EL COLECTIVO ESPACIO ABIERTO APRUEBA SU PLAN DE TRABAJO UNITARIO EN LA IZQUIERDA

Consolida y amplía su estructura dotándose de una coordinación y dirección del grupo

 

(Madrid, 19 de diciembre de 2013). El colectivo Espacio Abierto acordó ayer, en una reunión celebrada en Madrid, el documento marco de trabajo para seguir impulsando los espacios de encuentro unitario en la izquierda. En este encuentro se ha valorado de forma positiva el importante revulsivo político que ha supuesto para la izquierda la “Carta abierta a la Conferencia Política del PSOE” que suscribimos algunos de los integrantes de este grupo junto a personalidades de la sociedad civil como Pilar del Río, José Carrillo o Baltasar Garzón.

El colectivo Espacio Abierto – compuesto por personas comprometidas con distintos partidos, organizaciones políticas y sociales de la izquierda- ha acordado constituirse formalmente como una asociación que facilite – de forma muy flexible y preservando la pluralidad de sus asociados – la creación de un punto de encuentro transversal de la izquierda. Con esta decisión, Espacio Abierto pretende convertirse en un espacio de debate y encuentro de todas las personas que compartan la imperiosa necesidad de construir una alternativa de izquierda para nuestro país

 

El grupo promotor inicial de la asociación Espacio Abierto está constituido, entre otras personas, por Rubén Fernández (Organización), Mariano Santiso (Coordinación grupo y comunicación) José Mendi (Área Política), Teresa Martínez (Área de Mayores y Dependencia), Héctor Maravall (Área Social), Manuel González (Área Derechos y Libertades)  y Pedro Antonio Ríos (Área de Administración Pública).

 

En el documento, que se adjunta en su totalidad, se refuerza nuestro compromiso unitario de trabajo en la izquierda para conseguir la derrota democrática de la derecha: “debemos, y queremos, contar con lo que significa la social democracia en España y en Europa para sumar fuerzas de cambio ante el retroceso en todos los ámbitos que está imponiendo la derecha del Partido Popular”.

Tras la celebración de la Conferencia Política del PSOE hemos visto cómo se han aprobado y asumido buena parte de nuestras propuestas. Ahora llega el momento de trasladarlas a la sociedad y ponerlas en marcha. En este punto podremos comprobar la capacidad, y la voluntad real, de la social democracia para asumir errores en su etapa del pasado reciente y adaptar su programa y sus compromisos de gobierno con un partido mucho más identificado con las propuestas de izquierda que con los devaneos neoliberales de algunos de sus dirigentes.

Una nueva mayoría de la izquierda sólo puede ser fruto de la convergencia entre la calle y las instituciones democráticas. Por ello el diálogo en la izquierda no puede basarse sólo en gobiernos compartidos que apoyamos. Es necesario que avancemos más allá de las meras alianzas en los ejecutivos, para hablar de objetivos comunes con la ciudadanía y los movimientos sociales. Y hacerlo con su lenguaje y, sobre todo, con sus necesidades.

 

Sin duda hay propuestas que se aprobaron en la pasada Conferencia del PSOE, que pueden tener una enorme importancia para la política española. Entre las que destacamos la propuesta de organización federal del estado formulada en el encuentro de Granada y el compromiso de promover cambios en la Constitución de 1978 en diversos ámbitos. También confiamos en que la propuesta de celebrar primarias abiertas no sea vista en clave interna, ya que abre una dinámica en la sociedad española que tendrá consecuencias muy importantes tanto para el PSOE como para el resto de los partidos.

Consideramos igualmente imprescindible la colaboración y el debate con IU, ICV, Equo o Izquierda Abierta y con otras fuerzas de la izquierda nacionalista o de ámbito progresista autonómico, como organizaciones decisivas de la izquierda transformadora y sin cuyo apoyo no será  posible conseguir una alternativa de progreso ni en el gobierno del Estado, ni en la mayoría de las Comunidades Autónomas y Ayuntamientos.

