La ley Gallardón: el peor de los pronósticos

Resulta difícil creer que nuestro país “europeo” esté a punto de sacrificar derechos y libertades de las mujeres para afianzar electoralmente a los votantes de la derecha más conservadora

 

 

 

 

ACAI pronosticó que la derogación de la actual Ley de Salud Sexual y Reproductiva e Interrupción Voluntaria del Embarazo y su sustitución por una nueva norma que vendrá a eliminar el derecho básico de la mujer a decidir sobre su gestación, sería la única promesa electoral que cumpliría el PP. Una vez cumplido y superado el pronóstico, resulta difícil creer que nuestro país “europeo” esté a punto de convertirse en uno de esos territorios experimentales en los que se sacrifican derechos y libertades de las mujeres para afianzar electoralmente a los votantes de la derecha más conservadora.

Estrategias electorales al margen, lo que resulta evidente es que una vez más se ha decidido que llegado el momento de las concesiones ¿quién mejor que la mujer para hacerlas?, ¿encuentran en estos momentos un recurso más fácil qué negar el derecho al aborto para contentar a los extremismos, a los radicales? No, probablemente no.

Dicho lo cual, ¿qué se esconde detrás de una concesión que imprudentemente buscan convertir en rango de ley? Detrás de esa estrategia electoral, se esconden las vidas de 112.390 mujeres que han abortado en el último año en nuestro país. Poniendo rostro a esas vidas y a las causas de sus decisiones, podemos afirmar que en España más de 100.000 mujeres abortan por razones íntimas, laborales o económicas. Mujeres que de aprobarse esta ley, tendrán que renunciar a su decisión madura, legítima e informada, ya que todas estas mujeres se acogen a la voluntariedad para interrumpir su gestación hasta la semana 14, circunstancia que no está contemplada en la norma del Gobierno Popular.

Como profesionales con más de 30 años de experiencia, podemos decir que el acompañamiento que necesitan estas mujeres durante todo el proceso, nada tiene que ver con destapar, para someter a valoración, su intimidad, sus condiciones personales y familiares, sino con la capacidad de respetar y entender sin prejuzgar su decisión, ayudándolas a que esta voluntad se cumpla en las mejores condiciones sanitarias. El Anteproyecto del Gobierno por el contrario, exige a las mujeres que abran su vida, su trayectoria íntima, su situación personal al juicio de dos psiquiatras y un asistente social; profesionales a los que muy probablemente se les exigirá una evaluación y diagnóstico preceptivo acordes con la ideología que ha inspirado esta ley; so pena de “dejar caer” sobre ellos/as todo el peso de la inseguridad jurídica si el informe previo no se ajusta a lo esperado. Una inseguridad que, sin duda alguna, también habrá de caer sobre los profesionales que realicen definitivamente la interrupción, si esta llega a producirse.

 

Independientemente del estrés psicosocial, e incluso físico que desencadena en una mujer un embarazo no deseado (calificado como tal por la Sociedad Americana de Psiquiatría), como médicos, sanitarios y trabajadores sociales que acompañamos a estas mujeres, no nos cabe la menor duda de que impedir a estas mujeres hacer efectiva su decisión, alargar el proceso con trámites jurídicos, legales, médicos, tiempos de espera…no solo las situará en semanas de gestación elevadas, lo cual nunca resulta deseable porque un aborto temprano siempre será más beneficioso para la mujer desde cualquier punto de vista; sino que además alterará “de manera perdurable” el bienestar físico, social y psíquico de estas mujeres sometidas a un periplo médico y vital insostenible.

 

¿Quiénes somos para juzgar, para sopesar lo que una mujer, su compañero, su familia es capaz de soportar vitalmente? ¿Quiénes somos para establecer el grado de sufrimiento que una mujer puede sobrellevar frente a la discapacidad grave de su hijo o hija enfermo/a? La pregunta podría parecer retórica y contestarse con un simple: nadie, no somos nadie para juzgar a esas mujeres; pero desgraciadamente el Gobierno ha decidido contestar por todas ellas anunciando que la mujer tendrá que demostrar (mediante informe psiquiátrico y dictamen preceptivo relativo a la patología fetal que habrá de ser incompatible con la vida) que la enfermedad extremadamente grave que padece su hijo o hija le provoca tal desequilibrio que su salud psíquica se ve irremediablemente afectada y que en consecuencia desea interrumpir su embarazo. El resto, las más de 3.000 mujeres que abortan en nuestro país por diversas malformaciones, pero todas ellas compatibles con la vida, ni siquiera tendrán esta oportunidad ya que su situación no es contemplada por la ley.

