‘Corruptio optimi, pessima’

Publicado en http://www.asturias24.es

Mariano Santiso

Hoy a los ciudadanos no les llegan ya las afirmaciones como las que estos días pronunciaba  la dirigente del PP Dolores de Cospedal: “La misma corrupción que hay en un partido político, la hay en la sociedad”. La falta de comportamiento ético de los políticos es el peor ejemplo, ya que como una correa de transmisión viene a justificar las malas prácticas de los ciudadanos. El principio romano corruptio optimi, pessima ya nos señalaba que la corrupción de los más altos representantes, de “las élites políticas y económicas” es la peor, la más sangrante, porque incide directamente en el pensamiento y en la acción ciudadana.

No sirve de excusa que haya ciudadanos corruptos porque las clases dirigentes, los políticos, tienen que ser ejemplo para la sociedad sobre la que gobiernan; ejemplo sobre esa ciudadanía que pretenden transformar. Si no es así ¿con qué legitimidad les van a pedir a la gente honradez? ¿Con qué derecho les van a pedir que contribuyan a la defensa de los derechos sociales, civiles y económicos que tan en entredicho se han puesto, se siguen poniendo en estos momentos de crisis? ¿Con qué legitimidad le vamos a pedir a los ciudadanos que paguen sus impuestos?

Paradojas de la vida: es una parte de la sociedad, esa que algunos señalan, la que está recordando a los políticos su obligación de servicio público, las que les recuerda lo conquistado, lo que no se puede ni debe perder, la que les exige decencia y honradez. A diferencia de  lo que ocurre en otros países, como en Francia, España no está adoleciendo de xenofobia ni de radicalismo, sino que demanda un revulsivo democrático y la recuperación de lo perdido en nombre de la crisis: la sanidad, la educación, las pensiones, la dignidad…logros que no se venden, no son moneda de cambio; sobre todo cuando el cambio aboca a un callejón sin salida.

la mano en el cajón

Es imprescindible apartar de la vida pública y exigir la restitución de lo robado a aquellos que hayan metido la mano en el cajón; especialmente si el hurto afecta a esos políticos que deben ser ejemplo de honestidad, y cuyas actuaciones ensombrecen el trabajo de los miles de alcaldes y concejales, de todos los partidos, que trabajan honestamente y, en su mayoría, gratuitamente para mejorar las condiciones de vida de sus vecinos.

Los asturianos que residimos y trabajamos en Madrid vivimos una eterna paradoja, en la capital nos consideran asturianos y en Asturias nos tienen ya por madrileños, convirtiéndonos en apátridas involuntarios. Sin embargo, esta paradoja nos permite tener un punto de observación más alejado de la refriega diaria en nuestra “aldea gala”, Asturias. Esa distancia no me impide seguir sintiendo como prioritaria mi tierra, así como mis ferrocarriles, y atender los avatares políticos; desde una experiencia política que me permite mantener la apuesta, como no podía ser de otro modo, por tratar de mejorar las condiciones de vida de los/as ciudadanos/as y pelear por una sociedad más justa y que promueva la igualdad de oportunidades.

Sigo con interés todos los días las noticias de mi Asturias y desde la distancia me produce tristeza ver que seguimos instalados en una crisis económica que golpea una vez más nuestro tejido industrial,  mientras  nos dedicamos más a destrozarnos y descalificar al adversario que a trabajar conjuntamente para solucionar los problemas.

Se reproduce en la vida diaria lo que llamo el síndrome del paso de cebra. Cuando uno es peatón se enoja con el vehículo que no se detiene y cuando uno es conductor se cabrea con el peatón que atraviesa despacito el paso de cebra. Así, cuando “los míos” cometen errores, los demás son corruptos.

atajos

Es verdad que uno de los modos de corrupción consiste fundamentalmente en tratar de buscar atajos para que una empresa consiga un contrato público saltándose los principios de concurrencia y  equidad; evitando  someterse a un proceso de selección de ofertas riguroso que garantice que el contrato se lo lleva la mejor propuesta en el binomio técnico y económico; pero en este diario goteo de casos se produce un silencio estruendoso, el de los propios empresarios y sus organizaciones. Se habla mucho de los corruptos y muy poco de los corruptores cuando es obvio que a quién perjudica en primera instancia es a las empresas excluidas de estos contratos millonarios.

