¿Construir un nuevo sindicato?

Héctor Maravall

Publicado en http://www.nuevatribuna.es

Ha habido en nuestro país diversos intentos de crear sindicatos. Desde los que protagonizaron sectores afines a la derecha nacionalista catalana, hasta los que en diversos momentos propició la derecha gobernante, primero la UCD y después el PP, incluso en fechas muy recientes. Los resultados están a la vista.

Ahora se habla de la construcción de un Sindicato, más o menos ligado a PODEMOS, como respuesta a lo que consideran deterioro del sindicalismo de CCOO y UGT. Ellos sabrán. Pero les convendría echar un vistazo a la historia del movimiento obrero.

Como es sabido, en España y en los países de nuestro entorno, construir un sindicato nunca ha sido tarea fácil ni mucho menos rápida. En la mayoría de los casos el soporte de opciones políticas ha sido decisivo, tanto en los sindicatos de origen comunista, socialista o democratacristiano; incluso en el caso de los sindicatos de orientación anarquista, contaron con el impulso de organizaciones libertarias. Desarrollar un sindicato ha requerido históricamente un tremendo esfuerzo militante, un lento y sistemático trabajo organizativo y unas referencias ideológicas básicas, que solo pudieron  ser impulsadas desde una sólida organización política. Por supuesto hay alguna peculiaridad, como es el caso de las Trade Unions británicas que fueron las que crearon el Partido Laborista.

A diferencia de la decisión de crear un partido político, que es una opción abierta dirigida al conjunto de la población, la creación de un Sindicato pasa inevitablemente por la implantación y el trabajo en las empresas durante largo tiempo.

Es verdad que la historia no tiene por qué repetirse miméticamente y que las circunstancias cambian, pero aun y así conviene recordar lo sucedido en nuestro propio país. Además de los dos grandes sindicatos históricos, UGT y la CNT, la única experiencia más reciente de construcción de un sindicato de masas, ha sido CCOO. Por supuesto existen tres sindicatos de carácter  nacionalista, ELA-STV,  LAB y CIG,  muy vinculados a opciones políticas nacionalistas y con exclusiva implantación territorial en el país Vasco y en Galicia respectivamente. Hay otra opción sindical, USO, de implantación muy reducida y pequeños sindicatos corporativos especialmente en las administraciones públicas.

Por mi edad y mi trabajo tuve ocasión de asistir al difícil proceso de construcción de las CCOO. Eran tiempos de ilegalidad, pero en sus orígenes la mayoría de los sindicatos se forjaron en la clandestinidad o en una tolerancia restringida. Es conocido que Comisiones Obreras fueron fruto del rechazo cada vez mayor a finales de los años 50 del siglo XX de la administración sindical falangista por parte de muchos trabajadores y de la lenta aparición o reaparición de militantes comunistas en los grandes centros de trabajo. Las iniciales Comisiones Obreras no fueron obra exclusiva de los comunistas, participaron también cristianos con vocación social, falangistas desengañados o trabajadores sin adscripción ideológica, pero dispuestos a defender sus derechos. Sin embargo lo que dio continuidad, organización y coherencia a ese incipiente movimiento sindical fue el trabajo de los comunistas.

Fueron casi 20 años de trabajo y lucha en las empresas lo que permitió que en 1977 se pudiera dar el paso a la creación formal del sindicato. En ese tiempo unos muy pocos miles de activistas se dedicaron a defender sin tregua a l@s trabajadores. Recuerdo perfectamente cómo venían a los despachos laboralistas trayendo a compañer@s, a menudo con miedo y desconfianza, para reclamar unas horas extras, una sanción, un despido, unos pluses no pagados o una invalidez no reconocida. Cómo esos militantes obreros se empapaban y eran auténticos expertos en la legislación laboral para sacar el máximo provecho en la defensa de los intereses de sus compañero@s. Cómo estaban pendientes de cualquier problema para apoyarles, para plantearlos ante el empresario. Cómo sufrían las represalias laborales y desde luego policiales, por esa labor.