 

Contrariamente a lo que sostiene el Titular de Justicia: “la ley de 2010 quitaba a las menores de edad el derecho de ir acompañadas de sus progenitores” casi el 90% de las mujeres de 16 y 17 años informaron a sus padres de su situación y vinieron acompañadas por estos a los centros acreditados. Y eso es así, Sr. Gallardón, porque la Ley de Salud Sexual y Reproductiva e Interrupción Voluntaria del Embarazo no abandona a las menores, de la misma forma que no obliga a las mujeres a abortar.

 

Al margen de la situación general de esas menores, unas 500 adolescentes de 16 y 17 años abortan en nuestro país sin poder comunicárselo a sus padres. Sin embargo, todas esas mujeres jóvenes son invisibles para nuestro Gobierno, pero están ahí, son mujeres que provienen de familias desestructuradas, menores que han sido violadas en el seno familiar, inmigrantes que viven solas en el país o mujeres que simplemente serían maltratadas por su situación. De la misma manera aventuramos que el Ejecutivo no habrá pensado en el periplo jurídico que habrán de transitar las menores y sus familias en caso de desacuerdo entre los tutores y la menor. Entendemos que no habrán valorado que el embarazo es un proceso gestacional creciente y que para cuando llegue esa resolución judicial, es posible que la menor se encuentre en un avanzado estado de gestación. Pero claro, la realidad médica tampoco parece ser un elemento a considerar para estos legisladores.

 

Hace unos días, el Titular de Justicia afirmaba que “el aborto es contrario al juramento que todos los médicos hacen sobre la defensa de la vida”, no defender la salud y la vida de más de 100.000 mujeres no solo es contrario al juramento de la profesión médica sino contrario a la integridad física y moral y a la intimidad personal y familiar de las mujeres, derechos no solo constitucionalmente amparados sino respaldados en Pactos Civiles y Convenios Internacionales de los que el Estado Español es parte.

 

Más de 100.000 concesiones vitales es el precio de la apuesta de los populares. Podríamos entrar en un bucle sobre oportunidades estratégicas, pero no es el caso, porque frente al precio de una arriesgada jugada electoral, hay vidas, la vida y la salud de mujeres abocadas al éxodo abortivo o a la clandestinidad. La evidencia, Señor Gallardón, es que el problema no es el aborto, sino el embarazo no deseado, y que en consecuencia una mujer que está decidida a abortar, lo hará con ley o sin ella.

 

Francisca García Gallego es presidenta de ACAI (Asociación de Clínicas Acreditadas para la Interrupción Voluntaria del Embarazo).

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El día que no pudimos cantar con Peter Seeger ¡Viva la Quince Brigada!

Por Orencio Osuna.- Publicado en http://www.nuevatribuna.es 28 de enero de 2014

 

Al conocer la muerte de Peter Seeger acuden a mi memoria esas canciones que asocio a tantas y tantas luchas  contra la barbarie y la injusticia que durante décadas han entonado millones de personas en todo el mundo. Unas canciones que  evocan imagenes de masas manifestándose en todo el mundo y en todo tiempo. Unas veces contra la guerra de Vietnam, otras rebelándose en el mayo del 68 en París, en Berlín, en Tokyo, en DF, o en las épicas marchas contra el aparheid increpados por violentos whaps,o ya,- ayer mismo- en Occupy Wall Street o Seatle con los movimientos altermundistas. Las mareas de hoy siguen entonando esos himnos con la misma emoción con la que antes lo hicieron otras generaciones. Con sus canciones “Where Have all the Flowers gones” o “If I had Hammer” o “We Shall Overcom” ,llegan los ecos de las voces de esa estirpe de cantantes/luchadores, comprometidos hasta los tuétanos con los asuntos colectivos, es decir con la política-con la “res pública”- tan denostada hoy por gentes de pocas entendederas y tan conveniente para los poderes que son y han sido. Gentes antiguas como Arlo Ghutrie, Phil Osch y Joan Baez desde el mismo corazón del imperio o nuestros Raimon, Paco Ibáñez, Labordeta, Chicho Sánchez Ferlosio, Mikel Laboa, Elisa Serna, y tantos y tantos otros, en la cutre y oscura dictadura franquista. Gentes que con sus himnos de protesta fabricaron una identidad de lucha y resistencia globalizada, antes que esa palabra sirviese igual para un roto como para un descosido o como frame de la publicidad cool.