Asturias lleva décadas sometida a una crisis industrial brutal en la que la pérdida de puestos de trabajo en la minería y en la industria ha sido tremenda, con un escenario en el que no hemos sido capaces de crear suficientes  empresas que fabriquen productos de alto valor añadido que aporten I+D, empresas que  generen puestos de trabajo productivos y que puedan competir en un mercado global.

Otra forma de sangrar a la sociedad es a través del BOE; así, los consumidores hemos “rescatado” además de a la Banca, a las eléctricas y hemos pagado en las últimas décadas 8.800 millones de euros (4.383 millones de la moratoria nuclear) o, traducido a pesetas,1 billón y medio por supuestos “costes de transición a la competencia” y “compensar el déficit de tarifa”. Estas cifras no las ha “ahorrado”  Bárcenas en 20 años.

La situación de Alcoa, que de paso utiliza a sus trabajadores como rehenes, es la expresión de la improvisación y “el dejar hacer”  de una Administración Central que no ha sido capaz de poner orden, o no ha querido, en el sector energético; enterrando miles de millones de euros que pagamos todos en nuestro recibo de la luz, para compensar los errores del sector privado; y aquí tienen su punto de importancia la utilización de personajes determinados con las llamadas puertas giratorias al servicio de las eléctricas. Eléctricas que, en agradecimiento, castigan a los usuarios y a los grandes consumidores como Alcoa o Arcelor-Mittal o Asturiana de Zinc, empresas estas últimas que ya advierten que pueden entrar en un proceso similar al de la multinacional del aluminio, asfixiando en Asturias la actividad industrial, precisamente la generadora de empleo estable y no especulativo, con las tarifas más caras de Europa.

No sé qué es peor por sus consecuencias, si la corrupción o la desidia.

Ganemos a Podemos contra el PSOE

Publicado en Dominio Público el 12 de diciembre de 2014

http://www.publico.es

José Francisco Mendi
Miembro del colectivo Espacio Abierto

 ¿El reto es echar a Rajoy o quién le gana? ¿Sacar al Partido Popular de las instituciones, y de nuestras vidas, o saber quién protagoniza esa necesaria limpieza democrática? La izquierda perdió la Guerra Civil porque parte de ella antepuso la revolución a la movilización común contra el fascismo. ¿Serán ahora las nuevas erupciones en la izquierda y sus aliados quienes rememoren los errores del pasado? ¿No hemos aprendido nada?

El año que viene hay elecciones generales, municipales y autonómicas en la mayoría de comunidades. El escenario más beneficioso o, mejor dicho, menos perjudicial para el PP es hacer coincidir todas las elecciones el mismo día. Eso sólo es posible que ocurra el 24 de mayo de 2015. No lo veo en ninguna bola de cristal sino en el sórdido reflejo de las gafas de Mariano Rajoy tras echar un vistazo a la Ley electoral y a sus propias competencias como jefe del Ejecutivo. El presidente acaba de decir que piensa agotar la legislatura. Entre su pasado de mentiras, salvo algunas cosillas, y que técnicamente podría defender que un adelanto de seis meses no es tal, estamos ante la evidencia de una hipótesis más que plausible. Sólo hay un factor que podría distorsionar esta conjunción electoral: un objeto rocoso de órbita errática alrededor de la política denominado Artur Mas. Si este asteroide del nacionalismo arrebata la iniciativa al actual inquilino de la Moncloa para adelantar las elecciones catalanas en ese entorno, o incluso para esa misma fecha, no sería del agrado de Rajoy acudir a las urnas en una cita “Mas”. Sería una nueva coincidencia de objetivos entre ambos líderes que volvería a poner de manifiesto las contradicciones de su consentida e interesada relación. Sin duda entre ellos se ha fortalecido un vínculo que les ha dado, y seguirá dando, rédito en ese juego de mutuo placer nacional sadomasoquista. El problema es que entre la “PPfobia” de unos y la “naciofilia” de otros se puede transformar esta relación mutua de interés común, con amor y odio incluidos, en un órdago que aniquilaría por igual a estos dos amantes tal como ocurrió en la tragedia de Shakespeare. Eso sí, con muchos más daños colaterales, en forma de calaveras sociales, que el genial dramaturgo inglés no podría adivinar. Al menos nos cabe la esperanza de que la derrota de ambos consiga que sus dos grandes familias, la española y la catalana, decidan seguir juntas aunque cada una tenga la libertad y  el derecho a vivir su propia vida.

