Ganemos a Podemos contra el PSOE

Publicado en Dominio Público el 12 de diciembre de 2014

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José Francisco Mendi
Miembro del colectivo Espacio Abierto

 ¿El reto es echar a Rajoy o quién le gana? ¿Sacar al Partido Popular de las instituciones, y de nuestras vidas, o saber quién protagoniza esa necesaria limpieza democrática? La izquierda perdió la Guerra Civil porque parte de ella antepuso la revolución a la movilización común contra el fascismo. ¿Serán ahora las nuevas erupciones en la izquierda y sus aliados quienes rememoren los errores del pasado? ¿No hemos aprendido nada?

El año que viene hay elecciones generales, municipales y autonómicas en la mayoría de comunidades. El escenario más beneficioso o, mejor dicho, menos perjudicial para el PP es hacer coincidir todas las elecciones el mismo día. Eso sólo es posible que ocurra el 24 de mayo de 2015. No lo veo en ninguna bola de cristal sino en el sórdido reflejo de las gafas de Mariano Rajoy tras echar un vistazo a la Ley electoral y a sus propias competencias como jefe del Ejecutivo. El presidente acaba de decir que piensa agotar la legislatura. Entre su pasado de mentiras, salvo algunas cosillas, y que técnicamente podría defender que un adelanto de seis meses no es tal, estamos ante la evidencia de una hipótesis más que plausible. Sólo hay un factor que podría distorsionar esta conjunción electoral: un objeto rocoso de órbita errática alrededor de la política denominado Artur Mas. Si este asteroide del nacionalismo arrebata la iniciativa al actual inquilino de la Moncloa para adelantar las elecciones catalanas en ese entorno, o incluso para esa misma fecha, no sería del agrado de Rajoy acudir a las urnas en una cita “Mas”. Sería una nueva coincidencia de objetivos entre ambos líderes que volvería a poner de manifiesto las contradicciones de su consentida e interesada relación. Sin duda entre ellos se ha fortalecido un vínculo que les ha dado, y seguirá dando, rédito en ese juego de mutuo placer nacional sadomasoquista. El problema es que entre la “PPfobia” de unos y la “naciofilia” de otros se puede transformar esta relación mutua de interés común, con amor y odio incluidos, en un órdago que aniquilaría por igual a estos dos amantes tal como ocurrió en la tragedia de Shakespeare. Eso sí, con muchos más daños colaterales, en forma de calaveras sociales, que el genial dramaturgo inglés no podría adivinar. Al menos nos cabe la esperanza de que la derrota de ambos consiga que sus dos grandes familias, la española y la catalana, decidan seguir juntas aunque cada una tenga la libertad y  el derecho a vivir su propia vida.

Salvo ese importante factor de distorsión, que puede salvar mis escasas dotes para la precognición política, considero que el próximo año habrá elecciones generales el 24 de mayo. Como suele ocurrir en este país, no será por el grave deterioro de un Gobierno que ha desarrollado su acción legislativa a golpe de decreto aun cuando posee mayoría absoluta en las Cortes. Tampoco lo será porque ha gobernado en contra del programa con el que los electores le dieron el poder. Ni siquiera por la corrupción certificada en sede judicial que acredita la financiación ilegal del Partido Popular. No. No estamos ante una derrota social de un Gobierno que ha destrozado sin piedad los derechos y la vida de las personas. Asistimos a una necesidad de supervivencia de la especie conservadora. Es imprescindible que cuando la derrota es inminente se minimicen los daños. De esto sabe mucho Zapatero, por cierto. No debemos olvidar que Rajoy se formó con Aznar, ese doctor en nacionalismos, ya sea para pactar con ellos o para crecer contra ellos aunque ellos crecieran contra él.

En este escenario de necesidades y urgencias de la ciudadanía para derrotar a la derecha, la izquierda vive una de las etapas más convulsas del panorama político. Ha sido imprescindible que se dé una agitación política tan brusca, como la que vivimos de la mano de la indignación popular, para vislumbrar que el cambio político es, además de perentorio, posible.   La principal preocupación de las izquierdas debe ser la suma para conseguir el objetivo fundamental de eliminar, políticamente, a Rajoy y lo que significa. En definitiva convertir la pesadilla en pasado y recuperar los sueños perdidos. Para ello debemos evitar una puja en el seno de las izquierdas que llene de confrontación el protagonismo sobre quién simboliza mejor ese nuevo cambio político frente al acuerdo que implica que sea posible. Los protagonistas del mismo son todos los que deseen construirlo. Sin duda la suma de PSOE, Podemos, IU, Equo y otras fuerzas de carácter progresista de ámbito territorial son el núcleo, la fuerza, la razón y la emoción de dicho cambio. Y de la mano también de sindicatos de clase y colectivos cívicos sociales progresistas. Ahora bien si el discurso de las izquierdas a la izquierda del PSOE se centra en la derrota del “bipartidismo” querrá decir que estas opciones priorizan su protagonismo frente al cambio político. Afortunadamente la posición de Pedro Sánchez y la nueva dirección socialista en materias como la rectificación sobre la modificación de la reforma del artículo 135 de la Constitución es muy positiva. Por cierto una de las peticiones de este colectivo formuladas en nuestra intervención como invitados a la Conferencia Política del PSOE en noviembre del año 2013. Como también es de agradecer la contundencia en el rechazo de una hipotética, y trágica para el PSOE y la izquierda, coalición con el PP a pesar de los guiños en ese sentido de importantes e influyentes actores económicos y empresariales. Ayudemos desde la izquierda al PSOE, y no le empujemos hacia la derecha para que la “profecía auto cumplida” de un gran acuerdo con el PP se haga realidad en el futuro.

