. Lo que he venido en denominar como una eurodemocracia social.

Cada vez que alguna de las fuerzas de izquierda, o mejor dicho alguno de sus representantes, pretende acercarse y representar ese espacio político de la socialdemocracia, se sumerge en una crisis. Lo hemos visto a la hora de desalojar al anterior responsable de la secretaría general socialista o en las discusiones públicas entre Íñigo Errejón y Pablo Iglesias. Sin duda el intento de Pedro Sánchez de forjar un acuerdo alternativo que sumara a fuerzas de izquierda y de cambio para conseguir un gobierno de progreso forma parte de esa cultura de la socialdemocracia transformadora. Con capacidad de encuentro y acuerdo con las otras izquierdas y también con fuerzas nacionalistas que forman parte del diálogo necesario para compartir un territorio en común desde la diversidad. También se incluyen en esa socialdemocracia transformadora propuestas de cambio social como las que vienen defendiendo tanto los sindicatos de clase como otros actores de la izquierda sensata de este país. Revisemos uno a uno, una a una, las personas y las firmas del manifiesto “Por un gobierno de progreso” que reclamaban un acuerdo entre PSOE, Unidos Podemos y Ciudadanos: socialdemocracia en esencia pura.

Hoy sigue vacío ese espacio político. La actual (y provisional) dirección socialista parece renunciar al mismo con su gesto de dar paso a Rajoy. Podemos, por su parte, ha sabido trasladar la protesta social del “15m” al parlamento en forma de diputados. Pero es incapaz de transformar la movilización en una respuesta institucional de gobierno beneficiosa para la ciudadanía. Nadie ha podido o querido ofrecer y defender ese ámbito de representación. Seguimos a la espera de que cuajen las señales emitidas por distintos actores en momentos concretos que incluso podrían sumarse y confluir. Ya sea desde alguna de las formaciones existentes, lo que implicará cambios profundos en su seno, o bien desde una nueva propuesta política para la que hace falta capacidad de decisión e incluso atrevimiento no exento de riesgo. Hay abundante agua electoral en esa piscina. Pero la altura puede dar vértigo.

Tengo la impresión de que somos muchos “hijos únicos” los que compartimos esa orfandad política. Y también estoy convencido de que en realidad formamos una gran familia, con multitud de “hermanos”, que seguimos buscando una “mamá” en forma de socialdemocracia transformadora en torno a unos Pirineos más europeos que nunca. Pero vamos, igual es que soy muy raro. ¿Les he dicho que soy hijo único?

Un golpe al PSOE, un golpe a toda la izquierda

Héctor Maravall

Publicado en Nueva Tribuna el 29 de septiembre de 2016

http://www.nuevatribuna.es/opinion/hector-maravall/golpe-psoe-golpe-toda-izquierda/20160929111750132157.html

Las mujeres y los hombres progresistas de nuestro país no nos merecemos lo que esta pasando. Ya sé que este no es un argumento político, sino moral o psicológico, pero es cierto.

Tras cuatro años de políticas regresivas en todos los ámbitos, tras numerosas y generalizadas movilizaciones sociales, tras la irrupción de potentes fuerzas políticas con espíritu de renovación, regeneración y progreso, tras una ininterrumpida sucesión de escándalos de corrupción, tras el crecimiento de la población en riesgo de pobreza y a la vez el aumento de los millonarios, tras el agravamiento del conflicto independentista, etc. etc., parece que estamos abocados a un nuevo periodo, que puede ser largo, de gobierno del PP.

Una parte de los dirigentes del PSOE consideran que a la derecha española, la realmente existente no la alemana ni la belga ni la sueca, había que dejarla gobernar por nunca bien explicadas “razones de estado” y sobre todo defienden que los socialistas no podían mezclarse con esos “impresentables” de Podemos, los mismos que por cierto les han permitido gobernar en varias Comunidades Autónomas.

Y han orquestado un golpe palaciego, perfectamente diseñado desde hace meses, con el inestimable e incansable apoyo del Grupo Prisa. La conspiración ha ido dando pasos como extraídos de la lectura de Maquiavelo, hasta desembocar en la ofensiva final, encabezada por Felipe González y continuada con la dimisión en bloque.