Salvo ese importante factor de distorsión, que puede salvar mis escasas dotes para la precognición política, considero que el próximo año habrá elecciones generales el 24 de mayo. Como suele ocurrir en este país, no será por el grave deterioro de un Gobierno que ha desarrollado su acción legislativa a golpe de decreto aun cuando posee mayoría absoluta en las Cortes. Tampoco lo será porque ha gobernado en contra del programa con el que los electores le dieron el poder. Ni siquiera por la corrupción certificada en sede judicial que acredita la financiación ilegal del Partido Popular. No. No estamos ante una derrota social de un Gobierno que ha destrozado sin piedad los derechos y la vida de las personas. Asistimos a una necesidad de supervivencia de la especie conservadora. Es imprescindible que cuando la derrota es inminente se minimicen los daños. De esto sabe mucho Zapatero, por cierto. No debemos olvidar que Rajoy se formó con Aznar, ese doctor en nacionalismos, ya sea para pactar con ellos o para crecer contra ellos aunque ellos crecieran contra él.

En este escenario de necesidades y urgencias de la ciudadanía para derrotar a la derecha, la izquierda vive una de las etapas más convulsas del panorama político. Ha sido imprescindible que se dé una agitación política tan brusca, como la que vivimos de la mano de la indignación popular, para vislumbrar que el cambio político es, además de perentorio, posible.   La principal preocupación de las izquierdas debe ser la suma para conseguir el objetivo fundamental de eliminar, políticamente, a Rajoy y lo que significa. En definitiva convertir la pesadilla en pasado y recuperar los sueños perdidos. Para ello debemos evitar una puja en el seno de las izquierdas que llene de confrontación el protagonismo sobre quién simboliza mejor ese nuevo cambio político frente al acuerdo que implica que sea posible. Los protagonistas del mismo son todos los que deseen construirlo. Sin duda la suma de PSOE, Podemos, IU, Equo y otras fuerzas de carácter progresista de ámbito territorial son el núcleo, la fuerza, la razón y la emoción de dicho cambio. Y de la mano también de sindicatos de clase y colectivos cívicos sociales progresistas. Ahora bien si el discurso de las izquierdas a la izquierda del PSOE se centra en la derrota del “bipartidismo” querrá decir que estas opciones priorizan su protagonismo frente al cambio político. Afortunadamente la posición de Pedro Sánchez y la nueva dirección socialista en materias como la rectificación sobre la modificación de la reforma del artículo 135 de la Constitución es muy positiva. Por cierto una de las peticiones de este colectivo formuladas en nuestra intervención como invitados a la Conferencia Política del PSOE en noviembre del año 2013. Como también es de agradecer la contundencia en el rechazo de una hipotética, y trágica para el PSOE y la izquierda, coalición con el PP a pesar de los guiños en ese sentido de importantes e influyentes actores económicos y empresariales. Ayudemos desde la izquierda al PSOE, y no le empujemos hacia la derecha para que la “profecía auto cumplida” de un gran acuerdo con el PP se haga realidad en el futuro.

