COMUNICADO DE ESPACIO ABIERTO ANTE LA SUSPENSIÓN POR PARTE DE IU DEL ACUERDO DE GOBIERNO CON EL PSOE EN ANDALUCÍA

PIERDEN LOS CIUDADANOS, GANA LA DERECHA

(Madrid, 11 de abril de 2014).-La posible ruptura del acuerdo de gobierno entre el PSOE e IU en Andalucía sería una mala noticia para la izquierda. Con esta decisión no sólo perderíamos quienes apostamos por el entendimiento común y plural de las izquierdas sino que, sobre todo, perderían los ciudadanos. Eso sí, se alegrará la derecha y sus voceros que vienen jaleando la noticia en estas últimas horas intentando que se consume en la realidad.

Las fechas que anteceden a cualquier cita electoral son proclives al distanciamiento de los socios de gobierno que, supuestamente, ven amenazada su “pureza” e integridad como consecuencia de buscar rédito electoral aunque sea a costa de los intereses de la mayoría. Estamos ante una mala antesala para las elecciones europeas y la necesidad de proponer nuevos contenidos para otra europa, gobernada de otra forma y protagonizada por los ciudadanos.

Lo ocurrido en el realojo de las familias desahuciadas en Sevilla es un problema social. No un problema de partidos y ni siquiera un problema político. No cabe la demagogia en la solución ni en su utilización partidista. El respeto a las leyes y al sufrimiento de muchas otras personas que ven peligrar no sólo su casa sino su trabajo, su educación, su sanidad y una mínima renta que les haga valedores de su dignidad como persona es tan importante como el derecho a una vivienda. Hay algo peor que el funcionamiento de “la ley de la selva” y es la propia “selva sin ley”.

El diálogo en las instituciones que prioriza los derechos ciudadanos debe anteponerse a los intereses partidistas y electorales. ¿Sería mejor el futuro de los desalojados de “La Corrala” con otro gobierno de la derecha que pudiera llegar fruto del desencuentro actual? Sabemos que no. Por eso es imprescindible retomar el diálogo entre los partidos del actual gobierno. Pero también con los representantes de movimientos vecinales y consumidores, sindicatos y colectivos sociales que puedan ayudar al encuentro y el reencuentro porque todos nos jugamos mucho.

Gobernar implica decidir y rectificar. Y tanto PSOE como IU son gobierno y ambos tendrán que pensar más en la ciudadanía que en las urnas. Más en las personas que en los intereses electorales. Más en las soluciones reales, legales y equilibradas que en atender las presiones internas de dirigentes que desde sus respectivas formaciones se sienten incómodos porque esta experiencia de compromiso común funcione bien. Por otra parte, un posible adelanto electoral puede parecer una salida fácil pero constituye una respuesta negativa a esta crisis. No se trata de buscar elecciones y mayoría; sino que debemos saber gestionar el respaldo dado a la pluralidad.

Para construir un futuro de acuerdos es imprescindible un presente de diálogo. Retomemos el camino para derrotar a la derecha.

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Superar la discrepancia

Artículo de Héctor Maravall

Publicado en http://www.nuevatribuna.es

 

No me gustaría estar en estos momentos en la piel de Elena Cortés, Consejera de Fomento de la Junta de Andalucía, ni de Diego Valderas, vicepresidente del gobierno andaluz. Los dos tienen una muy difícil papeleta encima de la mesa.

Elena tiene suficientes razones, legales y sociales, para afrontar el desalojo de los desahuciados en viviendas facilitadas por la Consejería. Pero su decisión puede entrar en colisión con los derechos adquiridos por otras familias, también en situación desesperada y en lista de espera.

Si gobernar en coalición siempre es muy complicado, lo es más aún en tiempos de crisis y de ajustes presupuestarios. Y todavía resulta más complejo si se está gestionando un ámbito social en el que hay una gran presión de demandas no satisfechas, como es el de la vivienda social.

