La política de alianzas en la izquierda

Héctor Maravall

La participación “especial” en la Conferencia Política del PSOE de quienes hemos firmado la Carta abierta dirigida a los asistentes a la misma, ha tenido ya un claro efecto positivo. Ha sido una piedra lanzada al aparentemente tranquilo estanque de quienes se sitúan a la izquierda de los socialistas y ha revuelto las aguas propiciando un debate interesante y sobre todo clarificador de algunas posiciones que estaban soterradas. Se resumen en qué tipo de relación se debe mantener entre esa izquierda plural y el PSOE, si de ignorancia pasiva, exclusión activa, de colaboración, o incluso de “muleta o lavado de cara mediático”.

 Con la sana intención de avanzar en ese debate, creo que seria conveniente ir aclarando algunos conceptos básicos, distinguiendo  tres propuestas diferentes aunque no radicalmente excluyentes.

 La Alianza electoral es un planteamiento centrado inicialmente en el proceso electoral. Pactar un programa, pactar unas listas, hacer una campaña común y tras las elecciones y en función de los resultados del conjunto de las fuerzas políticas, ya se vera. Es lo que Izquierda Abierta denomina Frente Amplio de Izquierdas y desde IU, Equo, ICV o los sectores genéricamente referenciados en el 15-M, se esta propiciando con diversas formulas y denominaciones. Izquierda Abierta y una parte de IU dicen que en ese camino no tiene cabida el PSOE por sus errores y política pasada y hasta hoy no corregida, al menos suficientemente. Al margen de la dosis sectaria y algo patética que esta posición podría tener, yo diría que “no excluye el que quiere, sino el que puede”.

 En mi opinión seria un error estratégico que el PSOE se sumara a una Alianza electoral de estas características, equivocación que estoy seguro que no va a cometer ni de lejos. El PSOE lo que tiene que hacer es recuperar en la medida de lo posible su tradicional electorado de izquierdas y también el electorado de centro moderado, arrancándolo de la abstención o del PP y disputándoselo a UPyD. Es la única manera de que el PSOE y el resto de la izquierda, puedan convertirse en una opción real de gobierno en la sociedad española.

 La segunda cuestión es el Pacto parlamentario de legislatura, con formulas mas o menos explicitas, reguladas y estables. Procedimiento  ya utilizado por el PSOE en 1993 con CIU y PNV y en 2004 con IU y ERC. Les permite a los socialistas gobernar, aprobar presupuestos y leyes, pero ha tenido y tiene el inconveniente, una vez conseguida la investidura de un Presidente/a de gobierno del PSOE, de luego relajar en buena medida los compromisos de legislatura. Eso es lo que sucedió en el primer gobierno de Rodríguez Zapatero, en el que con el estimulo, presión y apoyo de IU y ERC, se sacaron adelante la ley de atención a la dependencia,  leyes de derechos civiles muy positivas y unos presupuestos moderadamente sociales. Pero no se evitaron contrarreformas fiscales y no se consiguió la fundamental reforma de la ley electoral. Y sobre todo fue “una cruz”, y se bien de lo que hablo, el día a día de ese inestable y desequilibrado Pacto parlamentario de legislatura. Desconozco si el PSOE ofreció a IU y ERC otras formulas de colaboración, pero el acuerdo de 2004, a pesar de sus logros, no es el modelo a seguir, como tampoco lo ha sido el modelo de relación entre IU y PSOE en Asturias en la actual legislatura.

 Y por último esta el Gobierno de coalición. Camino que no es fácil en su explicación al electorado propio, sobre todo si en campaña se ha echado excesiva leña al fuego del anti-PSOE, ni es fácil en su ejecución  en el día a día a lo largo de cuatro años. Gobierno de coalición para cuyo éxito se requieren dos condiciones y un talante. La primera condición es lograr la máxima fortaleza electoral posible de IU; cuantos mas diputados/as tenga IU mas equilibrada será la coalición y mas decisivas las áreas de gobierno conseguidas por IU y viceversa. La segunda, sin duda vinculada a la primera, es pactar sin precipitaciones y con el mayor detalle posible el programa de gobierno (recuerdo otra vez lo que esta sucediendo en Alemania en las negociaciones de la CDU-CSU con el SPD). Y en relación al talante, en mi opinión es necesario asumir por ambas partes la cultura de la lealtad de socios de gobierno compartido, evitando y no será fácil para el PSOE, el afán de protagonismo y capitalización de los logros,  ni tampoco será cómodo para IU el evitar  estar todo el día justificándose ante los sectores mas radicales del electorado o de los militantes o estar con cara de estar tragando sapos. A este respecto, el Tripartito no lo hizo bien en Cataluña y en cambio  Valderas en Andalucía lo esta haciendo bien.