También en las otras izquierdas debe ampliarse el acuerdo y la colaboración en su propio seno. No conviene tampoco una excesiva polarización a la izquierda del PSOE ya que el entendimiento será más sencillo cuantas menos listas electorales se confronten. Así que no me parece contradictorio apoyar la colaboración en la izquierda del PSOE con la cooperación con el PSOE para derrotar al PP. Sin duda la fuerza de Podemos debe ser bienvenida a la escena electoral. Lo mejor que le ha pasado a España en este último año es que la canalización del descontento social la haya protagonizado una formación que está en la izquierda. Una opción que, con su éxito en las elecciones europeas, ha impedido que sean otras formaciones de tipo xenófobo, racista y ultraderechista, como las que cuajan en buena parte de Europa, las que se nutran de ese desencanto ciudadano. Enhorabuena a Podemos y a todas y todos. La madurez de su proyecto llegará al día siguiente de las próximas elecciones cuando tenga que tomar decisiones y formalizar acuerdos con el resto de la izquierda. El fracaso de esta nueva formación sería convertirse en la “UPyD de la izquierda”. Tampoco debemos olvidar que Podemos puede dotar a esta necesaria suma en la izquierda de algo que no pueden aportar hoy por hoy ninguna de las demás fuerzas, incluido el PSOE, votos desencantados provenientes del centro y la derecha que pueden sumarse, consciente o inconscientemente, a este frente para derrotar al PP. Por lo que se refiere a IU, sin duda la opción más dañada por la opción de Podemos a nivel estatal, debe abandonar su batalla contra esta fuerza y los ataques que está impulsando en estos últimos días. Es cierto que está en juego su supervivencia. Pero si esta peligra lo es por sus propios errores y no por las virtudes de los demás. Para evitarlo ha impulsado un nuevo liderazgo como el del joven A. Garzón, por cierto más enrocado últimamente en IU como si tuviera que abonar alguna factura por su nominación. Pero lo más preocupante es el desigual despliegue y apoyo de candidaturas de “marca blanca” con el nombre de “Ganemos” con las que IU pretende “salvar los muebles” y fugas en favor de Podemos. De ahí que parezca que con esa similitud de siglas electorales se intente “pescar” en la confusión de algunos votantes a la hora de elegir entre papeletas tipo “mos”. Espero y deseo que en IU triunfe la opción de su política, la convergencia, y no la de su supervivencia identitaria. Lo veremos en la medida en que  la opción de IU por “Ganemos” no se abandone por un aparente problema jurídico según sea la fórmula con la que los diversos “Ganemos” concurran a las elecciones. El problema es que esta es una “línea roja” que ha ordenado no traspasar la dirección de IU ya que no está dispuesta a converger, sin red, en una fórmula tan abierta como son las agrupaciones electorales tan difíciles de controlar por los partidos integrados en su seno. Si una organización quiere subsistir necesita infraestructura, cargos públicos y dinero. Las agrupaciones electorales, cuyas listas además podrían elegirse a través de elecciones primarias, no garantizan nada de lo anterior y obligan a que desaparezcan incluso las viejas siglas. Así que si lo importante es el fin de la unidad, y no la identidad, IU no debería oponerse a esta fórmula jurídica. Si bien tiene algún inconveniente como es la posterior composición de las diputaciones provinciales. Algo que, por otra parte, se podría solventar con la fuerza de los “Ganemos” en las capitales que son las circunscripciones que más votos y diputadas y diputados provinciales aportan. Nada entonces habría que objetar a este impulso de aparente convergencia bajo el nombre de “Ganemos”. Que por cierto no es exactamente el modelo “Guanyem”. De todos modos si “Podemos” apuesta en las elecciones municipales por el apoyo y su integración en “Ganemos”, esto sólo será posible si estos últimos se conforman como una agrupación electoral y no como una coalición. El conflicto está servido con IU. Todo esto acontece en un momento en el que Podemos ha acordado no concurrir con sus siglas a las elecciones municipales. Veremos si esta propuesta sigue en pie en el caso de un hipotético adelanto electoral. No sería muy comprensible que se pueda votar en dos o tres urnas a una opción y no en otra. Sin que descartemos, además, que grupos o “Círculos” de Podemos de forma autónoma que no comparten dicha decisión se presenten bajo otra denominación parecida en ámbitos locales con el nombre de “Somos”. Por lo que respecta a otras fuerzas tengo la impresión de que Equo no tendría objeciones a su integración en dichas candidaturas comunes en forma de agrupación electoral. Más dificultades pueden tener otras opciones consolidadas en sus comunidades como Compromís o la CHA que hacen de su identidad territorial un valor político de primera magnitud. El caso de Anova y AGE en Galicia todavía es más complejo ya que suma casi todas las características del conjunto de procesos citados anteriormente. Todas estas formaciones también están sintiendo la anemia política debido a las transfusiones de sus apoyos hacia Podemos.

