No tengamos miedo a las primarias

Héctor Maravall

21 de enero de 2014

Estamos asistiendo a un interesante debate en la izquierda española sobre la elección de candidaturas para los próximos procesos electorales, mediante el sistema de primarias. Aunque algunos de los argumentos que se están utilizando por quienes no comparten esa iniciativa son un tanto sorprendentes.
Es cierto que el sistema de primarias esta ligado a los procesos electorales norteamericanos y es una reciente novedad en los países europeos. Pero que esto sea así no debería llevarnos a descalificarlo, porque no todo, ni mucho menos, del sistema político de Estados Unidos es rechazable y aunque las primarias no sean la panacea universal, ni puedan ser transplantadas de manera mecánica a la sociedad española, sí puede ser una experiencia positiva que contribuya a revitalizar el funcionamiento de nuestros partidos y de la democracia. Además no olvidemos que la Concertación Chilena, ha venido utilizando tradicionalmente un sistema de primarias especial  para elegir su candidato presidencial.
No todos los partidos políticos españoles funcionan igual, ni tienen las mismas garantías y practicas democráticas. Pero hasta los más participativos, como podría ser el caso de IU, en los procesos de elección de sus candidatos, al igual que en la elección de sus órganos de dirección, no siempre se hacen bien las cosas. Así que al menos deberíamos estar abiertos a buscar caminos nuevos que nos ayuden a mejorar nuestras deficiencias democráticas.
Debemos tener muy presente en la izquierda española que, a diferencia de otras épocas, el deterioro de la percepción que de los partidos tiene la inmensa mayoría de la ciudadanía, no afecta solo a la derecha, también a la izquierda, incluso en parecida medida a la propia IU. Todos los principales dirigentes políticos son suspendidos en la valoración pública.
No podemos quedarnos tan tranquilos ante esa tremenda realidad. El sistema de primarias puede favorecer el acercar la vida partidaria a la gente, puede ser un instrumento de participación y movilización, en un momento en que corremos gravísimos riesgos de que se produzca una elevadísima abstención y hasta que vuelvan a ganar los mismos, ante una izquierda desmotivada y encima fragmentada hasta lo indecible.
El PSOE, que a veces goza de muy buenos reflejos, ha decidido abrir un proceso de primarias. Es una valiente iniciativa, y bien que les ha costado tomarla y vaya la cantidad de resistencias internas que han tenido que superar. Es verdad que el procedimiento que han escogido puede ser mejorable, pero lo importante es el mensaje político que han mandado: “queremos abrirnos a la gente”. A poco bien que lo hagan, va a ser un revulsivo muy positivo para este partido.
Equo, que como organización nueva también tiene rápidos reflejos, también se ha apuntado al sistema de primarias.
Por eso resulta incomprensible la actitud al respecto de la dirección mayoritaria de IU. Afortunadamente Izquierda Abierta y Llamazares han defendido, aunque sin éxito, la realización de las primarias. He leído  hasta cuatro argumentos en contra de este sistema.
Hay quien ha dicho que se trata de un invento norteamericano, que solo sirve para canalizar la influencia de los lobbys y que no garantiza la participación ciudadana. Dejando aparte ese antinorteamericanismo primitivo o visceral, es cierto que los lobbys en Estados Unidos influyen y mucho en la vida de los partidos, aunque tenemos una visión un tanto simplista de los lobbys: los hay económicos, empresariales, pero los hay también sociales, de mujeres, de minorías étnicas, de minorías muy progresistas, de sindicalistas, de ecologistas, de pacifistas, consumidores, etc. Pero, insisto, los procesos de primarias norteamericanas no tienen porque copiarse mimeticamente, de hecho el que ha propuesto el PSOE tiene poco que ver en sus mecanismos de funcionamiento con lo que hacen en Estados Unidos. Todo ello por no hablar de que en nuestros partidos políticos, a lo mejor no influyen los lobbys pero sí lo hacen las fracciones, familias, mas o menos explicitas y no digamos los “barones”·. Así que menos purismo.
El segundo argumento para oponerse a las primarias es que estas pueden ser manipuladas por sectores de la derecha, desde empresarios que compran por así decirlo el voto de participantes, hasta la influencia de los medios de comunicación hostiles que presten su apoyo a unos candidatos frente a otros. En fin ¿qué se puede decir a esto? ¿Alguien cree seriamente que Emilio Botín va a desplegar un ejército de mercenarios pagados para que voten a tal o cual candidato de IU?  No terminamos de desprendernos de tics conspiratorios.
Por su parte Cayo Lara subraya que lo importante no son tanto los candidatos sino los programas, las propuestas y añade que un proceso de primarias interiorizaría durante meses a IU, alejándola de la imprescindible movilización social.  Cayo pone como ejemplo la frustrante experiencia de Hollande en Francia. Son argumentos a tener en cuenta. Efectivamente  lo decisivo son los programas, las ideas, pero la gente también necesita poner cara a esas ideas, busca confiar en quienes van a defenderlas, quiere opinar sobre quienes pueden representarles mejor. En definitiva se puede hacer compatible el protagonismo de las ideas con la elección en primarias de las candidaturas. Y en cuanto a los efectos de las primarias en la interiorización, sí es un riesgo, pero perfectamente superable o ¿es que alguien piensa  que la militancia y simpatizantes de IU no saben hacer dos cosas a la vez? Con todos mis respetos para Cayo Lara, creo que son argumentos para salir del paso.
Por ultimo, he leído una argumentación mas elaborada por parte de Alberto Garzón, que identifica primarias con sometimiento   a la voluntad o las ideas mayoritarias de la sociedad, lo que llevaría a IU a abandonar su papel y función de dirección política e ideológica, que debe tener una fuerza transformadora de la izquierda. Aunque Garzón se apoya en Gramsci, realmente su inspiración es nítidamente leninista. “El Partido” no puede contaminarse con las ideas de fuera, de las mayorías sociales, que se supone están imbuidas por la ideología dominante de la derecha, ni mucho menos puede elegir a sus candidatos en función de lo que voten esas mayorías sociales. Alberto Garzón diseña un discurso vanguardista, de sabor bolchevique, que por cierto tiene muy poco que ver con sus manifiestas simpatías hacia los movimientos de renovación de la izquierda asamblearia.
No comprendo ese cierre de filas de la mayoría de IU. Puede resultar nefasto para su necesario impulso, para su acercamiento a otros sectores de la izquierda alternativa. Tiene una mala lectura: el “aparato” no quiere que toquen sus facultades de elección de candidatos. Espero que el sentido común se imponga, aunque este es un concepto que tampoco le gusta nada a Alberto Garzón y busquen una formula satisfactoria de primarias, que tampoco tienen porque ser iguales que las del PSOE, porque, insisto, sería un error de bulto que, mientras el PSOE se recuperara apoyándose en las primarias,  IU apareciera como teniendo miedo a abrirse a la participación.

Sería muy esperanzador, que al igual que ha sucedido en Italia o Francia, toda la izquierda española ofreciera un cauce de participación política a sus electores y simpatizantes, un elemento que además nos diferenciaría en gran medida de los partidos de la derecha.

 

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