Espacio Abierto va a intervenir de forma estable y permanente en este y otros debates. Y para eso nos consolidamos como una plataforma de colaboración y encuentro con vocación de acción y ampliación a cuantas personas simpaticen con nuestras propuestas. Un espacio que trabaje y coopere en la elaboración de objetivos comunes de cambio en la izquierda- no sólo entre los partidos- para fomentar el diálogo y la convergencia.

Doce propuestas sin piedad con la derecha

Publicado en Infolibre

 

Tras la celebración de la Conferencia Política del PSOE se ha consolidado una cierta expectativa sobre el futuro de la socialdemocracia y la necesidad de confirmar las conclusiones de este debate con la realidad del partido y, sobre todo, con su cumplimiento desde las instituciones. El escepticismo no sólo es lógico sino que se convierte en la sensación más positiva que se puede observar al respecto si lo comparamos con otras más extendidas y negativas de repudio a la dualidad “PPPSOE”. Hoy la percepción social de este partido está más ligada a su vinculación al sistema y sus defectos que a la posibilidad de elaborar una alternativa.

La propia pugna entre las izquierdas es una buena muestra de la dificultad  estratégica que hoy subsiste para abrir nuevos caminos de encuentro entre los progresistas. Asistimos a una lucha más visceral que ideológica sobre la colaboración plural en la izquierda. De un lado están quienes ven, y quieren ver, al PSOE como un enemigo más del sistema hacia el que reiteradamente lo centrifugan.  Y como dicho sistema es bipartidista nos llevan a la conclusión de que esta formación política es una parte indisoluble de la propia derecha. Afirmación que transforma un círculo vicioso en un sofisma de la política para un amplio sector de la izquierda. Por el contrario también observamos el temor de quienes se han parapetado en la socialdemocracia, para ejercer mero liberalismo, y a los que el vértigo a una tendencia centrípeta del PSOE hacia la izquierda no sólo les desautorizaría el pasado sino que pondría en riesgo su futuro como esteticistas de los mercados.

El actual PSOE no tiene posibilidad de recuperar la credibilidad si no se aleja del bipartidismo y para eso necesita acometer profundas reformas, todas necesarias y ninguna suficiente por sí sola, para volver a conectar con la ciudadanía. El lema de la Conferencia, “conectamos” era bueno. Pero el resultado está por ver y por llegar. De momento, al otro lado, hay muy poca gente dispuesta a conectar. Así que de poco o nada servirán las llamadas robotizadas que ni siquiera tendrán opción de identificarse antes de que sean cortadas por los supuestos interlocutores, con una mezcla de hastío y enfado. Es cierto que al menos se ha conseguido un efecto positivo tras el cónclave socialista. Algo se ha oído, que no escuchado todavía, y hay una cierta expectativa sobre lo va a suponer en la práctica el camino emprendido hacia las próximas elecciones generales. La historia y los hechos no ayudan. La realidad y la necesidad sí. Entre estas dos afirmaciones se juega el futuro de la socialdemocracia en España y en Europa. Ahora la decisión es suya. Pero también es nuestra. De todos los que necesitamos una izquierda fuerte pero plural, diversa pero unida, para derrotar a la derecha. Esto sólo será posible desde la colaboración entre la socialdemocracia y el resto de las izquierdas transformadoras, nacionalistas y ecologistas respetándose mutuamente sus propios espacios políticos, sociales y electorales.

Pero quizás podamos comenzar por el principio. Proponiendo una serie de líneas de trabajo que engloben análisis, soluciones y propuestas para que sepamos  dar respuestas a los que hoy nos interrogan con su abstención indignada y su alejamiento activo de la política, que no de la participación. Estas podrían ser sólo algunas de las más importantes y urgentes:

1/ España está dejando de ser bipartidista pero sigue siendo bipolar. En líneas generales se mantienen en el transcurso de todas las elecciones los dos grandes bloques históricos de conservadores y progresistas. La polarización política no tiene hoy la misma correlación bipartidista ya que el desapego partidario afecta a toda la izquierda. El previsible ascenso electoral de la izquierda a la izquierda del PSOE se consolida en porcentaje, y no en voto directo, al incrementarse fuertemente la abstención. Nadie recoge la frustración y la indignación. Esa izquierda sigue expectante, escaldada del pasado, poco convencida del presente y escéptica con el futuro. El rechazo a la derecha es muy superior al rechazo de la política y los partidos, pero la graduación en ambas se ha ido aproximando en los últimos dos años. La importancia sociológica del eje horizontal de las abscisas, izquierda-derecha, pierde protagonismo frente al eje de las ordenadas, en vertical, que refleja la percepción de cercanía y lejanía de la política y los partidos con la ciudadanía. La formación que resuelva y ajuste ese modelo tridimensional a su propuesta y sea capaz de hacerlo con una transparencia de calidad en definición 4k (ultra alta definición) tiene muchas posibilidades de atraer ese bloque social hacia las urnas para que les dé su voto.

2/ No pasa nada por pedir perdón y reconocer los errores del pasado. Puede ser el inicio para recuperar una buena amistad. Los gobiernos y los partidos pierden la confianza y luego el voto, no por lo que hacen sino por lo que no dicen. Es mejor una mala verdad que una buena mentira.

3/ La confrontación en la izquierda no tiene nada que ver con la ciudadanía progresista. Nuestro objetivo es la derrota urgente y democrática del PP. Ahora se trata de desalojar a la derecha del poder sin tener que hacer primero la revolución en la izquierda

4/ El PSOE ha transformado su percepción social de partido de Gobierno a partido de Estado. Ni es lo mismo, ni es bueno. Se necesita un partido de la ciudadanía con vocación y capacidad de gobierno.

5/ Parafraseando la película de Woody Allen: “Conocerás al partido de tus sueños”. Para que se me entienda mejor, la relación de los partidos, y en particular del PSOE, con el 15M no puede conducir a la búsqueda de su juventud perdida. No podemos ni debemos ser como ellos, ni ser ellos y ni siquiera los representamos. Sólo escuchemos y aprendamos su lenguaje. Si lo atendemos y sobre todo, lo entendemos, podremos discutir, disentir y acordar lo razonable. Si ni siquiera hablamos el mismo idioma, la abstención y el rechazo serán su respuesta.

6/ La gente necesita soluciones, no ideología: las respuestas que demos estarán cargadas de ideología si son útiles para la ciudadanía.

7/ No tenemos que acercarnos a la gente. Somos la gente. Y si no votan, no somos su gente. No tenemos un problema de comunicación con la ciudadanía. La cuestión es más grave y previa: saber si hay alguien al otro lado para comunicar

8/ No queremos recuperar el poder, queremos recuperar nuestros derechos.

9/ Para empezar necesitamos un programa de gobierno común de la izquierda cocinado por Ferrán Adrià: “la deconstrucción de Rajoy o cómo recuperar treinta años de nuestra vida en una sola sesión de consejo de ministros”.

10/ Ser participativo y conectivo es ser revolucionario, pero ser revolucionario no garantiza ser participativo. Una participación abierta y directa de la ciudadanía que complemente una estructura institucional representativa es necesaria, aunque no suficiente, para el cambio. Las elecciones primarias, abiertas a la ciudadanía, de las candidaturas electorales deben implicar un cambio en la política de los partidos tal y como la hemos conocido hasta la fecha. Es una medida necesaria, activadora y motivadora, pero no suficiente. Debemos favorecer que personas ajenas a la propia militancia puedan ser candidatos apoyados y avalados desde fuera y desde dentro de las estructuras partidarias. Por otra parte el poder no debe conllevar prebendas. Sólo la capacidad de ejercerlo con igualdad de oportunidades por cualquier ciudadano. El PP está liquidando nuestra calidad democrática a base de demagogia totalitaria y populista con la excusa del ahorro. No es problema de salarios en quienes se dedican a lo público sino de racionalidad y mucha, mucha transparencia. Todo lo público en web. Contemos lo que hacemos, cómo lo hacemos, para qué y cuánto cuesta.

