Asturias, de la melancolía a la esperanza

Rubén Fernández Casar

Publicado en http://www.asturias24.es/

Todo el mundo sabe que son malos tiempos o al menos turbulentos. Todo cambia y el futuro es imprevisible. Lo sabemos especialmente en el Sur de Europa y, de manera particular, en España y en Asturias.

En Asturias tenemos más tendencia a la melancolía, algunos dirán que forma parte de nuestro carácter, aunque yo creo que tiene más que ver con la desmotivación y la falta de autoestima de un pueblo que hace mucho tiempo está en transición, aunque no se sepa muy bien hacia dónde. Aún está pendiente la definición a medio plazo de nuestro modelo de crecimiento y desarrollo y de nuestra cultura como pueblo.

Pero los asturianos que estamos fuera tenemos otra perspectiva, quizá más objetiva, o menos determinada por lo inmediato y lo concreto, por eso cualquier comparación resiste: nuestra sociedad tiene muchas fortalezas que desde dentro de Asturias no se valoran lo suficiente. Pero no hay que ser complacientes, los problemas profundos existen y devienen de la situación general que está ahí fuera, y, por lo tanto, las soluciones a la intensa crisis deben venir desde los gobiernos de Europa y de España, pero no por ello hemos de cruzarnos de brazos a la espera de soluciones que vendrán o no, mientras la sociedad asturiana las reclama de inmediato. Hemos de ser conscientes de que existen márgenes de actuación y que son precisamente éstos los que habrán de consolidarse desde los ayuntamientos y desde el gobierno de Asturias.

Quiero destacar nuestra fuerza, aun a pesar de los recortes profundos de nuestros servicios públicos producidos por el gobierno del PP. Especialmente la sanidad pública asturiana es una apuesta fuerte por la modernidad, el nuevo HUCA nos coloca a la cabeza de España en sanidad y por lo tanto en el mundo; la apuesta por este modelo es radicalmente diferente a lo que sucede en casi todos los lugares de España: miremos Madrid o la Comunidad Valenciana o Cataluña o casi todas las comunidades. Perdernos en episodios sobre su puesta en marcha, no hacen sino sumirnos un poco más en la melancolía. La calidad y la apuesta por lo público en la sanidad asturiana nos cuestan mucho, pero es una inversión imprescindible para nuestro futuro. De esto si podemos estar orgullosos.

En muy poco tiempo cerraremos prácticamente nuestra red de infraestructuras. Ha tardado mucho, pero mucho, y ha costado muchísimo, pero con la llegada de la Alta Velocidad en 2015, con la culminación de las autovías en estos meses y con la ampliación del Puerto de Gijón, estaremos en condiciones de afrontar el futuro con mayor garantía.

La enseñanza pública en Asturias se mantiene desde la apuesta por la educación pública y se caracteriza por su calidad y por ser referente en la aplicación del criterio de igualdad frente la educación clasista que es hegemónica en la política de de los gobiernos de la derecha.

Como apuesta clara por el mantenimiento de los servicios públicos básicos, contamos en Asturias con el Salario Social

En estos momentos de crisis estas son las trincheras de resistencia que han sido motivo de movilizaciones sociales en el conjunto de España. Mientras en el resto del país los pilares del bienestar social conseguido en las últimas tres décadas se desmoronan en manos del Partido Popular, en Asturias tenemos un Gobierno tranquilo, no brillante, pero bastante seguro, con los pies en la tierra, pero a la vez un Gobierno solo, sin colaboración y sin estabilidad suficiente. Echo mucho de menos un Gobierno estable y progresista, como en Andalucía, o como en Asturias durante casi ocho años. Aunque eso, por ahora, no tiene solución.

No tengo dudas de que después de las elecciones autonómicas del próximo año habrá una mayoría progresista, de izquierdas, y eso, ya sin duda, debe traer consigo un gobierno fuerte y estable, donde la colaboración deberá sustituir a la confrontación. Asturias lo necesita.

Los asturianos que estamos fuera siempre estamos orgullosos de nuestro pequeño país y sabemos valorar nuestra historia y el esfuerzo de todos. Aunque son muchas las dificultades, vemos que aún existen más razones para estar esperanzados. Nuestra voluntad son nuestras razones.

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