Las canciones de Peter Seeger han servido durante décadas para desafiar a los criminales del imperialismo, unas veces en Vietnam, otras en Irak, Afganistán o donde sea pertinente para la comunidad internacional neoliberal decida bombardear para hacernos libres; a los viejos y nuevos lobos de Wall Street, así pertenezcan al 1% de plutócratas indecentes o a la aristrocracia genocida del 0,1%, ya sea allá o acá con nuestros tristes y mangantes representantes del IBEX 35 ; a esa pléyade de viejos gorilas golpistas formados por la Escuela de las Américas-tipo Pinochet y Videla- o los jóvenes cachorros que hoy hacen sus masters en los impunes Guantánamos globalizados  o con sus drones asesinos; a esos que unas veces organizaban la caza del disidente en el Comité McCarthy o en la Plaza Dzherszinski de Moscú o en nuestro TOP de andar por casa; a esos que protegían el régimen racista de la Unión Sudafricana, que miraban con hostilidad como Rosa Park ocupaba un asiento en el bus de los blancos o Martin Luther King tenía sueños peligrosos, para más tarde tratar de convertir a Madiba en un producto pop; a esos que la depredación del planeta sólo les parece un rubro más de sus infectos cash flows. A los eternos canallas.

Pero si Seeger es un referente global de lucha y protesta sin fronteras, también lo fue para muchos jóvenes antifranquistas españoles, que gracias a sus discos pudimos conocer en pleno franquismo las canciones que  cantaban los republicanos en las trincheras- en los frentes del Jarama, del Ebro, de la Casa de Campo- ,codo con codo con los miles de voluntarios antifascistas que acudieron a defender la II República de todos los rincones del mundo.

Peter Seeger -ya en 1943- grabó un disco de homenaje a la Brigada Lincoln en la que se recogían las legendarias ¡Viva la Quince Brigada” ,“Si me quieres escribir” o “ Ay, Carmela”. La música de ese hombre cantando en español,con ese acento inglés característico, con su banjo, su estilo folk yanqui , su quijotesca figura espigada y una voz emocionada y emocionante, contribuyó a transmitir y poner en común una tradición política y cultural a dos generaciones: la que fue derrotada, masacrada, exiliada y encarcelada, que el fascismo triunfante quiso extirpar del recuerdo de los españoles y una nueva generación que, en pleno desarrollismo capitalista, se enfrentó  a las estructuras políticas y culturales de la dictadura y que empezaba a confluir con los nuevos movimientos de cambio que operaban en el mundo.

El encuentro con Peter Seeger de las nuevas generaciones de antifranquistas españoles tuvo un momento simbólico memorable. En 1971 Seeger iba a actuar en la facultad de económicas de Barcelona, pero la autoridad competente -el ínclito fascista Tomás Pelayo Ros, gobernador civil y jefe provincial del Movimiento Nacional-, por supuesto prohibió semejante acto de desacato y rebelión. Recuerdo que muchos estudiantes hicimos caso omiso a la prohibición y por primera vez asistí a auténticos enfrentamientos cuerpo a cuerpo con los grises y los odiados sociales de la Brigada Político Social. Durante horas hubo lanzamientos de piedras, algún que otro cóctel molotov y detenidos y apaleados a mansalva y un polícia sufrió una fractura de clavícula ante el el escándalo de la prensa franquista, es decir toda ella. Por una primera vez muchos, en vez de correr como descosidos- como tantas otras veces- ,fue tanta la rabia que se apoderó de nosotros  ante el ciego salvajismo policial que provocó una replica violenta de los manifestantes, dispersos en decenas de comandos por la Diagonal y aledaños. El miedo, quizás,en esa época, iba poco a poco retrocediendo y siendo sustituido por una conciencia de desafío  creciente. El viento de la libertad empezaba a soplar en nuestros corazones, porque cada vez más gente se unía- de un modo u otro- a la lucha antifranquista.

Pero ese mismo año de 1971, los trabajadores de la SEAT ocuparon masivamente todas las instalaciones de la fábrica de la Zona Franca de Barcelona y opusieron una resistencia feroz- palmo a palmo- al desalojo . Taller a taller, la policía empleó una violencia extrema que causó el asesinato por arma de fuego del trabajador Antonio Ruiz Villalba. Ni el miedo, ni la violencia criminal de la dictadura (después vendrían los asesinatos de Puig Antich, Txiqui,Otaegui, Sánchez Bravo, Ramón García Sanz y Humberto Baena, Patiño, Granada, Vitoria, Yolanda…) iba ya a detener la marea que iba formándose en todos los rincones de la sociedad española.

Hoy que murió Peter Seeger quizás sea útil recordar estas viejas batallas, que son las mismas batallas de un día como hoy en el que, por ejemplo, la marea blanca madrileña ha logrado derrotar a los expoliadores/ privatizadores de nuestra sanidad pública.

En 1971 no pudimos cantar con Peter Seeger “Ay, Carmela” , pero hoy en su recuerdo podríamos cantar- aunque sea para nuestros adentros- la legendaria “No Nos Moveran”. Seguro que a él le gustaría entonarla juntos.