Un golpe, insisto que no se le puede denominar de otra forma, para evitar un Comité Federal en el que podían quedar en minoría, unas primarias que podían perder y un Congreso extraordinario en el que los militantes posiblemente reafirmaran la línea política de Pedro Sánchez.

Para no dejar lugar a dudas, diré que no comparto muchas de las actuaciones de Pedro Sánchez. Creo que cometió errores de bulto en el anterior periodo, como abrir la negociación con Ciudadanos antes de hacerlo con Podemos o al menos simultáneamente; ha sido excesivamente tajante a la hora de no propiciar un acercamiento a Podemos, mas allá de que Pablo Iglesias cometiera a su vez nefastos errores a lo largo de la anterior y breve legislatura; no ha sido capaz de explorar vías de entendimiento con los nacionalistas vascos y catalanes, etc.

Pero lo que no se le puede negar a Pedro Sánchez es que hasta el día de hoy ha cumplido con los mandatos del Comité Federal de votar no a Rajoy y en esa actitud todo parece indicar que sintoniza con la mayoría de los militantes y votantes socialistas.

La situación es muy fluida y no me atrevería a pronosticar que va a pasar en los próximos días y semanas. Se han hecho y dicho cosas muy tremendas, sobre todo por el sector crítico y la experiencia nos dice (sobre todo a los que hemos vivido trágicas crisis en el PCE y en IU) que esas heridas no son fáciles ni rápidas de cicatrizar. Aunque en el pasado el PSOE salio bastante reforzado de situaciones muy conflictivas como el Congreso de Suresnes o el Congreso en que se derrotó la propuesta del abandono del marxismo, que obligó a Felipe a retirarse momentáneamente.

Ahora lo peor sería enzarzarse en una pelea jurídica. Porque lo que esta en juego es un enfrentamiento político. Es verdad que en este conflicto hay  un claro contenido de lucha por el poder, por el deseo de permanencia y de reafirmación de Pedro Sánchez, una rebelión de los barones que quieren mandar por encima de sus ámbitos respectivos  y una negativa a retirarse definitivamente de algunos dirigentes históricos. Pero hay también importantes diferencias políticas, que quizás Pedro Sánchez y su equipo (que no son precisamente gente muy curtida en batallas políticas ni de profunda formación ideológica)  no han sabido expresar bien hasta fechas muy recientes.

Esas diferencias políticas, reflejo de la crisis de identidad de la socialdemocracia europea y su escasa iniciativa ante la crisis económica y la crisis de construcción de la Unión Europea, deberían debatirse y clarificarse.

Esta claro que Pedro Sánchez y los que le apoyan apuestan por un gobierno progresista, pero tampoco han sido muy activos en avanzar hacia ese objetivo; bien sea porque se han sentido maniatados por los poderes fácticos del PSOE a la hora de negociar con Podemos, Ciudadanos y los nacionalistas, bien sea porque no confiaban demasiado en lograr esa ambiciosa apuesta. Han  perdido mucho tiempo, sobre todo en la anterior legislatura y es posible que no hayan sido conscientes que los dirigentes críticos estaban montando una conspiración en toda regla. Han pecado de ingenuidad y de miedo escénico ante un posible gobierno con Podemos.

Y ¿ahora qué? Pues o mucho se enderezan las cosas o Rajoy volverá a gobernar, bien a través de terceras elecciones, bien a través de la abstención de una parte de los diputados socialistas.

Termino, por ahora, con dos reflexiones.

En España no habrá gobierno de progreso sin la participación decisiva de los socialistas. La crisis o la decadencia del PSOE mantendría a la derecha en el gobierno por muchos años. Así pues es de interés común de todos los progresistas que el PSOE se recomponga y lo haga en torno a una política de izquierda moderada.

Por ultimo, la crisis del PSOE “ha venido estupendamente” para llevar a un segundo plano las fuertes tensiones internas de Podemos, que en buena medida tienen muchos aspectos similares en lo político y en lo orgánico. Por lo que haríamos muy bien la dirección y los que estamos en Podemos en aprender de la catástrofe socialista y evitar la deriva de enfrentamientos que en las ultimas semanas se han ido evidenciado; no se trata de cerrar en falso debates y diferencias, ya que son imprescindible para consolidar el partido, sino de evitar malas maneras y métodos.