Y comprobamos que poco a poco los empresarios más espabilados  empezaron a aceptar que tenían que entenderse y negociar con aquellos militantes de CCOO, si querían que funcionara su empresa.

Sí, construir CCOO fue un camino muy laborioso, con mucho sacrificio, mucha constancia, al principio con frecuentes derrotas, pero que fue decisivo para lograr la democracia y el avance de los derechos laborales y sociales en España. Y después, ya en democracia, el trabajo sindical siguió siendo duro y complicado. El convenio colectivo se convirtió, como no podía ser de otra forma, en la espina dorsal de la acción sindical. Los Convenios son en definitiva la razón de ser del sindicalismo  clase y la vara de medir la utilidad y el papel del mismo.

Negociar un convenio colectivo y sobre todo lograr un buen convenio,  no es llenarse la boca o los panfletos de magníficas reivindicaciones. Requiere formación, información, experiencia, capacidad de saber hasta dónde se puede llegar y dónde no se puede ceder y eso no se aprende en los libros ni en las tesis doctorales. Conseguir un buen  convenio requiere una arraigada presencia en los centros de trabajo, para ir creando las condiciones que permitan que lo que se reivindique esté asumido por el conjunto de la plantilla y que los negociadores cuenten con el  respaldo de sus compañer@s.

Y también tiene todas las características de un Convenio Colectivo la negociación con las Administraciones Públicas, con los gobiernos, en materia de políticas sociales, económicas, laborales, fiscales, etc.

Esa es la experiencia real del sindicalismo hasta hoy.

Es cierto que hay un fuerte deterioro de la imagen de los dos grandes sindicatos y que hemos cometido errores de bulto. Es verdad que la acción sindical, tras siete años de crisis y seis millones de parados, es dificilísima y con resultados a menudo muy insuficientes. Como también es evidente que hay una fuerte, sostenida y relativamente exitosa campaña desde múltiples frentes contra el sindicalismo de clase, para asegurar que la salida neoliberal de la crisis se imponga sin cortapisas.

Es verdad. Los sindicatos de clase tenemos que hacer un profundo cambio para superar nuestras limitaciones y errores. Tenemos que adecuar nuestra acción sindical a las nuevas realidades de la globalización, de los cambios tecnológicos, de las transformaciones en las formas de producción y en las nuevas vías de comunicación y relación en la sociedad. Efectivamente tenemos mucho que hacer, pero sin olvidar que el sentido de nuestra función sigue estando de manera fundamental en nuestra labor cotidiana en los centros de trabajo.

En ese proceso de cambio que ya estamos empezando, sería muy bueno contar con el estímulo, las ideas y el trabajo de compañer@s vinculados o simpatizantes de PODEMOS. Sería mucho más eficaz y efectivo que intentar montar un sindicato por su cuenta.

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Los árboles del 9N y el bosque de la crisis

Publicado en http://www.nuevatribuna.es

Héctor Maravall

Las derechas gobernantes en Madrid y en Barcelona están decididas a llevarnos a un callejón sin salida. Y mientras el mundo se mueve y se transforma por días, por horas, nosotros estamos absortos en una polémica propia del siglo XIX y nos mantenemos al margen de los grandes debates que se están dando sobre el panorama postcrisis o p.e. sobre el trascendental y muy complejo acuerdo que se está negociando entre la Unión Europea y los Estados Unidos, de enorme trascendencia para nuestra economía.