¡Viva la Quince Brigada¡

No tengamos miedo a las primarias

Héctor Maravall

21 de enero de 2014

Estamos asistiendo a un interesante debate en la izquierda española sobre la elección de candidaturas para los próximos procesos electorales, mediante el sistema de primarias. Aunque algunos de los argumentos que se están utilizando por quienes no comparten esa iniciativa son un tanto sorprendentes.
Es cierto que el sistema de primarias esta ligado a los procesos electorales norteamericanos y es una reciente novedad en los países europeos. Pero que esto sea así no debería llevarnos a descalificarlo, porque no todo, ni mucho menos, del sistema político de Estados Unidos es rechazable y aunque las primarias no sean la panacea universal, ni puedan ser transplantadas de manera mecánica a la sociedad española, sí puede ser una experiencia positiva que contribuya a revitalizar el funcionamiento de nuestros partidos y de la democracia. Además no olvidemos que la Concertación Chilena, ha venido utilizando tradicionalmente un sistema de primarias especial  para elegir su candidato presidencial.
No todos los partidos políticos españoles funcionan igual, ni tienen las mismas garantías y practicas democráticas. Pero hasta los más participativos, como podría ser el caso de IU, en los procesos de elección de sus candidatos, al igual que en la elección de sus órganos de dirección, no siempre se hacen bien las cosas. Así que al menos deberíamos estar abiertos a buscar caminos nuevos que nos ayuden a mejorar nuestras deficiencias democráticas.
Debemos tener muy presente en la izquierda española que, a diferencia de otras épocas, el deterioro de la percepción que de los partidos tiene la inmensa mayoría de la ciudadanía, no afecta solo a la derecha, también a la izquierda, incluso en parecida medida a la propia IU. Todos los principales dirigentes políticos son suspendidos en la valoración pública.
No podemos quedarnos tan tranquilos ante esa tremenda realidad. El sistema de primarias puede favorecer el acercar la vida partidaria a la gente, puede ser un instrumento de participación y movilización, en un momento en que corremos gravísimos riesgos de que se produzca una elevadísima abstención y hasta que vuelvan a ganar los mismos, ante una izquierda desmotivada y encima fragmentada hasta lo indecible.
El PSOE, que a veces goza de muy buenos reflejos, ha decidido abrir un proceso de primarias. Es una valiente iniciativa, y bien que les ha costado tomarla y vaya la cantidad de resistencias internas que han tenido que superar. Es verdad que el procedimiento que han escogido puede ser mejorable, pero lo importante es el mensaje político que han mandado: “queremos abrirnos a la gente”. A poco bien que lo hagan, va a ser un revulsivo muy positivo para este partido.
Equo, que como organización nueva también tiene rápidos reflejos, también se ha apuntado al sistema de primarias.
Por eso resulta incomprensible la actitud al respecto de la dirección mayoritaria de IU. Afortunadamente Izquierda Abierta y Llamazares han defendido, aunque sin éxito, la realización de las primarias. He leído  hasta cuatro argumentos en contra de este sistema.
Hay quien ha dicho que se trata de un invento norteamericano, que solo sirve para canalizar la influencia de los lobbys y que no garantiza la participación ciudadana. Dejando aparte ese antinorteamericanismo primitivo o visceral, es cierto que los lobbys en Estados Unidos influyen y mucho en la vida de los partidos, aunque tenemos una visión un tanto simplista de los lobbys: los hay económicos, empresariales, pero los hay también sociales, de mujeres, de minorías étnicas, de minorías muy progresistas, de sindicalistas, de ecologistas, de pacifistas, consumidores, etc. Pero, insisto, los procesos de primarias norteamericanas no tienen porque copiarse mimeticamente, de hecho el que ha propuesto el PSOE tiene poco que ver en sus mecanismos de funcionamiento con lo que hacen en Estados Unidos. Todo ello por no hablar de que en nuestros partidos políticos, a lo mejor no influyen los lobbys pero sí lo hacen las fracciones, familias, mas o menos explicitas y no digamos los “barones”·. Así que menos purismo.
El segundo argumento para oponerse a las primarias es que estas pueden ser manipuladas por sectores de la derecha, desde empresarios que compran por así decirlo el voto de participantes, hasta la influencia de los medios de comunicación hostiles que presten su apoyo a unos candidatos frente a otros. En fin ¿qué se puede decir a esto? ¿Alguien cree seriamente que Emilio Botín va a desplegar un ejército de mercenarios pagados para que voten a tal o cual candidato de IU?  No terminamos de desprendernos de tics conspiratorios.
Por su parte Cayo Lara subraya que lo importante no son tanto los candidatos sino los programas, las propuestas y añade que un proceso de primarias interiorizaría durante meses a IU, alejándola de la imprescindible movilización social.  Cayo pone como ejemplo la frustrante experiencia de Hollande en Francia. Son argumentos a tener en cuenta. Efectivamente  lo decisivo son los programas, las ideas, pero la gente también necesita poner cara a esas ideas, busca confiar en quienes van a defenderlas, quiere opinar sobre quienes pueden representarles mejor. En definitiva se puede hacer compatible el protagonismo de las ideas con la elección en primarias de las candidaturas. Y en cuanto a los efectos de las primarias en la interiorización, sí es un riesgo, pero perfectamente superable o ¿es que alguien piensa  que la militancia y simpatizantes de IU no saben hacer dos cosas a la vez? Con todos mis respetos para Cayo Lara, creo que son argumentos para salir del paso.
Por ultimo, he leído una argumentación mas elaborada por parte de Alberto Garzón, que identifica primarias con sometimiento   a la voluntad o las ideas mayoritarias de la sociedad, lo que llevaría a IU a abandonar su papel y función de dirección política e ideológica, que debe tener una fuerza transformadora de la izquierda. Aunque Garzón se apoya en Gramsci, realmente su inspiración es nítidamente leninista. “El Partido” no puede contaminarse con las ideas de fuera, de las mayorías sociales, que se supone están imbuidas por la ideología dominante de la derecha, ni mucho menos puede elegir a sus candidatos en función de lo que voten esas mayorías sociales. Alberto Garzón diseña un discurso vanguardista, de sabor bolchevique, que por cierto tiene muy poco que ver con sus manifiestas simpatías hacia los movimientos de renovación de la izquierda asamblearia.
No comprendo ese cierre de filas de la mayoría de IU. Puede resultar nefasto para su necesario impulso, para su acercamiento a otros sectores de la izquierda alternativa. Tiene una mala lectura: el “aparato” no quiere que toquen sus facultades de elección de candidatos. Espero que el sentido común se imponga, aunque este es un concepto que tampoco le gusta nada a Alberto Garzón y busquen una formula satisfactoria de primarias, que tampoco tienen porque ser iguales que las del PSOE, porque, insisto, sería un error de bulto que, mientras el PSOE se recuperara apoyándose en las primarias,  IU apareciera como teniendo miedo a abrirse a la participación.