El golpe dado al PSOE es un golpe dado a toda la izquierda y a las posibilidades de un gobierno de progreso. Creo que las hombres y mujeres progresistas tenemos que movilizarnos, cada cual donde pueda y decir a los dirigentes del PSOE y de Podemos, que por ahí no se puede seguir, que nos merecemos un gobierno alternativo y que esas direcciones deben negociar para lograrlo.

¿Pero dónde está la izquierda?

Héctor Maravall

Abogado

Publicado en http://www.nuevatribuna.es el día 11 de agosto de 2016

Es cierto que tras las elecciones del 26 J, en términos estrictos la legitimidad inicial para formar un nuevo gobierno le correspondía al PP y por ello puede ser  comprensible que el PSOE diera un paso atrás y reclamara a Rajoy que buscara alianzas suficientes para lograr su investidura.

Transcurridos mes y medio, a la vista de lo que esta pasando, o mejor dicho de lo que no está pasando, ese gesto de “cortesía constitucional” por parte de los socialistas, ha dejado de tener sentido. Por ello llama la atención la parálisis de Pedro Sánchez, sin duda influido por las tremendas presiones de sectores influyentes de su partido. Sánchez no se ha movido hacia ningún lado, ni hacia su derecha, Ciudadanos, ni hacia su izquierda, PODEMOS; tan solo hizo alguna declaración amistosa hacia los nacionalistas.

La recientes seis propuestas de Albert Rivera, demuestran además de la recuperación política y ágil cintura de este dirigente, que sí que había y hay margen para negociar un gobierno alternativo al de Rajoy. Las propuestas de Ciudadanos no solo son asumibles por la izquierda, sino que son claramente positivas y se pueden considerar de una u otra forma contenidas en los programas del PSOE y de PODEMOS.

¿Tan difícil era haber abierto una negociación con Ciudadanos por parte de la izquierda? sobre todo tras los avances logrados con el acuerdo en la anterior frustrada legislatura. Es cierto que en el pacto Ciudadanos-PSOE había puntos difícilmente asumibles por PODEMOS, que requerían cambios o supresiones y había silencios y omisiones que era necesario incluir.  Pero para eso están las negociaciones.

Si Pedro Sánchez ha estado bloqueado, Pablo Iglesias ha estado en buena medida desaparecido. En las primeras semanas tras el 26-J realizó diversas declaraciones y ofrecimientos al PSOE para diseñar un gobierno de progreso, pero ante el reiterado rechazo de los socialistas, da la impresión de haber desistido, retirándose por el momento de la batalla política.

A nadie se le oculta la dificultad de “cuadrar” un pacto PSOE, Ciudadanos, PODEMOS, por las cruzadas animadversiones existentes. Pero como quedó demostrado en las negociaciones tras las elecciones autonómicas y municipales, sí es posible llegar a acuerdos, al menos de investidura, entre fuerzas dispares del centro y de la izquierda.

Y ante las propuestas de Ciudadanos, ¿pueden el PSOE y PODEMOS  rechazarlas o no darse por aludidos sin despertar la sorpresa, incomprensión e indignación de la ciudadanía progresista de nuestro país?  Y viceversa, ante la eventualidad de que PODEMOS aceptara las propuestas de Ciudadanos, ¿podrían estos últimos seguir con la cerrazón de no querer saber nada con PODEMOS? Al menos habría que intentarlo. ¿Por qué esa suicida actitud de echar a Ciudadanos en brazos de la derecha?

La clave de un gobierno de progreso sigue estando en el PSOE. Si se presenta Pedro Sánchez en el Congreso aceptando las propuestas de Rivera, y su voluntad de retocar en mayor o menor medida el pasado pacto (con lo ya mencionado de realizar algunas supresiones, incorporaciones y cambios), veríamos la reacción de Ciudadanos y de PODEMOS. Lo tendrían muy, muy difícil, para oponerse a la investidura de Pedro Sánchez.