No nos engañemos. La izquierda alternativa, como IU, no tiene fácil gobernar con el PSOE y viceversa. En el PSOE hay fuertes y arraigadas tendencias a un tipo de gestión excesivamente tecnocrática, que obvia los aspectos políticos, sociales e ideológicos. Por nuestra parte, en IU, tenemos todavía una muy escasa experiencia de gobierno, salvo en el ámbito local. Esto nos lleva a la disyuntiva entre cumplir lo que nos dictan nuestras ideas y lo que establece la legalidad o los pactos; con frecuencia caminamos en el filo de la navaja y nos vemos empujados por el voluntarismo de querer resolver los graves problemas de la gente  como sea.

En el conflicto actual, parece evidente que la Consejera de Fomento no solo tiene razones sociales sino también mandatos legales que cumplir por imperativo judicial. Pero antes de tomar una decisión, con tanto impacto mediático y con previsibles consecuencias políticas, sin duda hubiera sido oportuno consultarlo y tratarlo con los socialistas de la Junta de Andalucía para buscar una salida satisfactoria para todos.

A su vez, a la presidenta de la Junta le ha faltado tiempo para tomar una decisión aparatosa y con una evidente dosis de prepotencia y hasta de provocación: retirar la competencia de realojos a la Consejera. Es como si quisiera llevar a IU al borde del precipicio y decirles: “o tragáis o saltáis”. Y esa no es manera de tratar a un aliado de gobierno, salvo que se pretenda socavar la coalición o romperla.

Porque si hay algo claro en este momento es el interés que desde diversos y opuestos ángulos hay en que fracase la experiencia de gobierno PSOE-IU en Andalucía.  Intereses en la derecha, y no hay mas que ver la inmediata y oportunista reacción del PP, ofreciendo al PSOE su abrazo del oso si rompe con IU. También hay intereses dentro del PSOE de quienes no les gustan nada, ni antes, ni ahora y mucho menos en el futuro, gobiernos de coalición entre el PSOE e IU. Y por supuesto  dentro de IU, en España y sobre todo en Andalucía, hay minorías que no simpatizan nada con estas iniciativas de colaboración con el PSOE y están esperando a la primera de cambio para pedir la ruptura del pacto.

Hay que encontrar una formula razonable para superar el conflicto. Nos estamos jugando mucho con el gobierno de coalición PSOE-IU en Andalucía. Así lo he afirmado en otros escritos. Si queremos desplazar a la derecha del gobierno del Estado, de la mayoría de las Comunidades Autónomas y de muchos Ayuntamientos, no hay otro camino que gobiernos de coalición de izquierdas plurales y diversas. Muchos de ellos entre el PSOE e IU. Pero también en muchos ámbitos habrá que sumar, también, a otras fuerzas ecologistas, nacionalistas y progresistas para articular una alternativa institucional a la derecha que hoy nos asola. Por eso debemos recorrer y allanar el camino para un gobierno de coalición progresista en España entre el PSOE e IU y quizás otros sectores de la izquierda. No será una tarea fácil. Vamos a encontrar fuertes presiones para que la alternativa al gobierno del PP, sea un gobierno PSOE-PP, como esta defendiendo insensatamente el propio Rodríguez-Zapatero y otros lo piensan, aunque por ahora no lo dicen. También desde sectores desde esa misma IU se fomenta y propaga la idea de que esa “gran coalición” es inminente, como una forma de ataque al PSOE y de autodefensa ante nuevas formaciones de izquierda que pueden restarle votos “por su izquierda”. Pero, en todo caso, debemos tenerlo claro: un gobierno de gran coalición PSOE-PP, seria apostar directamente por una salida a la crisis de carácter neoliberal. 

Los futuros gobiernos de coalición, si los logramos, van a ser tremendamente complicados y con una gestión postcrisis dificilísima; es imprescindible afinar bien en los programas electorales, tanto en el PSOE como IU. No podemos escribir “cartas a los Reyes Magos”, sabiendo de antemano que no se van a cumplir. La recuperación de la credibilidad de la izquierda pasa porque nos comportemos con rigor y tratemos a la ciudadanía con respeto y sin menospreciar su inteligencia.

Por eso es tan importante que la experiencia de Andalucía no fracase. Es la hora de tener las ideas claras y la cabeza fría. El futuro de la izquierda se sustenta en su capacidad de diálogo y de acuerdo. No nos defraudemos.