Sería muy esperanzador, que al igual que ha sucedido en Italia o Francia, toda la izquierda española ofreciera un cauce de participación política a sus electores y simpatizantes, un elemento que además nos diferenciaría en gran medida de los partidos de la derecha.

 

El aborto que nos une

Publicado en http://www.publico.es

19 de enero de 2014

 

El Gobierno del Partido Popular nos felicitaba el año con un nuevo recorte a las libertades ciudadanas: la amenaza, en forma de anteproyecto, de eliminar el libre derecho de la mujer para decidir si quiere ser madre.

En este momento la derecha se debate sobre si nos va a hacer retroceder a la época de la dictadura o adopta una actitud más “flexible” que nos retrotraiga “sólo” a 1985. Y, en todo caso, su mayor problema estriba en dilucidar si permite a sus representantes en las Cortes Generales tener una cierta libertad de voto sobre el texto que se debata. Los argumentos para oponerse a esta reforma de la actual legislación sobre el aborto son múltiples, multidisciplinares y muy plurales social, cultural y políticamente. Y los comparto en su totalidad. Podemos intuir el dictado legislativo de la Conferencia Episcopal de la iglesia católica tras la mano del ministro de Justicia en esta supuesta España laica. El ejecutivo de Rajoy ha conseguido que los pecados de los católicos sean los delitos de todas y de todos. Enhorabuena… y tres avemarías.

Me sumo a todas aquellas opiniones que rechazan de plano el contenido y significado que implica la aberración planteada por el gobierno en su contrarreforma del aborto. Y no sólo hablamos del derecho de las mujeres que ahora se cercena. Tengamos en cuenta la presión y las amenazas de todo tipo a las que van a ser sometidos el personal asistencial y sanitario implicado en la terrible maraña jurídica que se perfila. Sea cual sea el final de este debate, y por mucho que se pretenda suavizar la propuesta, el resultado será muy negativo para toda la sociedad y, en particular, para las mujeres. Pero quizás podamos encontrar en la suma común al rechazo de este ataque a las libertades de las mujeres, la unión social y política que necesitamos para derrotar al Partido Popular.

No han sido habituales las posturas comunes de toda la izquierda sobre cuestiones políticas, sociales e institucionales. Nos tendríamos que remontar en nuestra historia reciente a la oposición a la guerra de Iraq para encontrar un tema que haya suscitado la unión en la calle y en los parlamentos de toda la izquierda social y política. Desde el PSOE e IU hasta las izquierdas alternativas, ecologistas y nacionalistas. Todos los sindicatos. El movimiento ciudadano y el activismo cívico. Las mujeres y los hombres de la cultura. Y aquellas personas indignadas con la injustica, la mentira y la prepotencia que ya antes se habían manifestado contra el terrorismo y que después volverían a la calle en las movilizaciones del 15-M.