En definitiva no se encuentra explicación razonable para ese enrocamiento de la izquierda, salvo que se piense que tampoco es tan grave que haya un nuevo gobierno de Rajoy, que sería  mucho más débil política y parlamentariamente y podría sufrir un rápido desgaste, que en unas futuras elecciones ayudarían a la recuperación de la izquierda.

La otra explicación, sin duda impresentable, podría encontrarse en que “es mejor dejar a la derecha que siga haciendo ajustes del déficit y que no sea la izquierda quien asuma desde el gobierno ese papelón”; una cínica conclusión tras haber escarmentado en la cabeza de Syriza y Tsipras.

Frente a esos dos posibles argumentos, algunas reflexiones.

Desde posiciones de la izquierda no es admisible aceptar cómodamente que la derecha siga haciendo recortes que perjudican a la mayoría de la población y contentarnos con oponernos con manifestaciones y huelgas. Si realmente creemos que hay políticas alternativas para superar la crisis, tenemos que confiar en ser capaces de llevarlas a cabo.

En segundo lugar volvería a recordar las clarividentes palabras del político italiano Giulio Andreotti, de que desgasta mucho más la oposición que el gobierno, como hemos tenido ocasión de comprobar en la legislatura 2011-2015.

No debemos ser tan ilusos de creer que una nueva legislatura de Rajoy será corta y después volverá la izquierda triunfante. No descartemos que tras nuevos ajustes y la consolidación de la recuperación económica, tengamos PP para mucho tiempo. ¿O es que ya hemos olvidado los larguísimos años de Margaret Tatcher en Reino Unido y los destrozos, muchos de ellos irreparables, que causó a la sociedad inglesa y a su estado de bienestar social?

La sociedad española se juega demasiado y no es admisible que la falta de flexibilidad y de capacidad política de los partidos progresistas nos condene a seguir siendo gobernados por el PP.

Jaque al Brey

Publicado en Nueva Tribuna el 11 de agosto de 2016

http://www.nuevatribuna.es/opinion/jose-mendi/jaque-brey/20160811121321130816.html

Él nunca lo haría.  Esa exitosa campaña de protección a los animales define a la perfección lo que sería el comportamiento del PP en una situación similar a la que vivimos si el PSOE fuera el partido con más escaños. Y sería natural. No lo hizo con Pedro Sánchez en marzo y no lo haría con nadie a su izquierda. Es lógico y necesario para sus intereses, sus representados y su electorado. Que no son lo mismo. Lo del bien de España queda para la responsabilidad de los demás.

            La velocidad política de Rajoy es inversamente proporcional a la de sus carreras por el campo gallego. Las noticias de sus contactos para obtener una mayoría nos indican que las elecciones acaban de celebrarse y resulta que votamos cuando comenzaba el verano. Así que aunque nos atrevamos a asegurar que Don Mariano no se va a comer los turrones, nunca sabremos de qué año hablamos. Él sigue en funciones. Y seguirá porque no contempla la derrota. Es una característica, autoritaria, de una parte de la derecha que se apropia de lo fundamental en una sociedad. Parafraseando a Kissinger: “si controlas la economía serás dueño de la opinión y si te apoderas de la opinión tendrás el poder”. No olvidemos que Esperanza Aguirre perdió Madrid en unas elecciones y como no podía ser derrotada consiguió con “el Tamayazo” que se repitieran y así ganar.

            Pero la responsabilidad de que ocurra esto es, fundamentalmente, de la izquierda. Estamos acostumbrados a destacar estos planteamientos deterministas porque son una magnífica excusa para esquivar nuestra propia incumbencia en que esto siga siendo así. Tuvimos una excelente (aún no sabemos si única a corto plazo) ocasión de desalojar al PP de la Moncloa. Pero Podemos cometió un error estratégico gravísimo al creer que unas segundas elecciones le permitirían, al menos, superar al PSOE en escaños y hacerse con el “Grial” del “sorpasso”. De haber actuado con lógica, incluso de forma egoísta para el propio Pablo Iglesias, hoy sería presidente Pedro Sánchez con el apoyo de Ciudadanos y la abstención de Podemos. Todo el mundo estaría pendiente de su opinión y voto en cada movimiento parlamentario y el gobierno, de una forma u otra, siempre estaría en sus manos. Posiblemente no sería un gobierno revolucionario para la izquierda pero, dados los precedentes, sí para el país. ¿Recuerdan aquello de ganar primero la guerra para después hacer la revolución? Pues eso. Aunque para ser justos tampoco era imprescindible que el PSOE consumara un matrimonio “canónico” previo tan consagrado como el que se oficializó con Rivera. Hubiera sido suficiente, aunque necesario, un buen cortejo no excluyente. No es tiempo de lamentos ni de lanzarnos los errores unos contra otros, pero un correcto diagnóstico de por qué nos encontramos en la actual situación es la mejor forma de encontrar un acuerdo común que beneficie a la mayoría de la ciudadanía y también a la propia izquierda.