11/ Para estar conectados hay que ser valientes en Red y no sólo parecerlo. No podemos contentar a todos pero, puestos a elegir, contentemos a los hijos de los nuestros para que sean los nuestros de sus hijos. Defendamos una Wi-Fi básica gratis y afrontemos un giro radical en la legislación en Red. Para las izquierdas tradicionales puede ser más fácil defender la república o la ruptura de los acuerdos con la “Santa Sede”. Pero hoy es más revolucionario, y sobre todo más participativo, que sepamos acercarnos a las nuevas generaciones resolviendo sus problemas, no los nuestros. La Red no se divide entre piratas y gente de bien sino entre quien gana dinero aprovechándose de los demás y quienes comparten sin ánimo de lucro. No les tratemos igual.

12/ Un cambio radical con vértigo y con recompensa. ¿Hasta dónde queremos llegar? ¿Hasta dónde podemos? Fijemos un camino de objetivos razonables para grandes metas. Como dice la conocida frase de referencia, las utopías son como las estrellas, nunca las alcanzamos, pero guían nuestro camino. Ahí fuera hay mucha gente a la que le va a interesar este nuevo camino hacia la participación. Pero aún no lo saben y ni siquiera quieren escucharlo. La credibilidad no nos la devolverán graciosamente. La ganaremos con lo que hagamos y digamos cada día. La política tradicional del pasado y de la transición ha cambiado. También la barrera entre representantes y representados, que debe ser más cercana y real que la relación caduca entre una militancia en extinción y los partidos-aparato. O con unos votantes que ya no son fijos-discontinuos de carácter cuatrienal. No busquemos nuevos políticos. Queremos ciudadanos que intervengan en la política.

José Francisco Mendi

10 de diciembre de 2013

¿Un próximo Gobierno de izquierda?

 

Manuel Sánchez

Publicado en diario.es

Un amigo me dijo ayer que el próximo presidente del Gobierno será del PSOE. Y, posiblemente, no le falte razón. Todo apunta a que las fuerzas de izquierda serán mayoritarias en el próximo Parlamento que se conforme, dicho con toda la prudencia sobre lo que decidan finalmente los ciudadanos en las urnas en el otoño de 2015, y contando con mi margen de equivocación.

Pero el PSOE, lo sabe, no podrá gobernar solo, si es que finalmente puede hacerlo. Tendrá que configurar un puzzle complicado, casi imposible, donde deberá unir a todas las fuerzas de izquierda parlamentarias, con muy distinto perfil. Se antoja sumar a IU-ICV que, según apuntan todas las encuestas, pasarán de ser una patera a una lancha rápida, con mucha presencia política y poder de decisión. Será clave.

Y, posiblemente, también deberá contar con ERC que, todo indica, llegará al Congreso en el 2015 con más diputados que CiU. Y, finalmente, recoger los restos que pueden ser claves, del BNG, NaBai y…. hasta Amaiur (puede ser más decisiva de lo que se piensa, según las últimas encuestas).

La sociedad española, según los sondeos históricos del CIS, siempre ha añorado un Gobierno de izquierda, que nunca se ha dado en la democracia española en 35 años. La coalición preferida para gobernar por los españoles fue, durante muchos años, la de PSOE-IU. Pero nunca fue posible. Zapatero hizo un sucedáneo entre 2004 y 2008, pero más buscando la  estabilidad parlamentaria que en una fórmula de Gobierno conjunto, y jamás se planteó incluir a IU en su Ejecutivo.

Todo apunta a que en 2015 se puede abrir esa puerta. Ese deseo de muchos ciudadanos de que IU arrastre al PSOE a “ser más valiente” en muchos temas donde siempre da un paso atras cuando gobierna -no son pocos los que piensan que el PSOE no es de izquierda-, pero también de otros muchos que, simpatizando y votando a IU, se encuentran más cómodos si la coalición de izquierda abandona sus postulados máximos.

En la democracia española, en sus 35 años de Constitución que se conmemoran este viernes, ha gobernado UCD con el apoyo de AP, el PSOE con mayoría absoluta durante más de 13 años, luego en el PP con los nacionalistas y, más tarde, con mayoría absolutísima. Después volvió el PSOE con apaños parlamentarios y, en esta legislatura, una nueva mayoría absoluta del PP sin complejos.

El experimento de un Gobierno de izquierda no está probado en todo el periodo democrático. Aunque será difícil que se concrete y, a buen seguro, tendrá problemas internos en los dos partidos, donde habrá críticas, discrepancias y tensiones.