Esta ebullición electoral en la izquierda muestra un hervor sin precedentes. Es un panorama interesante para un observador de la política pero dramático para la gente. Ahora depende de sus protagonistas que el resultado no se quede en una pugna de ingredientes ni en una vaporización de su contenido. Necesitamos que esta cuidadosa elaboración se transforme en un atractivo menú para comensales de paladares muy diversos. Gustos plurales y variados en definitiva, pero que tienen en común el deseo de compartir una buena cocina de platos muy saludables socialmente, sin componentes corruptos y que sea accesible para la gran mayoría con una magnífica relación calidad-precio que nos permita no sólo satisfacer las demandas más básicas sino ser y vivir más felices.

Podemos y el PSOE más cerca: Una buena noticia

Publicado en http://www.nuevatribuna.es

Héctor Maravall

Parece que el panorama de la izquierda, poco a poco y no sin contradicciones, se va aclarando. El evidente giro a la izquierda de la dirección de Pedro Sánchez en el PSOE y la evolución hacia posiciones mas moderadas de PODEMOS, posibilitan en teoría un acercamiento y hasta un acuerdo de ambas organizaciones para un futuro. Pero vayamos por partes.

Tras largo tiempo en que las direcciones socialistas no se preocupaban mucho de los problemas de las clases trabajadoras, en las ultimas semanas se están sucediendo iniciativas y declaraciones que suponen un reencuentro con las aspiraciones de buena parte de su base social a la que habían ido abandonando, cuando no perjudicado directamente. La propuesta de derogación de la reforma laboral, de la negociación y aprobación de un nuevo Estatuto de los Trabajadores, la iniciativa parlamentaria sobre la proliferación de las horas extraordinarias frente a la creación de empleo o el compromiso de modificar a fondo la reforma del art. 135 de la Constitución sobre el limite del déficit presupuestario, son todas ellas ideas muy positivas.

Sí, es verdad que muchos desconfiarán, basándose en experiencias de incumplimientos pasados. Habrá que ser en su día muy exigentes con ellos, para que no se queden en el baúl de las promesas electorales. Pero los socialistas han visto tan cerca el precipicio de la catástrofe,  que quiero creer que esta vez van en serio.

En cuanto a PODEMOS, resulta muy hipócrita el espectáculo que están dando no ya los medios, fuerzas políticas o instituciones económicas de la derecha, que va de suyo, sino también quienes se consideran progresistas. Antes alegaban, y con bastante razón, que sus propuestas eran imprecisas, confusas, populistas o muy radicales. Ahora, cuando van concretando algo,  moderando bastante y mostrando voluntad negociadora con la sociedad civil, las organizaciones sociales, los agentes sociales (hasta hace nada denostados) y las instituciones, etc. les siguen poniendo a caldo o por no ser creíbles o por haberse pasado a la socialdemocracia tradicional, provocado, según argumentan estos críticos feroces,  por meros intereses electorales.

¿En que quedamos? ¿Preferimos un PODEMOS radical a un PODEMOS que se acerca con contradicciones, pero  de manera paulatina, a la socialdemocracia clásica?

No me entusiasman especialmente los dos economistas que han diseñado las líneas básicas del programa economico de PODEMOS, discrepo de ellos en numerosas e importantes cuestiones, pero han tenido la gran virtud de llevar al equipo de Pablo Iglesias al terreno de la compleja y diversa realidad de una economía desarrollada como la española en un mundo globalizado. Solo por eso se merecen mi respeto y reconocimiento.