También en las otras izquierdas debe ampliarse el acuerdo y la colaboración en su propio seno. No conviene tampoco una excesiva polarización a la izquierda del PSOE ya que el entendimiento será más sencillo cuantas menos listas electorales se confronten. Así que no me parece contradictorio apoyar la colaboración en la izquierda del PSOE con la cooperación con el PSOE para derrotar al PP. Sin duda la fuerza de Podemos debe ser bienvenida a la escena electoral. Lo mejor que le ha pasado a España en este último año es que la canalización del descontento social la haya protagonizado una formación que está en la izquierda. Una opción que, con su éxito en las elecciones europeas, ha impedido que sean otras formaciones de tipo xenófobo, racista y ultraderechista, como las que cuajan en buena parte de Europa, las que se nutran de ese desencanto ciudadano. Enhorabuena a Podemos y a todas y todos. La madurez de su proyecto llegará al día siguiente de las próximas elecciones cuando tenga que tomar decisiones y formalizar acuerdos con el resto de la izquierda. El fracaso de esta nueva formación sería convertirse en la “UPyD de la izquierda”. Tampoco debemos olvidar que Podemos puede dotar a esta necesaria suma en la izquierda de algo que no pueden aportar hoy por hoy ninguna de las demás fuerzas, incluido el PSOE, votos desencantados provenientes del centro y la derecha que pueden sumarse, consciente o inconscientemente, a este frente para derrotar al PP. Por lo que se refiere a IU, sin duda la opción más dañada por la opción de Podemos a nivel estatal, debe abandonar su batalla contra esta fuerza y los ataques que está impulsando en estos últimos días. Es cierto que está en juego su supervivencia. Pero si esta peligra lo es por sus propios errores y no por las virtudes de los demás. Para evitarlo ha impulsado un nuevo liderazgo como el del joven A. Garzón, por cierto más enrocado últimamente en IU como si tuviera que abonar alguna factura por su nominación. Pero lo más preocupante es el desigual despliegue y apoyo de candidaturas de “marca blanca” con el nombre de “Ganemos” con las que IU pretende “salvar los muebles” y fugas en favor de Podemos. De ahí que parezca que con esa similitud de siglas electorales se intente “pescar” en la confusión de algunos votantes a la hora de elegir entre papeletas tipo “mos”. Espero y deseo que en IU triunfe la opción de su política, la convergencia, y no la de su supervivencia identitaria. Lo veremos en la medida en que  la opción de IU por “Ganemos” no se abandone por un aparente problema jurídico según sea la fórmula con la que los diversos “Ganemos” concurran a las elecciones. El problema es que esta es una “línea roja” que ha ordenado no traspasar la dirección de IU ya que no está dispuesta a converger, sin red, en una fórmula tan abierta como son las agrupaciones electorales tan difíciles de controlar por los partidos integrados en su seno. Si una organización quiere subsistir necesita infraestructura, cargos públicos y dinero. Las agrupaciones electorales, cuyas listas además podrían elegirse a través de elecciones primarias, no garantizan nada de lo anterior y obligan a que desaparezcan incluso las viejas siglas. Así que si lo importante es el fin de la unidad, y no la identidad, IU no debería oponerse a esta fórmula jurídica. Si bien tiene algún inconveniente como es la posterior composición de las diputaciones provinciales. Algo que, por otra parte, se podría solventar con la fuerza de los “Ganemos” en las capitales que son las circunscripciones que más votos y diputadas y diputados provinciales aportan. Nada entonces habría que objetar a este impulso de aparente convergencia bajo el nombre de “Ganemos”. Que por cierto no es exactamente el modelo “Guanyem”. De todos modos si “Podemos” apuesta en las elecciones municipales por el apoyo y su integración en “Ganemos”, esto sólo será posible si estos últimos se conforman como una agrupación electoral y no como una coalición. El conflicto está servido con IU. Todo esto acontece en un momento en el que Podemos ha acordado no concurrir con sus siglas a las elecciones municipales. Veremos si esta propuesta sigue en pie en el caso de un hipotético adelanto electoral. No sería muy comprensible que se pueda votar en dos o tres urnas a una opción y no en otra. Sin que descartemos, además, que grupos o “Círculos” de Podemos de forma autónoma que no comparten dicha decisión se presenten bajo otra denominación parecida en ámbitos locales con el nombre de “Somos”. Por lo que respecta a otras fuerzas tengo la impresión de que Equo no tendría objeciones a su integración en dichas candidaturas comunes en forma de agrupación electoral. Más dificultades pueden tener otras opciones consolidadas en sus comunidades como Compromís o la CHA que hacen de su identidad territorial un valor político de primera magnitud. El caso de Anova y AGE en Galicia todavía es más complejo ya que suma casi todas las características del conjunto de procesos citados anteriormente. Todas estas formaciones también están sintiendo la anemia política debido a las transfusiones de sus apoyos hacia Podemos.

Esta ebullición electoral en la izquierda muestra un hervor sin precedentes. Es un panorama interesante para un observador de la política pero dramático para la gente. Ahora depende de sus protagonistas que el resultado no se quede en una pugna de ingredientes ni en una vaporización de su contenido. Necesitamos que esta cuidadosa elaboración se transforme en un atractivo menú para comensales de paladares muy diversos. Gustos plurales y variados en definitiva, pero que tienen en común el deseo de compartir una buena cocina de platos muy saludables socialmente, sin componentes corruptos y que sea accesible para la gran mayoría con una magnífica relación calidad-precio que nos permita no sólo satisfacer las demandas más básicas sino ser y vivir más felices.

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