Movildignación

Publicado en http://www.huffingtonpost.es

27 de septiembre de 2014

José Francisco Mendi

Psicólogo Clínico

Esta sociedad está anestesiada y ya no es posible tomar “el Palacio de Invierno”. Esta frase lapidaria para la izquierda proviene, precisamente, de la propia izquierda. Pero tal aseveración, tan depresiva como deprimente, ¿se ajusta a la realidad o más bien es la izquierda la que está soñando con “ovejas eléctricas”, rojas, de la mano de Philip K. Dick? Sin duda la tendencia a la melancolía ha sido una seña de identidad de las ideologías progresistas que, de tanto revisar la historia para encaminar el futuro, han terminado por abominar del pasado para explicar el fracaso de su presente. Es más, si pudiéramos establecer un cociente revolucionario éste crecería exponencialmente en la misma medida en que se incrementa la capacidad de repudiar la historia como causa última de la incomodidad con la realidad inmediata. En España la llamada “Transición” y la Constitución de 1978, con sus cesiones y concesiones, han sido y siguen siendo el blanco fácil de quienes achacan los barros actuales a esa etapa convulsa de polvareda e inestabilidad democrática que contuvo tanto diálogo como virulencia. Sin duda es el momento de revisar, actualizar, transformar y cambiar todo lo que decidamos entre todas y todos democráticamente. Faltaría más. La historia pasa y pesa, pero no pisa la realidad porque, precisamente, para eso es ya historia.
De ahí que la evolución de los comportamientos sociales en la historia reciente de nuestra democracia sea parte no sólo de la propia historia cronológica, sino del proceso de cambio psicológico que se ha ido produciendo a lo largo de nuestro crecimiento, ya sea individual, cultural y también social. Las grandes movilizaciones en los albores de la democracia en favor de las libertades, la autonomía y la amnistía dieron paso a multitudinarios actos electorales hoy inimaginables. La defensa de la democracia ante el golpismo, la oposición a la OTAN y la demanda de paz frente a la violencia del terrorismo fueron hitos de movilización clásica en nuestro proceso de madurez democrática. Entretanto la fuerza de los sindicatos de clase se había manifestado con éxito en la huelga general de 1988. Llegaron más tarde las manifestaciones masivas contra nuestra participación en la guerra de Iraq y las urnas echaron a Aznar de la Moncloa tras sus mentiras del 11-M. A partir de ahí, la depresión económica, y psicológica, que recorrió la última etapa de Zapatero puso en bandeja de Bárcenas al PP el poder en la mayoría de instituciones y territorios del Estado. Y la izquierda languideció. Sólo hay un estado psicológico peor que la depresión, la frustración. Y los progresistas se consideraban derrotados por su propia incomparecencia. En este marasmo de melancolía y derrota, sin capacidad de movilización, surgió el 15 M como un grito de rabia silencioso en pleno psicodrama de la izquierda. No hubo respuesta pero las preguntas seguían avanzando como una epidemia de movilización contenida. En las elecciones europeas de este año la epidemia ya se había convertido en pandemia.
En este sentido la psicología individual nos ayuda a entender el comportamiento de la sociedad y, de forma complementaria, el análisis de las respuestas de los grupos humanos que estudia la psicología social, nos aporta soluciones muy válidas para explicar el funcionamiento individual de los sujetos. La indignación motivadora muestra en pleno siglo XXI la misma fuerza movilizadora que vieron las calles de finales del siglo XX. La misma y tan diferente. Tan distinta y con la misma fuerza o superior. Entre la movilización que hemos conocido y la que vivimos hay tantas semejanzas como diferencias. Pero su capacidad y contundencia siguen haciendo temblar los cimientos del poder. Entonces fueron las manifestaciones callejeras. Hoy esa movilización plena de indignación bulle más en las mentes que en las calles. Pero también llena las urnas. Por eso quizás sea más apropiado hablar hoy de un nuevo concepto como la “movildignación” ciudadana. Un término que resume toda la fuerza de la movilización, todo el contenido de la indignación y toda la fluidez que hoy ofrece la Red en la que se difunde y propaga.
Nuevos conceptos para nuevos tiempos. Ni mejores ni peores. Diferentes. Los que tocan hoy. Los que entre todas y todos hemos construido en cada peldaño de la historia. Una historia para mirar, entender y aprender. No para añorarla ni repudiarla. Acercarse a la historia con sentimientos puede ser tan engañoso como hacerlo con la convicción de que al final se adaptará a nuestro pensamiento. La historia ayuda forjar nuestras ideas pero éstas no son las que construyen la historia sino que sólo la recorren. Admiremos el cuadro que tenemos ante nuestros ojos y no pintemos o tapemos sus bellezas ni sus vergüenzas. La historia ya las tiene gracias a sus protagonistas. Somos nosotros.

Podemos y el resto de la izquierda: encontremos una relación equilibrada

Publicado en http://www.nuevatribuna.es

El terremoto que ha generado la irrupción de PODEMOS en la vida política española se incrementa cada día que pasa. Y sus efectos en la izquierda no dejan de multiplicarse.

Más allá de mis discrepancias con ellos, lo cierto es que el revulsivo que han supuesto no puede valorarse más que positivamente. Han obligado a toda la izquierda a acelerar sus reflexiones, a salir del tran-tran en el que buena parte de ella se encontraba y han abierto la perspectiva de que sí es posible desalojar democráticamente a la derecha, lo que hace unos meses no parecía realista.