            Decíamos tras las elecciones de diciembre que correspondía al PP intentar la investidura y que sólo ante su fracaso o incapacidad debemos intentar explorar otras posibilidades. Eso sigue vigente hoy. Parece que Rajoy se acerca en estas últimas horas a los 169 escaños. Lo que quiere decir que la presión que ya ha sido capaz de hacer girar a Rivera para enfocar la entrada en Génova se va a redoblar contra el PSOE. Aquí debemos plantearnos algunas preguntas ¿La investidura es una cuestión política o matemática? Si estamos ante un límite numérico sin duda la cercanía de 169 a 176 es notable. Pero si hablamos de política ¿es Rajoy más progresista y el PP más honesto si le votan 169 diputados que si le votan 137? La respuesta es no. Esto nos lleva a una segunda cuestión, no menos importante, que se está formulando desde algunos sectores progresistas, exdirigentes y miembros de la dirección del PSOE para facilitar la investidura de Rajoy. Esto se haría a través de diversos mecanismos, más o menos enrevesados, como pueda ser la abstención de algunos diputados, su ausencia o misteriosa abducción. Aquí se nos plantea un auténtico sofisma: “la responsabilidad de permitir la investidura a Rajoy, máxime si este se presenta con un apoyo tan cercano a la mayoría absoluta”. Resulta curioso ver que, en el caso de que el PP hubiera tenido 176 escaños es decir mayoría absoluta, nadie desde una óptica progresista hubiera planteado su abstención siquiera. Pero si le falta un poco sí. ¿Alguien sabe cuánto es poco? La falta de 7 es poco. ¿Y 8? ¿Y 9? Podemos seguir hasta que diga el lector. La mejor respuesta ante una pregunta en forma de sofisma es una respuesta absurda. Esto me sirve para seguir ahondando en que el problema no es numérico sino político. Imaginemos que la “responsabilidad del PSOE ante los ciudadanos y la historia” por el bien de España y para evitar unas terceras elecciones es permitir la investidura del señor Rajoy Brey. Sin duda será un hecho halagado por muchos votantes (de la derecha),  por la mayoría de periódicos y por muchas personas de relevancia con rango de “ex” fundamentalmente. Así que Rajoy ya es Presidente del todo, vamos sin funciones. Ahora hay que gobernar. Tenemos que aprobar los presupuestos, techo de gasto y legislar con estabilidad durante cuatro años. Pregunta: ¿Los que defendían permitir con la abstención del PSOE la investidura y así evitar unas terceras elecciones qué sugieren que hagamos ahora? ¿Un voto habitualmente negativo como oposición o dejar gobernar? ¿Abstenerse para permitir la investidura de Rajoy era sólo para que hubiera presidente o para que hubiera gobierno? Me parece legítimo defender la gobernabilidad pero defender la “investibilidad” no tiene sentido. Si queremos un gobierno queremos un gobierno estable y eso nos lleva a un “pacto de gobernabilidad” sea como gobierno de coalición, en minoría o con pactos de presupuestos o legislatura. Si sólo queremos un Presidente para luego ejercer como oposición estamos apostando por la inestabilidad gracias a la “investibilidad”, lo que demostraría la incoherencia de quienes quieren ser oposición contra un Presidente al que le facilitan la silla pero no el gobierno. Es decir no es posible facilitar la presidencia a Rajoy sin caer, por activa o por pasiva, en un pacto de gobernabilidad. Esa es la trampa que está tendida, para Pedro Sánchez en particular y para el PSOE en general, si ceden a las presiones de cambiar la opción que ha permitido al líder socialista ser, todavía, la fuerza mayoritaria de la izquierda. El más mínimo movimiento del PSOE en favor de Rajoy es, a su vez, el mayor deseo de Pablo Iglesias para recuperar el terreno perdido en las elecciones de junio. Ya que el “sorpasso” al PSOE sólo lo puede conseguir el propio PSOE. De eso sus compañeros griegos saben mucho.