Quizás el Partido Popular facilite lo que los recelos y las confrontaciones partidistas en la izquierda estén imposibilitando en este momento: un frente común para derrotar al Gobierno de Rajoy. No cabe duda de que las próximas elecciones al parlamento europeo han agudizado las tensiones en este terreno tan poblado. La lucha de la izquierda a la izquierda del PSOE contra el llamado “bipartidismo”, se ha convertido en una prioridad para rentabilizar los resultados electorales del próximo mes de mayo a costa de una tan previsible como elevada abstención. Y ese error puede hacer que el Partido Popular salga vivo de los comicios de mayo.

La reactivación de una movilización unitaria como la que se puede concitar contra la reforma del aborto puede recobrar la confianza primero y la sintonía después, de la izquierda más amplia, diversa y plural de nuestro país. Sólo así será posible trasladar a la política, las instituciones y las urnas la suma de un clamor que recupere no sólo el derecho de la mujer a su libre decisión de ser madre sino, también, todos aquellos avances sociales y laborales que ha ido eliminando el Partido Popular en su cruzada de recortes.

Curiosamente nos lo recordaba recientemente el presidente del Congreso en unas declaraciones ante los medios de comunicación. Decía Jesús Posada que: “con la guerra de Iraq sí que hubo divisiones en las filas del PP pero al final todos los diputados se portaron como una sola voluntad”. Aquellas fracturas en el Gobierno de Aznar fueron parejas a la movilización más unitaria que hemos vivido recientemente en la izquierda española. Conocemos el resultado de aquella unidad: la derrota en las urnas de la derecha. La gravedad del ataque a nuestros derechos es ahora aún mayor. Ya sabemos lo que hay que hacer y cómo. Actuemos ya.

*José Francisco Mendi Forniés es psicólogo y miembro del colectivo Espacio Abierto

Constitución de transición o transición de Constitución

Publicado en diariocritico.com el 14 de enero de 2014
 
Yo no pude votar la Constitución. Era menor de edad. Pero de aquella época recuerdo el blanco y negro de la televisión, la angustia de la “semana santa” y la frustración que me llevaba a la cama de la mano de los “rombos”. Ahora parece que está de moda denostar esa etapa, no sin razones, porque es mucho más fácil la crítica del pasado con la comodidad del presente que desde el protagonismo de lo vivido y sufrido.

No me convencen quienes, para reafirmarse en la pureza de la ideología, necesitan acusar a sus antecesores de ser los responsables de la mayoría de los males en nuestro sistema político e institucional. Pienso que la descomposición de la monarquía tiene más que ver con sus errores y chanchullos, y con la evolución lógica de la vida como institución a extinguir, que con su aceptación por la izquierda y el propio Partido Comunista de España con carácter previo a su legalización.

Creo que los conflictos territoriales están más vinculados a la política de los nacionalismos españolistas y exclusivistas, y a su respectiva financiación, que al diseño mejorable de la organización territorial del Estado en nuestra Carta Magna. Estoy convencido de que el descrédito del sistema representativo político, judicial, social y sindical, que conlleva una patente lejanía ciudadana con la política y las instituciones, es más un problema de transparencia, ética y responsabilidad de sus protagonistas que de la articulación electoral en la composición y atribuciones constitucionales de esos colectivos.

Quienes analizan el pasado con las claves del presente tergiversan la historia. Quizás sus argumentos sean tan escasos que necesiten hacer trampas para reafirmarse ante sí mismos y ante los demás. Pero los buenos historiadores analizan, descifran y nos cuentan la historia. No su historia ni la que queremos escuchar. En mi tierra tenemos un magnífico ejemplo de lo que digo sobre la buena profesionalidad del historiador en la persona del aragonés Julián Casanova.

La Constitución de 1978 fue la que necesitaba España hace 35 años y la que era posible acordar como mínimo común denominador. No sería la que yo aprobara hoy. Quizás no fuera la que yo hubiese votado desde una posición de izquierda consecuente con mis principios, de haberlos tenido, en aquel momento. Pero creo que era la que necesitábamos todas y todos en aquella España del blanco y negro en la que sólo se atisbaban los colores de la democracia, borrosos entre las bombas de ETA y el ruido de sables.

Aquella Constitución de la “transición” debe dar paso a la transición de la propia Constitución. Ya no la necesitamos, afortunadamente, como nació y para la España en la que se aprobó. Debemos reformarla, cambiarla, adaptarla a lo que somos y a lo que necesitamos en el siglo XXI. Es lo mejor que podemos hacer por ella. Sobre todo si no queremos que siga el rumbo de la mayoría de sus componentes hacia el desapego con las personas.