La movilización del 9-N fue muy importante por dos razones. En primer lugar porque sacar en torno a 2 millones de personas a la calle no es cualquier cosa, aunque se cuente con un impresionante y sostenido despliegue de apoyo gubernamental de la Generalitat y con la ayuda inestimable de la sucesión de torpezas del gobierno de Rajoy; pero siendo una grandisima movilización que sería un grave error minusvalorar, ha quedado lejos de ser mayoritaria. En segundo lugar porque pasarnos semanas y semanas debatiendo sobre qué hacer el 9-N, ha conseguido que ni en España ni en Cataluña la ciudadanía se entere de los presupuestos para el año 2015 y que el debate parlamentario sobre los mismos, el tema mas importante de cada año parlamentario, pase sin pena ni gloria o todo lo mas con las cuchufletas del Ministro Montoro. Presupuestos que en Cataluña van a tener una reducción de nada menos que 4.000 millones de euros.

Así que todos los que parten el bacalao en Madrid y Barcelona están contentos. Los que no deben estar tan contentos son los millones de parados de nuestro país, cuya situación esta en lista de espera dentro de las prioridades de los dos gobiernos neoliberales.

Y después del 9-N, Rajoy más de lo mismo y Artur Mas, ídem; viendo como pueden sacar tajada electoral del desastre que han provocado.

Tenía la ingenua confianza que el PP iba a moverse algo. Me había animado el razonable articulo conjunto de los exministros Josep Piqué (PP) y Jordi Sevilla (PSOE) publicado en El País y también me había sorprendido gratamente la moderación del portavoz de Societat Civil Catalana, José Ramón Bosch, al que tuve ocasión de escuchar hace unos días, oponiéndose a cualquier medida de judicialización de la consulta y llamando a la negociación política. Vanas ilusiones. Las cada día mayores incertidumbres de la recuperación económica, mas la ristra de escándalos de corrupción,  obligan a Rajoy a seguir poniendo el foco en el reto independentista.

¿Y la izquierda qué hacemos? Seguimos sin encontrar nuestro espacio diferenciado de unos y otros. El PSOE esta condicionado por su ambivalencia: por una parte el respaldo, en exceso legalista, a las posiciones del gobierno estatal y por otro el apoyo matizado a los socialistas catalanes. Pedro Sánchez intenta diseñar una posición mas autónoma de la que tenía Pérez Rubalcaba o a la que sigue teniendo Susana Díaz, pero no termina de tirar hacia delante. Es cierto que no son  nada fáciles los equilibrios de diversa índole que deben mantener los socialistas, pero tendrían que realizar una campaña mucho mas capilar y extensa en el conjunto del país, sobre como ven ellos la reforma constitucional, el modelo federal y el proceso de pronunciamiento de la sociedad catalana. Y los socialistas deben ser muy firmes en la oposición tajante a las querellas u otras medidas judiciales contra el gobierno catalán, eso sí sin caer en algunos excesos como los del expresidente Montilla y su declaración de amor a Artur Mas.

En cuanto a Izquierda Plural, lo primero que debería tener en cuenta son los resultados de la famosa consulta en el cinturón industrial de Barcelona, donde los nacionalistas han patinado cosa mala. Por mucho que se empeñen una parte de las cúpulas de ICV y de la CONC (UGT en Cataluña es un caso perdido para la sensatez) la clase obrera catalana no está por el independentismo y sobre todo no está por hacerle el caldo gordo al gobierno ultraliberal de Artur Mas. Es verdad que las tensiones internas en ICV y en la CONC bordean la ruptura interna, pero su ambigua postura no contribuye a dar la batalla ideológica al nacionalismo neoliberal y tampoco genera suficientes apoyos entre las clases trabajadoras catalanas.

¿Y que decir de PODEMOS? Seguimos sin saber cual es su propuesta al respecto, además de nadar y guardar la ropa.

Mientras, crece la desigualdad social en toda España, incluida Cataluña. Sigue cayendo la protección económica a los desempleados. La atención a la dependencia sigue atascada. El crédito no llega a las PYMES, los autónomos y las familias. No hay respuesta a las recomendaciones de organismos internacionales que nos dicen que hay que reducir la desigualdad salarial, pero a la baja. Los servicios sociales están desmantelándose. Los jóvenes de clase media siguen haciendo las maletas camino de la emigración.