            Don Mariano puede conseguir esos, muchos o pocos, 7 diputados que le den la estabilidad y la mayoría de gobernabilidad. Ya los tuvo para la presidencia del Congreso. Incluso le sobraron. Es verdad que se han cruzado las elecciones vascas, gallegas y la compleja situación de Cataluña con la moción de confianza de su presidente que se debatirá a la vuelta del verano. Pero cada fuerza política asume su responsabilidad en cada momento. No debemos sufrir si la ex CiU o el PNV le dan su apoyo al PP. Aunque me da la sensación de que Rajoy no ha hecho muchos amigos por esas tierras y el “pasteleo” del apoyo de los nacionalistas a los populares para la Mesa del Congreso no ha terminado muy bien. Por otra parte quizás los conservadores catalanes y vascos pudieran apoyar o dejar pasar al PP. Pero nunca a Ciudadanos. Y el posible apoyo de Rivera al actual inquilino de la Moncloa finiquita cualquier resquicio visible de esos partidos a su mayor adversario, y casi enemigo, que no es la derecha sino el centralismo del partido naranja. No veo otros apoyos que fueran más allá de un escaño canario. Así que faltan muchos escaños, siete. Porque si deben venir del PSOE la distancia entre 169 y 176 es abismal. Tanta como la que lleva consigo cada papeleta de un hombre y mujer que votaron socialista con respecto a la de quienes por convicción y derecho votaron a un partido imputado como es el PP. Constatada esa distancia insalvable en un debate de investidura gracias al “no” de la izquierda, el candidato Rajoy sería derrotado, tanto si comparece a dicha sesión como si se declara en “rebeldía”. Y sólo en ese caso, sería el momento de explorar otras alternativas antes de acudir a unas nuevas elecciones.

            Aquí ya podemos observar algunos de los aprendizajes que ha tenido la izquierda desde las elecciones de junio. En primer lugar, que en buena parte de quienes defendieron la abstención de Podemos y la incompatibilidad de Ciudadanos con un acuerdo de progreso con el PSOE y el grupo encabezado por Pablo Iglesias, esa “línea roja” ya ha desaparecido de sus condicionantes y el partido de Rivera es aceptado ahora como “animal de compañía política”. Desde Espacio Abierto, un colectivo en el que nos encontramos miembros y votantes del PSOE, Podemos e IU, lo tuvimos claro desde diciembre del pasado año. Protagonizamos el primer planteamiento público tras las elecciones de junio en el que defendíamos un acuerdo entre PSOE, Ciudadanos y Podemos-UP para formular una alternativa en el caso de que Rajoy fracasara o eludiera la investidura. Más tarde se han ido sumando gentes (algunos con cargos orgánicos en la dirección socialista) y colectivos de dentro y fuera del PSOE, Compromís, Izquierda Abierta, Izquierda Socialista, el Foro 26-J y políticos, intelectuales y activistas como los que suscribían el manifiesto publicado en prensa el pasado 28 de julio. Ya sólo la suma y el encuentro común de los grupos y personas enunciados en estas líneas implican un compromiso muy amplio y notable de la izquierda española en favor de un cambio. Lo hacemos comprometiéndonos en favor de una alternativa no excluyente en la que prime el beneficio de una mayoría ciudadana y electoral que deje atrás la etapa negra de Rajoy, que es también la del retroceso económico, social y de la corrupción protagonizada por el PP. Para eso es imprescindible mantener las posiciones en esta partida, algo que acaba de valorar muy positivamente el CIS para el PSOE, y que exige no abandonar sólo porque el rival pueda tener más peones. Nuestras piezas son más valiosas. Debemos y podemos dar un jaque al Brey.