Es evidente que PODEMOS esta despertando, también, severas criticas. Muy en especial de que son jóvenes, inexpertos, sin programa…Había que ir matizando algunas de esas objeciones. ¿Qué edad tenía mi generación cuando protagonizamos la Transición? La mayoría de mis compañeros políticos y yo mismo andábamos por debajo de los 30 años y nos sentíamos capaces y preparados para cambiar España y construir la democracia. ¿Qué experiencia de gobierno acumulaban los socialistas y los comunistas cuando llegaron a los gobiernos municipales en 1979? Pues ninguna. Eso sí tenía un programa e ideas trabajadas con mucha ilusión, sabían lo que querían y lo que no querían hacer y lo hicieron bastante bien.

Hay también quienes dicen que no nos pongamos nerviosos, que el soufflé de PODEMOS  se desinflará y que no soportarán la prueba de los sucesivos procesos electorales ni las contradicciones que puedan producirles las alianzas y las posibilidades de gobierno. No lo sé, ni creo que nadie lo sepa, pero no se puede hacer política con  la esperanza de que PODEMOS  explote o se debilite.

Pero sino comparto esas criticas, en el fondo conservadoras, tampoco entiendo algunas reacciones, en mi opinión precipitadas y nerviosas, de sectores de la izquierda que quieren a toda prisa juntarse o incluso fusionarse de una u otra forma con PODEMOS, pensando quizás que  así podrán participar de su ascenso electoral y evitar ser arrollados y dejados en la cuneta.

Aunque la historia nunca se repite de igual manera, no vendría mal recordar el proceso de fusión en el verano de 1936 de las Juventudes Socialistas y las Juventudes Comunistas, que dieron lugar a la Juventudes Socialistas Unificadas. Los Socialistas eran muchos mas, estaban mucho mas organizados y consolidados, frente a los Comunistas, que eran pocos, eso sí muy entusiastas y combativos, tenían pocas propuestas pero muy contundentes. Las JSU crecieron como la espuma tras la unificación y fueron un instrumento fundamental en la movilización de l@s jóvenes a favor de la Republica. Pero en ese proceso quienes impusieron su política, sus formas de organización y de lucha, fueron los Comunistas, que devoraron política y orgánicamente a los socialistas, sumidos, dicho sea de paso, en divisiones y desconciertos varios. En definitiva la JSU se sitúo en la esfera del PCE.  Y al cabo de un tiempo el PSOE se vio en la necesidad de reconstruir las Juventudes Socialistas, con escasísimos resultados.

Insisto, los procesos y circunstancias son muy distintos, pero hay que pensar con tranquilidad las cosas, no se vaya a producir un camino de fagocitación de IU, de la que después muchos se arrepientan.

Pero entre la convergencia precipitada, el deslumbramiento o el seguidismo papanatas y la ignorancia o pasividad hay un trecho enorme. En mi opinión las diversas izquierdas, que hasta ahora se identificaban bajo la descripción genérica de izquierda alternativa, deben impulsar diversas vías de colaboración estable con PODEMOS, desde una actitud de respeto que no eluda el debate político y la exposición de las divergencias.

Porque hay divergencias y sobre todo zonas todavía muy nebulosas y magmáticas y se puede y se debe influir en el complejo proceso que inevitablemente va a vivir PODEMOS  de maduración programática y organizativa. Como también es imprescindible que nosotros aprendamos de las innovaciones que reflejan con su práctica política y su relación con la sociedad. 

A la izquierda alternativa “clásica” nos interesa y mucho que PODEMOS no evolucione hacia posiciones de extrema izquierda (como la que representan p.e. el grupo “Izquierda Anticapitalista”), menos aun que se conviertan implícita o explícitamente en algo parecido a lo que representa el “Movimiento Cinco Estrellas” de Grillo en Italia y sobre todo que PODEMOS no explote como una estrella fugaz,  como consecuencia de sus contradicciones y dificultades de consolidación.

Tenemos, por tanto, que debatir y relacionarnos serenamente y constructivamente con ellos. En este sentido es una muy buena señal que los eurodiputados de PODEMOS  se hayan integrado en el grupo parlamentario de la Izquierda Unitaria Europea.

En lo que se refiere al PSOE, aunque sobre todo en las bases socialistas y desde luego en su electorado, también ha habido un evidente deslumbramiento y una petición, mas o menos articulada y explicitada, de que hay que asumir propuestas de PODEMOS, yo comprendo que es difícil de tragar abrir una vía de relación entre ambas organizaciones, con todas las feroces descalificaciones que PODEMOS  ha dirigido al PSOE. Además  no se si habría alguna disposición por parte del equipo de Pablo Iglesias para esta relación.

A pesar de ello, el PSOE, que es un partido muy realista, con mucha vocación de gobierno y que quiere volver a gobernar, debería ir explorando, con todas las cautelas que se quiera, la posibilidad de al menor hablar con ellos. Cosas muy difíciles se han visto, como el gobierno tripartito en Cataluña, sin olvidar las conversaciones entre Jesús Eguiguren,  líder del socialismo vasco  y Arnaldo Otegui líder  de la antigua Herri Batasuna (organización que asistió al asesinato de socialistas  sin condenarlos durante años)

Y no solo deben hacerlo los partidos y organizaciones políticas de la izquierda, también los Sindicatos deberíamos desde ya iniciar un proceso de relación lo mas estable posible con PODEMOS. Contribuiría  a que ambas partes aprendiéramos los unos de los otros y a buscar formas de colaboración en este largo y duro camino de conseguir una salida progresista y solidaria de la crisis y por supuesto a superar algunos clichés que tienen sobre el sindicalismo de clase.

En definitiva con PODEMOS  hay que encontrar una relación y colaboración estable, madura, de compañer@s de camino, incluso desde la rivalidad y competencia electoral que pudiera llegar a producirse. Porque es muy posible y deseable que en los próximos años tengamos que estar juntos, no solo en la calle, que casi siempre lo estamos, sino gobernando en las instituciones.