Así que sigamos en el laberinto de Rajoy y Artur Mas, que ya otros decidirán por nosotros (y ahí si que no valen referéndums de ningún tipo) cual es el futuro que nos espera tras la salida de la crisis.

La navaja de Monago

José Francisco Mendi

Publicado en http://www.huffingtonpost.es

“Pluralitas nos est ponenda sine neccesitate”. Con este frase del monje franciscano Ockham se consolida el llamado “principio de parsimonia” (lex parsimoniae) en la ciencia. Constituye el cimiento de cualquier hipótesis científica. Nos viene a decir que si algo se puede explicar de una forma sencilla no es necesario acudir a explicaciones más enrevesadas y complejas.
En política las explicaciones y justificaciones de las conductas y comportamientos en los partidos y sus representantes institucionales suelen incumplir este principio. Pero la realidad se impone siempre y la ley universal de la economía de las hipótesis, regulada por la “navaja de Ockham”, se refiere a lo verdaderamente ocurrido, no a las explicaciones subjetivas de lo acaecido.
En estos tiempos de sobresalto cotidiano sobre la honestidad de algunos representantes públicos, la ciudadanía aplica con claridad este principio científico de parsimonia. En todos los sitios hay ovejas negras, evidentemente. Pero no es casualidad que todas se junten en el mismo lugar. El primer postulado basado en la probabilidad es fácilmente comprobable. El segundo requiere una explicación más racional que nos resuelva las incógnitas del problema para alcanzar la solución que, en este caso, consiste paradójicamente en conocer el problema. Es evidente que en todo comportamiento de corrupción hay corruptores y corruptos. La honestidad de los representantes públicos alcanza su plenitud cuando resiste y se resiste a la tentación de la manzana en forma de “tarjeta black”, de comisión por parte de un constructor o, sencillamente, por el impulso de nuestro “Ello” freudiano al que se recompensa utilizando billetes de avión con cargo al erario público. Por eso no es creíble la intrínseca maldad de las “ovejas negras” con “tarjetas negras” sin analizar el conjunto del problema. En la última versión de esta rocambolesca historia el señor Monago se desdice de su pretensión inicial de devolver el importe de sus visitas al archipiélago canario. Mientras, el Partido Popular sigue sin exigirle ninguna responsabilidad por “Ello”. Después de la teatral rueda de prensa del presidente de Extremadura todavía se entiende menos que el diputado por Teruel del PP, enzarzado también en cuestiones similares, haya dimitido y dejado su acta de diputado. Si ambos hacían lo mismo con cargo a nuestros bolsillos, e incluso podrían saludarse en el trajín de los aeropuertos, ¿tiene el señor Monago una mayor facilidad que sus compañeros para intentar camuflar lo evidente?, ¿por qué a uno se le hace dimitir y a otro no?, ¿ser presidente de una Comunidad es un atenuante o eximente? Más bien se trataría de un agravante en todo caso.
Las explicaciones de todos estos comportamientos son inútiles en términos de ciencia política. Pero también lo son en clave ciudadana. El problema deviene en que socialmente se generaliza lo más simple como verdad soslayando el método científico. “Todos son unos ladrones” se configura como la certidumbre más sencilla y por lo tanto creíble. Lo absurdo de este pensamiento irracional es que nos lleva a la conclusión contraria deseada por el monje franciscano. Y es que en psicología, especialmente en psicología social, debemos definir primero los parámetros para jerarquizar la sencillez de un proceso. El “principio de parsimonia” sólo es adecuado si la intuición no se apodera del escenario y la racionalización se impone en cada uno de los pasos del método científico. Incluso Einstein aportó como teoría “anti-navaja de Ockham”, la distinción entre “simple pero no más simple”. El riesgo de acabar transformando lo sencillo en simple y lo simple en irracional es fácil. “Dios creó el universo” es más simple pero no más sencillo que la teoría del “Bing Bang”. Pero sobre todo es profundamente irracional. Ockham luchó contra esto y quizás por eso fue excomulgado. A diferencia de Monago.