Opsoesión

Publicado en http://www.huffingtonpost.es

José Francisco Mendi

7 de abril de 2014

 

Obsesión es una palabra de nuestro diccionario, heredada del latín, que hace alusión a una perturbación producida por una idea fija que asalta de modo tenaz nuestra mente. La política está llena de obsesiones. En los objetivos, en los medios y en las personas. De forma habitual los seres humanos somos unos buenos receptores, y acogedores, de obsesiones. Al mismo tiempo emitimos respuestas para contrarrestar la persistencia de esas ideas centrípetas que controlan, conscientemente, nuestro comportamiento. Y, finalmente, la justificación se convierte en explicación para dar apariencia de racionalidad a nuestras creencias. Aznar protagonizó e inmortalizó a la perfección esa mezcolanza de fe y obsesiones con aquella falsa seguridad en la que afirmó en el año 2003 que sabía que Iraq tenía armas de destrucción masiva.

Las estrategias políticas y electorales han estado siempre vinculadas a las obsesiones. En los regímenes totalitarios la obsesión la impone el poder establecido por la fuerza del miedo, el control y el terror como forma de perpetuarse. En las democracias la obsesión se comparte entre quienes quieren ganar las elecciones y quienes no quieren perderlas. Lo curioso es que la obsesión de los gobiernos por no salir derrotados de los comicios es lo que suele conducirles a la pérdida del poder.

La historia reciente nos demuestra que las mentiras de Aznar tras los atentados del 11-M fueron la causa y la consecuencia de sus propias obsesiones. La sensatez de la ciudadanía en las urnas triunfó sobre la patología política del máximo responsable del Partido Popular. Después llegó Zapatero que comenzó su primera legislatura con una importante dosis de estabilidad “neuropolítica” (un concepto muy interesante impulsado, entre otros autores, por W.E. Connolly, Neuropolitics: thinking, culture, speed”. Minneapolis: University of Minnesota Press, 2002). El final de su mandato se rigió, de nuevo, por las obsesiones. La principal tenía como justificación algo tan humanamente comprensible como absurdo políticamente: su obsesión por no pasar a la historia como el presidente del gobierno que pudiera protagonizar el primer rescate e intervención de España por parte de la troika y la Unión Europea. Consiguió algo bueno para él, menos malo para el país y muy desastroso para los ciudadanos y sus derechos (en éste cómputo catastrófico contamos también con las consecuencias de la inminente, evidente y previsible derrota del PSOE que iba a dejar en manos del Partido Popular la mayor cota de poder conservador en democracia).

Hoy la obsesión de Mariano Rajoy consiste en “ejecutarnos” a la perfección con las obsesiones antisociales de la derecha política y económica de España y Europa. Y lo hace obsesionado por no desgastarse, no comprometerse, no decidirse, no mojarse, no, no y no… La estrategia de “mariano-nonismo” lleva no sólo a que su obsesión sea política, sino a transformar la política en pura obsesión. Esta obcecación por el pasado del PSOE se merece una terminología propia en el ya de por sí audaz mundo de las definiciones psicopatológicas: la “opsoesión”. La acabamos de ver en su primer mensaje electoral. “Nadie os echa de menos”, dicen en un vídeo desde el PP dirigiéndose al anterior gobierno socialista. La justificación (explicación) de los recortes y las agresiones a los derechos ciudadanos, al empleo, la sanidad, la educación, las mujeres, los jóvenes, la justicia universal… viene de la mano de unos cajones vacíos que terminan su lamento en una rosa marchita.

No se podían haber reflejado mejor en cuarenta y ocho segundos todas las obsesiones de la derecha que dirige Rajoy, y a Rajoy. Aunque como las obsesiones tienden a volverse contra sus protagonistas, uno se imagina que esos muebles desvencijados se han grabado en la sede del Partido Popular en la calle Génova de Madrid. Allí siguen, esperando a su poderoso amo, esas cajas de caudales desnudas. Ahí están esos archivadores formateados a la nada. Al final, en la imagen de esa flor agotada por la inanición, seguro que hay una dedicatoria invisible a la cámara, en forma de SMS, para la obsesión de un amor que ya no está aunque nunca se ha ido. Dice así: “Bárcenas, nosotros, sí te echamos de menos. Tuyo, Mariano”.