Tenemos ejemplos de experiencias positivas de gobiernos de coalicion, aunque de diverso calado. En Asturias y en Baleares en el pasado  y sobre todo en Andalucía en la actualidad. Es evidente que no es lo mismo un gobierno autonómico que el gobierno estatal, en que las cosas serán mucho más difíciles y complejas, pero se trata de ir trabajando en esa perspectiva desde ahora.

Y queda lo de “la muleta” y “el lavado de cara”. Me molesta que se sigan diciendo esas cosas de gente que llevamos en la izquierda de la izquierda desde hace muchísimos años y que de una u otra forma hubiéramos encontrado salidas personales si hubiéramos querido. Como también me resulta poco razonable que la libre decisión de irse a otro partido democrático, si es que alguien piensa en ello, sea una calificado como una “traición”, sobre todo cuando no arramplas con el escaño. Pero dicho esto,  tres observaciones.

 Comprendo, mas de lo que ellos creen, a mis compañeros y amigos de IU o de Iab. que están  mosqueados con los firmantes de la Carta. Hay demasiados antecedentes de personas y grupos que utilizaron el argumento de la necesaria colaboración con el PSOE  y terminaron integrándose en este partido, aunque no todos, ni mucho menos, lo hicimos. Pero también cabria preguntarse a este respecto si no hicimos tan incomoda su estancia en el PCE o e IU que facilitamos su salida hacia las filas socialistas (por no hablar del “empujón” que le dimos a Inés Sabanes para que se largara a Equo).

Pero lo que más me importa subrayar es si la firma de la Carta y nuestra presencia en la Conferencia del PSOE, debilita, más o menos, a IU y refuerza mediaticamente a los socialistas. Es evidente que el conglomerado PRISA, que nunca se ha distinguido por su simpatía por IU, va a poner su granito de arena en esa dirección; como también van aprovechar la coyuntura, con mayor o menor fortuna, los actuales dirigentes del PSOE como muestra de su aperturismo, tontos serian si no lo hicieran, aunque yo personalmente preferiría que fueran muy cuidadosos al respecto. Pero que IU o Iab, a través de algunos de sus militantes o simpatizantes, den una imagen de colaboración con el PSOE, mas allá del cabreo sectario de una parte de las bases mas radicalmente antisocialistas, debería ser rentabilizado por Cayo Lara y Gaspar Llamazares, como una muestra del talante unitario y abierto de sus organizaciones. Si se supiera y quisiera aprovechar esta voluntad unitaria, que desea y espera buena parte del electorado progresista, seguro que seria  una vía de fortalecimiento. Posiblemente perderíamos algunos votantes por el lado de la extrema izquierda, pero los ganaríamos con creces por el lado de la amplia izquierda dialogante, unitaria, desanimada, pesimista, que en todas las encuestas se manifiesta partidaria de la unidad de la izquierda, entendida básicamente como PSOE  e IU.

 Cayo Lara y Gaspar Llamazares tendrán que aclarar si lo que quieren es formar un grupo parlamentario de 15, 20, 25 o hasta 30 diputados, que den la vara y sean la referencia testimonial de la izquierda incontaminada en las Cortes o si realmente quieren influir e intervenir en el cambio de la realidad. Los firmantes de la Carta creo que lo tenemos claro, lo que no quiere decir, ni mucho menos, que el éxito este garantizado. Entre otras cosas porque aun no hemos cazado la piel del oso y hay síntomas de su recuperación y del estancamiento de las izquierdas, incluida IU. 

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