Asturias, de la melancolía a la esperanza

Rubén Fernández Casar

Publicado en http://www.asturias24.es/

Todo el mundo sabe que son malos tiempos o al menos turbulentos. Todo cambia y el futuro es imprevisible. Lo sabemos especialmente en el Sur de Europa y, de manera particular, en España y en Asturias.

En Asturias tenemos más tendencia a la melancolía, algunos dirán que forma parte de nuestro carácter, aunque yo creo que tiene más que ver con la desmotivación y la falta de autoestima de un pueblo que hace mucho tiempo está en transición, aunque no se sepa muy bien hacia dónde. Aún está pendiente la definición a medio plazo de nuestro modelo de crecimiento y desarrollo y de nuestra cultura como pueblo.

Pero los asturianos que estamos fuera tenemos otra perspectiva, quizá más objetiva, o menos determinada por lo inmediato y lo concreto, por eso cualquier comparación resiste: nuestra sociedad tiene muchas fortalezas que desde dentro de Asturias no se valoran lo suficiente. Pero no hay que ser complacientes, los problemas profundos existen y devienen de la situación general que está ahí fuera, y, por lo tanto, las soluciones a la intensa crisis deben venir desde los gobiernos de Europa y de España, pero no por ello hemos de cruzarnos de brazos a la espera de soluciones que vendrán o no, mientras la sociedad asturiana las reclama de inmediato. Hemos de ser conscientes de que existen márgenes de actuación y que son precisamente éstos los que habrán de consolidarse desde los ayuntamientos y desde el gobierno de Asturias.

Quiero destacar nuestra fuerza, aun a pesar de los recortes profundos de nuestros servicios públicos producidos por el gobierno del PP. Especialmente la sanidad pública asturiana es una apuesta fuerte por la modernidad, el nuevo HUCA nos coloca a la cabeza de España en sanidad y por lo tanto en el mundo; la apuesta por este modelo es radicalmente diferente a lo que sucede en casi todos los lugares de España: miremos Madrid o la Comunidad Valenciana o Cataluña o casi todas las comunidades. Perdernos en episodios sobre su puesta en marcha, no hacen sino sumirnos un poco más en la melancolía. La calidad y la apuesta por lo público en la sanidad asturiana nos cuestan mucho, pero es una inversión imprescindible para nuestro futuro. De esto si podemos estar orgullosos.

En muy poco tiempo cerraremos prácticamente nuestra red de infraestructuras. Ha tardado mucho, pero mucho, y ha costado muchísimo, pero con la llegada de la Alta Velocidad en 2015, con la culminación de las autovías en estos meses y con la ampliación del Puerto de Gijón, estaremos en condiciones de afrontar el futuro con mayor garantía.

La enseñanza pública en Asturias se mantiene desde la apuesta por la educación pública y se caracteriza por su calidad y por ser referente en la aplicación del criterio de igualdad frente la educación clasista que es hegemónica en la política de de los gobiernos de la derecha.

Como apuesta clara por el mantenimiento de los servicios públicos básicos, contamos en Asturias con el Salario Social

En estos momentos de crisis estas son las trincheras de resistencia que han sido motivo de movilizaciones sociales en el conjunto de España. Mientras en el resto del país los pilares del bienestar social conseguido en las últimas tres décadas se desmoronan en manos del Partido Popular, en Asturias tenemos un Gobierno tranquilo, no brillante, pero bastante seguro, con los pies en la tierra, pero a la vez un Gobierno solo, sin colaboración y sin estabilidad suficiente. Echo mucho de menos un Gobierno estable y progresista, como en Andalucía, o como en Asturias durante casi ocho años. Aunque eso, por ahora, no tiene solución.