Pero yo apuesto a que la próxima legislatura puede darse un Gobierno de izquierda, al estilo de Andalucía, con un poco de cesión en sus postulados por las dos partes y, sobre todo, para impedir que el PP siga en el Gobierno. Al tiempo. Me gusta apostar.

PSOE, socialismo utópico y energía política

Ignacio Muro | Economista. Profesor Universidad Carlos III

Publicado en Nueva Tribuna

Una izquierda necesitada de utopías observaría con sorpresa que una persona de la entidad humana y coherencia política de Vázquez Montalban, del que celebramos los 10 años de su defunción, se presentara en vida como “socialista científico” una denominación que Engels, en 1876, la utilizara en oposición a la del “socialista utópico”.

El rechazo a lo utópico no era entonces ni ahora rechazo a la transformación social, sino todo lo contrario. Era la oposición a un idealismo buenista que pensaba que basta con desear  la verdad, la razón y la justicia “para que por su propia virtud conquiste el mundo”. También es idealismo creer “que el PSOE ha vuelto” como una alternativa sólida por el mero hecho de consensuar algunas medidas reformistas, por muy adecuadas que sean, en un documento. Se necesita algo más para evitar lo que empieza a ser habitual: las sucesivas frustraciones que genera la izquierda cuando accede al gobierno en Francia, Grecia, Italia o España en una coyuntura como la actual.

Felipe dijo en 1993 que “he tomado nota de los mensajes de los electores” pero no las tomó,  Zapatero se presentó en 2004 con un “no os defraudaré” pero defraudó. Elena Valenciano, acaba de decir en la Conferencia Política que “entendimos el mensaje, nunca podrá volver a tocarse a los más débiles”. Demasiadas disculpas.

Decía Soledad Gallego que era necesario convertir las 385 páginas del texto debatido en la Conferencia Política del PSOE en un “dificilísimo discurso de 10 minutos en el que llegue a un diagnóstico radical de lo ocurrido y a una propuesta sustancial de compromisos políticos”. Efectivamente: una declaración extensa “que recoja todo” puede hacer las veces de dibujo utópico de la realidad. Tiene de atractivo que permite modelizar el armazón de las políticas públicas de izquierda, anticipar la coherencia interna de las diversas propuestas.  Pero a la vez, no deja de ser progresismo de salón. Los documentos programáticos siempre cuidaron un lenguaje y un tono adecuado pero pocas veces sirvieron de referencia de gobierno cuando tocaba medir los apoyos reales y enfrentarse a las resistencias existentes en la sociedad. Ocurre que esas circunstancias eran perfectamente previsibles cuando se realizaron los programas, que alejados de la realidad, acabaron convertidos en un ejercicio de simulación.

Cuanto mayor sea la debilidad de las fuerzas progresistas más necesario es una jerarquía en el diagnóstico y en los objetivos si se desea evitar la frustración temprana y mantener el poder. Hay elementos centrales que reúnen un amplio consenso entre las bases sociales de la izquierda, sean cuales sean las resistencias que generen, y otras que son más discutibles socialmente y recaban menos apoyos. Entre las primeras, existe unanimidad en dar un giro completo a la política enérgetica para fomentar las renovables; también en impulsar una fiscalidad que grave a las grandes corporaciones como a cualquier otra empresa y que aumente la operatividad y los recursos de la lucha contra el fraude. Solo esas dos medidas concitarían amplísimas resistencias en lobbys muy poderosos con amplias conexiones mediaticas. Y hay que saber vencerlas.

Lo que Engels denominaba “socialismo científico” partía del reconocimiento que las leyes económicas acaban configurando la realidad social. Hoy hay que saber, por ejemplo, que no es posible confiar todo a la capacidad de redistribución del Estado para hacer frente a las inequidades que provoca el sistema productivo. La globalización hace que la capacidad de redistribuir sea menor mientras las injusticias son mayores. No queda más remedio que cuestionarse las entrañas del sistema desde planteamientos predistributivos.