La Constitución de la democracia debe transformarse en la Constitución de la ciudadanía. Y hay dos caminos para que así sea percibida y respetada. La actualización, y sobre todo ejecución, de los derechos que se consagraron en 1978. Junto a estos, deben formar parte de nuestra normativa básica constitucional todos los avances legislativos que intentaron construir el cuarto pilar de nuestro Estado del Bienestar. Ese que tan eficientemente está aniquilando el Partido Popular. La educación, la sanidad y las pensiones deben “constitucionalizarse” junto a ese núcleo básico del bienestar y la dependencia en las ayudas a las personas y las familias. Y necesitamos hacerlo con carácter público, universal y gratuito.

En esa nueva Constitución, tienen más importancia las personas que las instituciones. Son más relevantes los derechos sociales que los rimbombantes principios. Veo más necesarias las garantías individuales que la rigidez de los colectivos. Considero más avanzada la flexibilidad en los símbolos y la transparencia democrática que la salvaguarda de banderas, coronas, diputados y magistrados. En definitiva, es más importante que seamos capaces de compartir y conjugar el llamado “consenso constitucional” con el consenso ciudadano.

Y sobre todo, es imprescindible que dotemos de utilidad esa nueva Constitución a través de la participación. No sólo en su aprobación testifical. Sino en su impulso, en su redacción coparticipada y en la consulta junto a nuestros representantes para que, cada uno desde su propia tarea, se sienta partícipe del resultado y de la necesidad de diálogo y acuerdo con quien no piensa como nosotros.

En esa cuestión, la Red tiene que entrar a raudales en este nuevo texto. Como medio para transformarla y como instrumento y derecho que debe recogerse en su articulado para facilitar la conexión de las instituciones con las personas y de éstas entre sí. Si encargamos esta nueva Constitución a esa cooperativa en Red de ciudadanía y representación popular, los beneficios serán para todas y todos. Es la mejor inversión que podemos ofrecernos a nosotros mismos y a nuestros hijos.

[*] José Francisco Mendi Forniés es uno de los impulsores del colectivo Espacio Abierto

CATALUÑA: NI CON LOS INDEPENDENTISTAS, NI CON LOS NEOCENTRALISTAS. UN DISCURSO PROPIO DE LA IZQUIERDA

La ofensiva independentista de Artur Mas sigue dando pasos adelante. Ante ella, la actitud del gobierno del PP es más que suicida, limitándose a decir que el referéndum es ilegal, que por tanto no se celebrara y no hay nada más que hablar. Rajoy no quiere darse cuenta que el problema mas grave que tiene la democracia española en estos momentos no se puede zanjar de esa manera y que su cierre en banda, oportunistamente manejado por los nacionalistas, lo único que hace es agravar las cosas.

 

Por supuesto que con la Constitución en la mano, el referéndum de Artur Mas y sus aliados es de mas que dudosa legalidad. Pero la Constitución no es inamovible. No es un fin, es un medio, un instrumento de convivencia democrática. Por ello no podemos cerrar los ojos ante la realidad de que una parte muy considerable del pueblo catalán quiere el referéndum e incluso la independencia. Como tampoco podemos ignorar que una parte muy considerable del resto de la ciudadanía española no aprueba ese referéndum. Pero en todo caso la solución no es fomentar que las cosas se pudran, dejando pasar el tiempo sin hacer nada. Habrá que negociar un cambio constitucional que sea satisfactorio, en la medida de lo posible, para la mayoría de todos los que vivimos en España.

 

Porque lo mas grave del caso es que el PP se mantiene impasible ante la manipulación nacionalista que alimenta un día y sí y otro también el oleaje independentista. Lo único que se le ha ocurrido a algunos de ellos es montar un Congreso de historiadores mas o menos afines, para intentar contrarestar el alucinante Congreso que CIU promovió hace unas semanas para difundir los supuestos tres siglos de opresión española a Cataluña. Alguna otra propuesta algo mas abierta de Alicia Sánchez Camacho, Secretaria General del PP de Cataluña, ha sido rápidamente descartada por la dirección nacional de este partido. Con esta actitud es lógico que el sentimiento de  agravios que estimula Artur Mas crezca y crezca.

 

Pero si la pasividad del PP es inadmisible, la actitud de la izquierda social catalana y mas en concreto de los sindicatos de clase es cuando menos sorprendente. No hay que frivolizar con el tema, porque hay que ser conscientes de lo difícil que lo tiene la izquierda en Cataluña para afrontar el tsunami nacionalista. Aun y así hay posicionamientos que resultan poco coherentes con lo que siempre ha sido la actitud del movimiento sindical.