No tengo dudas de que después de las elecciones autonómicas del próximo año habrá una mayoría progresista, de izquierdas, y eso, ya sin duda, debe traer consigo un gobierno fuerte y estable, donde la colaboración deberá sustituir a la confrontación. Asturias lo necesita.

Los asturianos que estamos fuera siempre estamos orgullosos de nuestro pequeño país y sabemos valorar nuestra historia y el esfuerzo de todos. Aunque son muchas las dificultades, vemos que aún existen más razones para estar esperanzados. Nuestra voluntad son nuestras razones.

Izquierda Unida tiene futuro… si se lo trabaja

Héctor Maravall

Publicado en http://www.nuevatribuna.es

Resulta una nefasta paradoja que una de las consecuencias de la irrupción de PODEMOS en la escena política de nuestro país esté siendo el profundo debilitamiento de IU, precisamente una fuerza política que a lo largo de muchos años ha luchado por el fortalecimiento de la democracia y por el desarrollo de las políticas sociales.

De esta realidad no hay que echarle la culpa a PODEMOS; ellos van a lo suyo y por cierto haciéndolo muy bien en función de sus objetivos. En la crisis que está viviendo IU la mayor responsabilidad está en una parte de sus dirigentes y militantes que han entrado en un proceso de perdida de confianza en la viabilidad del partido y en la dificultad del sector que apuesta por la continuidad inequívoca de IU para difundir una propuesta convincente que justifique esa continuidad.

La banalización de los debates políticos en la que estamos inmersos, unida a la urgencia por desplazar en las urnas a la derecha gobernante y el tremendo espejismo en los meses anteriores a las elecciones europeas, cuando muchos dirigentes y militantes de IU llegaron a pensar que íbamos a desplazar al PSOE y a convertirnos en el referente mayoritario de la izquierda española, nos ha conducido a un estado de nervios y a unas prisas irrefrenables.

Hay quienes ven como única solución imitar a PODEMOS. Los hay que corren detrás de cualquier movilización, se suman a todas las pancartas y se apuntan sin discriminar a todas las campañas. Todo ello nos está impidiendo abrir una reflexión serena y rigurosa sobre el futuro de IU.

Vaya por delante que después de 47 años de militancia política, no sacralizo ni siglas ni partido. Pero desde luego tengo clarísimo que o la izquierda tiene sólidos y arraigados partidos, o no tiene nada que hacer frente a la derecha y sus diversas formas de ejercer el poder. Por supuesto que es muy importante ganar las próximas elecciones, pero hay que pensar en el día después y si IU se diluye u obtiene ínfimos resultados, para la izquierda será mucho más difícil trazar alianzas de gobierno y gobernar.

¿La izquierda en España necesita un partido como IU, con un programa transformador, con experiencia, con arraigo social?, ¿o esa opción existe ya o se esta construyendo fuera del ámbito de IU? En mi opinión no existe. El PSOE es una opción de izquierda moderada, imprescindible y decisiva para el cambio político en nuestro país y con quien hay que entenderse si queremos realmente desplazar a la derecha.

Pero es una opción distinta a lo que ha representado, representa y tiene que seguir representando IU. Y ¿PODEMOS? Todavía no sabemos, e imagino que ellos muy bien tampoco, cuál va a ser el espacio político de esta nueva fuerza, que se presenta como ni de izquierdas ni de derechas, que quiere ocupar la centralidad del mapa político y que según reconocen aun les queda muchísimo camino por recorrer para consolidarse como un partido ¿socialdemócrata? ¿republicano radical? ¿azañista?

Que IU en teoría sea necesaria y tenga espacio propio, no quiere decir que lo consiga y que sea capaz de evitar su descomposición.

La segunda pregunta que deberíamos hacernos es quienes y para qué necesitan especialmente la presencia y la acción de IU. Considero que son tres los ámbitos sociales a quienes deberíamos dirigirnos prioritariamente.