José Francisco Mendi

Psicólogo y miembro del colectivo Espacio Abierto

La necesidad de cambio es imprescindible y posible

RESOLUCIÓN DE ESPACIO ABIERTO TRAS LAS ELECCIONES DEL 26 DE JUNIO

Las elecciones del 26 de junio han supuesto un fortalecimiento del PP que, por desgracia, nos ha dado la razón cuando defendimos en diciembre del pasado año la necesidad de articular un gobierno de progreso que presidiera Pedro Sánchez, al negarse Podemos a facilitar su investidura tras el pacto suscrito entre PSOE y Ciudadanos.

                Los resultados son buenos para el PP que sube en votos y en escaños con respecto a las pasadas elecciones aunque se encuentra muy lejos de sus mejores resultados y, por supuesto de la mayoría absoluta que obtuvo en el año 2011. Podemos sufre un fuerte retroceso ya que no rentabiliza su coalición con IU, pierde más de un millón de votos y se limita a sumar sus escaños de diciembre a los dos que ya obtuvo la formación de Garzón hace seis meses. Su objetivo interno de adelantar al PSOE se convierte en un fracaso político y numérico que ha perjudicado al conjunto de la izquierda. Por último Ciudadanos retrocede en votos, porcentaje y escaños y no suma, aunque es imprescindible, para respaldar tanto un gobierno del PP como un gobierno de cambio.

                El PSOE pierde 5 escaños aunque sube en porcentaje de voto con respecto a diciembre y resiste muy bien gracias a que ha consolidado un mensaje y una opción de izquierda que han premiado sus votantes al negarse a pactar con Rajoy. Ahora bien, la disminución tanto en voto absoluto como en representación ante las Cortes Generales constituyen un resultado que además de negativo es preocupante, ya que persiste una tendencia a la baja desde las últimas consultas que es relativamente homogénea, tanto en territorios como en la diferente capacidad de gobierno del PSOE en diversas comunidades autónomas.

                               En esta situación Mariano Rajoy está más obligado si cabe, para intentar formar gobierno y por lo tanto debe acudir al Congreso para visualizar la mayoría real de la que dispone y si ésta le permite seguir desarrollando sus políticas conservadoras desde el Ejecutivo.

                Si el actual presidente en funciones fracasa y es incapaz de someterse o lograr la investidura, el PSOE debe intentar conformar un gobierno de cambio que presida Pedro Sánchez manteniendo el discurso y el programa de su investidura del pasado mes de marzo.

                La necesidad de un cambio en España debería llevar a un apoyo tanto por parte de Ciudadanos como de Podemos de esa posible candidatura de Pedro Sánchez, al menos con un respaldo a su elección como Presidente. A partir de ahí se debería conformar un gobierno en minoría de cambio y progreso con respaldo de personas tanto independientes como de la izquierda que pusiera en marcha una política de emergencia social para la recuperación de la economía y el empleo, la revitalización de los derechos sociales, la regeneración democrática, la lucha contra la corrupción y el acceso a una RTVE plural y profesional.

                Por último, y no menos importante, la izquierda, y en particular la socialdemocracia, debe encarar un proceso de profunda refundación para concretar una nueva propuesta para la ciudadanía que no se ciña al reiterado debate de liderazgos. El problema es más profundo y más global. Afecta a toda la izquierda pero se agudiza especialmente en las formaciones que, como el PSOE, representan un espacio de progreso que ha estado sometido a las presiones políticas y económicas de la derecha a las que, en muchas ocasiones, no ha sabido dar una respuesta satisfactoria para los intereses de una mayoría. El futuro de la socialdemocracia en España y en Europa requiere de un debate sin “líneas rojas” para acercarse de nuevo a las personas con una propuesta de futuro, que tenga capacidad de gestión y gobierno, y que recupere la identificación entre las necesidades de representación ciudadana, la recuperación e impulso de los derechos sociales y laborales que consolidaron las fuerzas socialdemócratas del continente europeo, las políticas de igualdad y la no discriminación. Y todo ello debe concretarse en un sistema político democrático social y globalizado a la vez, en Red, y que cuente como premisa básica con la defensa del medio ambiente. Un modelo que desde los cimientos de la socialdemocracia tradicional, y con sus fundamentos, dé paso a una “eurodemocracia social”.

29 de junio de 2016

Espacio Abierto