Por eso, es de agradecer que el PSOE se plantee dar un giro a las relaciones laborales, pero habrá que ver si se dispone realmente a acabar con las raíces de las políticas de devaluación que residen en la unilateralidad del poder del primer ejecutivo y se recupera hasta sus últimas consecuencias el principio de la negociación colectiva. Es ahí, venciendo todas las resistencias y favoreciendo los consensos internos y la participación de los trabajadores en el gobierno de las empresas y en sus beneficios, en el sentido de Alemania (Consejos de Vigilancia), Suecia (Fondos de Asalariados), Austria (Cámaras de Trabajadores), donde nos jugamos realmente el principio de la predistribucion y el éxito de las políticas progresistas. Solo desde esa posición será posible ganar simultáneamente en competitividad y equidad.

Saber qué fuerza material se dispone  (medida en la capacidad de movilización en la calle pero también en apoyos sociales e institucionales, votos, dineros, recursos mediáticos, poderes territoriales) es determinante para definir los objetivos reales de gobierno. Mucho más si, como repite Josep Ramoneda, “las élites económicas no ven necesidad alguna de hacer concesiones” porque “las clases populares han perdido capacidad de intimidación“. Parte de la debilidad de la izquierda procede de que no quiere reconocerse en ese reto.

Lo esencial no son los programas coherentes sino la construcción de una nueva energía política suficiente para vencer las resistencias de un poder compacto y agresivo al que hay que disputar, como reclamaba Gramsci, “la hegemonía, los consensos, el sentido común” en religión, justicia, educación o medios de comunicación. Si la disputa del poder es necesaria en todos esos ámbitos  lo es, especialmente, en economía que es la asignatura pendiente de la socialdemocracia como nos recuerda el hecho de que el 50% de los ciudanos no aprecian apenas diferencias entre los discursos del PP y el PSOE en materia económica.

¿Cómo se construye esa energía política? Recuperar credibilidad es esencial y, en ese sentido, los pasos dados por el PSOE para la democratización de los candidatos son muy importantes. Pero la experiencia de Italia y Francia demuestra que una amplia participación en primarias no es un activo duradero. Un debate interno entre los miembros del colectivo Economistas Frente a la Crisis nos llevaba a reclamar que cada candidato a primarias hiciera visible su equipo económico, que el debate político incluyera los acentos y matices sobre determinadas medidas económicas. Se trata, en mi opinión, de un paso imprescindible para hacer más dificil que, en el último momento, los grupos de presión coloquen determinadas personas en el gobierno, menos dañinas o más cercanas a determinados planteamientos. La transparencia en ese paso es fundamental para evitar los efectos de las puertas giratorias.

No olvidemos tampoco que si las primarias democratizan el acceso de los nuevos lideres, no modifican el control posterior sobre sus actuaciones. ¿Puede un presidente de gobierno, con el apoyo incluso de los órganos ejecutivos de su partido, poner en marcha medidas que confrontan radicalmente con su programa electoral? En ese sentido, Odon Elorza y el grupo Foro Ético, reclamaban que, para evitar giros como el realizado por Zapatero en mayo del 2010, o la sinrazón del comportamiento de Rajoy, haciendo desde el primer momento lo contrario de su programa, se debe instaurar un procedimiento de consulta urgente a sus militantes/ simpatizantes.

La energía política requiere también la cohesión de los cuadros partidarios de una idea. En ese sentido nadie puede ignorar que la claridad de mensajes es el sustento de una mayor fuerza material, y que la Conferencia Política ha contribuido a elevar la moral del PSOE. Compartir emociones es también hacer política: es estúpida la izquierda que se limita al discurso frío y racional olvidando que sentir el calor de verse juntos y unidos, gritar contras las mismas injusticias, es también un requisito para convertir en fuerza colectiva positiva las posiciones individuales dispersas. Debatir francamente con otros colectivos, abrirse a los discursos e interrogantes de otras fuerzas de izquierda es también una condición para hacer converger diversas energías.

Señala Soledad Gallego citando a Jorge Guillén, que, al final, todo se resume en saber si la injusticia se traga o no se traga. Casi sí. Pero habría que añadir que se necesita también habilidad y energía para ganar batallas y no sólo sinceridad para pedir disculpas por perderlas.