En primer lugar los trabajadores y muy en especial los afiliados a CCOO y UGT. Los mismos que en buena medida no se sienten identificados con muchas experiencias negativas de los gobiernos socialistas, pero a quienes tampoco les convence el radicalismo de propuestas y gestos de algunos dirigentes y organizaciones de IU. Las reivindicaciones sociolaborales, de las condiciones de trabajo, del empleo, deben ser una de las grandes prioridades de IU y no es que en el papel no lo sean, pero en la práctica cotidiana con frecuencia se ven desplazadas por otras muchas pequeñas y coyunturales batallitas. El camino no es solo decir que se está de acuerdo con CCOO y UGT y que se asumen sus reivindicaciones o estar presentes en las manifestaciones.

La organización de IU, sus militantes y dirigentes deben visualizarse, y no solo en campaña electoral, en los centros de trabajo. IU ha desaparecido hace muchos años de los centros de trabajo, lo que no hizo el PCE cuando era clandestino. Hay que dirigirse a los cuadros de CCOO y UGT para intentar afiliarlos. Resulta increíble que en la mayoría  de las direcciones de CCOO, a todos los niveles,  apenas hay afiliados a IU y no digamos en UGT. Las direcciones de IU deben marcarse como una prioridad organizativa su implantación en los sindicatos, donde además hoy por hoy no hay competencia.

En segundo lugar, IU debe dirigirse y trabajar con las ONGs del ámbito social y solidario. No los chiringuitos radicales, sino las grandes organizaciones implantadas en el ámbito de la cooperación al desarrollo, a la discapacidad, a la lucha contra la pobreza y la exclusión, al apoyo a las personas mayores, las organizaciones de profesionales de las políticas sociales (trabajadoros sociales, psicologos, terapeutas, gerontologos….). Con la inmensa mayoría de todos ellos IU puede compartir programas, valores, iniciativas. Sin embargo les tenemos olvidados, cuando no mostramos recelos. Sé muy bien que acercarnos a ellos, tras años de indiferencia no es nada fácil ni rápido, pero es imprescindible, eso sí descartando cualquier pretensión de manipulación o protagonismo. Y ojo o lo hacemos nosotros y ya, o lo hará PODEMOS, ahora que están en las cresta de la ola.

Y el tercer colectivo, son los catolicos con vocación social y solidaria, que son muchos y muy activos y en algunos casos coinciden con los anteriores. La Iglesia Católica puede estar comenzando un proceso de renovación, del que la izquierda debe estar muy interesada que se desarrolle y consolide, mas aun en un país como el nuestro.

He tenido la ocasión muy recientemente de participar en un Congreso organizado por Caritas-Foessa. Todo lo que allí se ha dicho, podría caber en el programa social, económico y fiscal de IU. He visto decenas de jóvenes voluntarios, de profesionales, incluso de religiosos, defendiendo una sociedad justa e igualitaria. ¿Por qué vamos a renunciar a encontrarnos y trabajar con ellos?

Yo que Cayo Lara o que Gaspar Llamazares hubiera mandado una representación de IU al referido Congreso y hubiera pedido inmediatamente después una entrevista con la dirección de Caritas para que nos explicaran el VII Informe sobre la Situación social de España, un documento formidable, ponernos a su disposición y colaborar con ellos para intentar  sacar adelante sus propuestas. Y lo mismo con Intermon-Oxfam.

Es evidente que para IU sería un cambio de chip notable dirigirse a este ámbito, pero con el tiempo, con inteligencia y sin afán manipulador, podríamos tener ahí un sector de confluencia más potente y real que algunas iniciativas convergentes que se airean por ahí y que no tienen nada por debajo. No olvidemos que el PCI de Enrico Berlinguer llegó donde llegó en los años 70 en buena medida por su apertura a los católicos italianos.

Si lográramos a medio plazo abrir un camino de relación y mutua influencia con esos tres amplísimos sectores sociales, el futuro de IU y sobre todo su utilidad política estaría asegurada. Como no lo estará es convirtiéndonos en la marca blanca de PODEMOS.