Por supuesto que una parte de las propuestas, que me he leído, siguen siendo en muchos aspectos  todavía excesivamente  genéricas y en otros casos inviables. Pero ¿qué creíamos? ¿qué iban a hacer el camino de Damasco o su Bad Godesberg  o su XXVIII Congreso extraordinario (donde el SPD alemán y el PSOE renunciaron al marxismo), en unas semanas? ¡Demasiado trecho han recorrido en muy poco tiempo!

Habrá quien diga que el equipo de Pablo Iglesias son una panda de oportunistas o que son gente sin principios. Prefiero no descalificar y sí subrayar que ahora ya es posible identificar puntos de encuentro con ellos, que una parte de sus propuestas podrían ser asumidas por el actual PSOE y hasta dar lugar a un programa de gobierno más o menos compartido.

Por eso me parece un error de bulto que todavía haya sectores del PSOE con el hacha de guerra levantada contra PODEMOS o metiéndoles en el mismo saco que al PP. Me consta que no toda la dirección socialista comparte ese equivocado mensaje de situar a PODEMOS en la extrema izquierda.

Es lógico que el PSOE critique a fondo a PODEMOS; es en estos momentos su mas directo competidor electoral y sería incomprensible que no se desmarcaran de ellos, mas aún cuando la dirección de PODEMOS sigue siendo implacable en sus ataques al PSOE y su inclusión en la casta. ¡Claro que los socialistas deben poner en cuestión y desmontar las contradicciones, ambigüedades y deseos irrealizables de PODEMOS!, pero desde el debate político e ideológico, nunca desde la descalificación de brocha gorda.

Además no hay que  “quemar las naves”. Si realmente queremos cambiar los gobiernos de las derechas, en España, en las Comunidades Autónomas y en las ciudades y pueblos, solo se podrá hacer contando con PODEMOS. Antes o después habrá que sentarse con ellos a discutir programas de gobierno y cuantas menos heridas haya de por medio, mejor que mejor.

Insisto: ya hay algunas bases de posible acuerdo. Intentemos a través de la crítica constructiva, rigurosa, documentada, científica, ir influyendo para que PODEMOS continúe su avance hacia posiciones razonables de centro izquierda. Y eso sí, no pongamos solo la lupa en el programa de PODEMOS, también los socialistas tienen mucho camino que recorrer en el diseño de un programa ilusionante y movilizador, de claro contenido socialdemócrata y ademas necesitan contar con unos candidatos, a todos los niveles, que sean creíbles y serios.

Me he abstenido en esta reflexión de cualquier alusión a la tercera pata de los necesarios pactos de gobiernos progresistas: IU. No la he mencionado por dos razones. No creo que vayan a ser un obstáculo a pactos de progreso (salvo en el improbable caso de que triunfaran las nefastas tesis de sus dirigentes extremeños) y en segundo lugar, esta organización, sumida en un notable trauma de identidad, está también en pleno proceso de redefinición y todavía no sabemos muy bien por donde van a decantarse las cosas. Tiempo habrá de comentarlo.

Renovación generacional, con ideas

Héctor Maravall

Publicado en http://www.nuevatribuna.es

Creo que hay una amplia coincidencia en considerar que nos encontramos en un momento decisivo en la historia de nuestro país, en que tenemos que afrontar de manera ineludible grandes retos políticos, económicos y sociales, que van  a condicionar para bien o para mal el desarrollo de nuestra sociedad en las próximas décadas.

La globalización, la salida de la crisis económica, la lucha contra el paro, la reducción de la desigualdad, el modelo de Estado (monarquía constitucional o república), las nuevas reglas de convivencia entre los pueblos de España, la consolidación de las políticas de bienestar social, la regeneración política…No son tareas fáciles y requieren ideas, voluntad, entusiasmo, capacidad de dialogo y pacto.

Todo hace pensar que la generación que protagonizó la modélica transición política de nuestro país y la inmediata posterior que consolidó el estado democrático, impulsó la políticas sociales y la plena integración en Europa, esta totalmente agotada y es incapaz de asumir esas tareas.