 

En una reciente entrevista a uno de los máximos dirigentes sindicales de Cataluña, justifica su respaldo al referéndum en que los sindicatos no pueden ponerse en contra o al margen de las posiciones mayoritarias de los trabajadores. Dando por bueno, que ya es dar, que sea cierto que las clases trabajadoras catalanas estén en esa línea, lo que un dirigente sindical debe preguntarse es si esa posición mayoritaria es beneficiosa o perjudicial para los intereses de los trabajadores. Lo contrario es un seguidísimo, no exento de fácil oportunismo y que nos podría llevar a la conclusión de que si la ciudadanía española dio la mayoría absoluta al PP, pues esa es la postura que hay que mantener.

 

No. Los dirigentes sindicales deben tener su propio criterio. Y deben defenderlo, aunque estén en una incomoda minoría.

 

¿Y cual debería ser, en mi modesta opinión, la actitud coherente del sindicalismo de clase catalán ante el órdago nacionalista? Cada vez soy mas laico en esto de los principios, pero aun y así creo que algunos y sólidos debemos tener y mantener. Y uno de ellos es que el nacionalismo es un enemigo frontal de las clases trabajadoras. Lo ha sido siempre, lo es hoy y lo seguirá siendo. Y no es que haya que  aferrarse nostálgicamente a la vieja consigna de “Proletarios de todo el mundo, uníos”. Es que la experiencia nos dice, una y otra vez, que las clases trabajadoras solo pueden avanzar en sus derechos y reivindicaciones si se unen por encima de las fronteras.

 

Hoy el gran reto que tenemos es la globalización y qué intereses van a prevalecer en esa nueva etapa de la humanidad. Si los de la mayorías trabajadoras (o paradas) o los de las poderosas, ricas e insolidarias minorías. Si queremos una sociedad mas justa, igualitaria y democrática, nos sobran las fronteras. Necesitamos unir nuestras fuerzas a escala de España, pero sobre todo a escala Europea y en la medida de lo posible a escala mundial.

 

Sin embargo los nacionalistas, que en Cataluña siempre han representado, y hoy también,  intereses de las minorías dominantes,  quieren fragmentar, dividir, debilitar a las clases trabajadoras. Artur Más lo que quiere es seguir mangoneando en Cataluña, como hizo Pujol durante 30 años e impedir que la izquierda gobierne, como lo hizo efímeramente con el Tripartito. Artur Mas y CIU quieren una Cataluña neoliberal a tope, con unos sindicatos débiles y sin el apoyo del resto de los trabajadores españoles. Artur Mas quiere mantener la cruzada independentista para ocultar su política de recortes tan duros o mas que los de Rajoy. Que nadie albergue dudas, la Cataluña independiente, si algún día llega, será hegemonizada por la derecha nacionalista y la izquierda será residual.

 

Por ello cualquier alianza o apoyo, explicito o implícito,  a propuestas del gobierno de CIU deberían evitarse de manera clara y tajante por parte de la izquierda política y social catalana.

 

Claro que tras años y años abandonando la lucha ideológica con el nacionalismo, prácticamente desde que Paco Frutos y los errores que cometimos los carrillisua, hundimos al unísono el PSUC a principios de los años 80, la izquierda, acomplejada con Jordi Pujol, abandonó el combate ideológico con el nacionalismo, sin comprender, asumir e impulsar el nuevo marco y las nuevas posibilidades que suponía el estado autonómico reconocido en la Constitución de 1978. Buena parte de la izquierda, comunista y socialista, catalana jugó a ser más nacionalista que nadie. En ese grave error llevan ahora su penitencia. Han perdido la hegemonía social. Han querido diseñar un nacionalismo de izquierdas y esto es imposible, porque, nos guste o no, son términos antagónicos.

 

Defender ahora en la sociedad catalana un discurso de izquierdas, de carácter federal, es difícil, muy difícil, después de tanto terreno cedido a CIU y adlateres. Pero hay que hacerlo, aunque al principio sean propuestas minoritarias. Porque, además, sería un grave error que pondría aun peor las cosas dejar la lucha ideológica contra el independentismo en manos de los centralistas de diverso tipo. La izquierda debemos tener un modelo propio, ni un remedo nacionalista ni una regresión neocentralista.

 

Por ello, Rubalcaba y la actual dirección del PSOE, tienen que hilar muy fino. Ni con los nacionalistas, ni servir de aval al  PP, como le esta pidiendo la derecha mediática. El PSOE debe profundizar en su propio discurso, a partir del modelo federal que empezaron a esbozar hace unos meses en Granada. Un discurso que tampoco les va a ser fácil, porque tendrán que resistir las presiones de los sectores del PSC más proclives al nacionalismo y los mensajes “españolistas” de dirigentes andaluces, extremeños, etc.

 

Tenemos que sacar, cuanto antes, la cabeza y las ideas y no dar por perdida la batalla frente al nacionalismo y al neocentralismo.

 Hector Maravall

8 de enero de 2014