Hay por tanto que afrontar la renovación generacional, que en mi opinión debe ser profunda y generalizada, un cambio que es algo muy distinto a una mera liquidación por derribo o a una simple sustitución  de caras y edades, que sería un “quítate tu, que me pongo yo”.

Esta renovación generacional ha empezado ya de manera evidente. Ha cambiado el monarca, el Secretario General y la mayoría del equipo de dirección del PSOE, los máximos responsables de algunas de las mas grandes empresas del país, lo hubo en el PNV y han anunciado su marcha el coordinador de IU, el Secretario General de UGT y el líder de Anova, Xosé Manuel Beiras. Por no hablar del equipo de dirección de PODEMOS, aunque estos últimos para elaborar su programa económico ha echado mano de dos economistas no precisamente jovencitos. Y sin duda habrá más cambios, incluso en el propio PP.

Renovación generacional que debería situarse más bien por debajo de los 40 años, que por debajo de los 50 y que sin duda tenía que haberse empezado a preparar bastante antes y no esperar a que empiecen a crujir todas las costuras del sistema democrático.

Hay quien puede pensar que es un riesgo muy peligroso que problemas tan difíciles y complejos tengan que ser afrontados por gente joven con limitada experiencia y desconocida o insuficiente preparación. Pero no esta mal recordar que en 1977, con retos igualmente formidables, buena parte de la clase política, económica y sindical era joven o incluso muy joven, si bien hay que admitir que en 1977 hubo una excepcional combinación de jóvenes y maduros: Felipe, Suárez, Fraga, Carrillo y tantos otros y entre todos tejieron un consenso que permitió sacar nuestro país hacia delante.

Pero en mi opinión sería un grave error concluir que con bajar 20, 25 o 30 años la edad media de nuestros dirigentes políticos, económicos o sindicales ya tendríamos la solución. No es una cuestión de lifting o de imagen. Es imprescindible que lleve aparejada  la renovación de ideas, de propuestas, de programas.

Es cierto que hoy hay nuevas maneras de relacionarse y comunicarse, pero el debate de ideas no es asimilable a quien manda más o mejores tweets o wasaps. Y las ideas nos surgen de la nada ni de un momento  ocurrente que tenga alguien.

No necesitamos eruditos, ni coleccionistas de masters, sino personas preparadas, con formación sólida, con información rigurosa, con conocimiento de la historia de nuestro país y del mundo, con referencias ideológicas (algo muy distinto a ser meros recitadores de catecismos de izquierda o de derecha) y en la medida de lo posible con experiencia laboral y de gestión.

Gente que sepa que va a tener que gobernar uno de los estados más desarrollados y más complejos políticamente del mundo y que ello no se puede hacer con frases hechas, slogans o lugares comunes. No les va a ser nada fácil lidiar con los exportadores chinos, con la troika, con los poderes institucionales  de la Unión Europea, con las multinacionales, con los grandes fondos inversores internacionales, por no hablar de los altos cuerpos de la Administración del Estado, el poder judicial, los grandes medios de comunicación. Y no vale decir que movilizaran a la ciudadanía las veces que haga falta para vencer las resistencias y pensar que será así de sencillo.

No, no nos podemos permitir que un gobierno que encarne la renovación generacional sea apabullado, ninguneado o puenteado por poderes e intereses no democráticos. No podemos encaminarnos a pocos años vista a una frustración generalizada de expectativas de cambio, que seguramente capitalizarían los poderes más conservadores e insolidarios.

Por ello les tenemos que dar a los nuevos dirigentes jóvenes nuestro voto de confianza  sin reticencia alguna y a la vez exigirles que se preparen ellos y sus equipos desde ya para afrontar esas responsabilidades políticas, económicas, sindicales, sociales, etc. en las mejores condiciones posibles. Y ello exige, igualmente, que desde ya se les empiece a dar espacios de poder cada vez mas amplios y efectivos.

La renovación es buena, natural  e inevitable, pero mucho mejor que sea con ideas renovadas, sólidas, rigurosas, fundamentadas. Y en ese camino los viejos podremos y debemos echar una mano, siempre que sea necesario.