Pávlov Iglesias

Publicado en http://www.huffingtonpost.es

José Francisco Mendi

5 de febrero de 2015

La última encuesta del CIS sitúa a la formación que lidera Pablo Iglesias como la segunda fuerza política del país. Enhorabuena. Con la salvedad de Grecia, que ha sufrido lo suyo, España es el único país de Europa en el que el descontento hacia los gobiernos y las carencias del sistema democrático se han encauzado más hacia la izquierda. Pero incluso el Estado heleno, gobernado por una amplia coalición progresista, sufre como tercera fuerza política a una formación fascista.

Estos datos sociológicos fortalecen la tesis de que España está dejando de ser bipartidista, pero sigue estando fuertemente polarizada entre la izquierda y la derecha. Sólo existe una redistribución de fuerzas en ambos polos dispuestas a soportar un año de múltiples citas electorales que, con la salvedad catalana, culminarán o confluirán si se adelantaran, con las elecciones generales.

Nos dice el CIS que Podemos está en su mejor momento sociológico y probablemente electoral. Es lógico. ¿Por qué? Por algo que ya ha pasado en reiteradas ocasiones en la política, que si bien ha variado cuantitativamente, no lo ha hecho desde el punto de vista cualitativo. Es más importante la novedad que el contenido. Algo que experimentamos con los niños, y no tan niños, cada vez que reciben varios regalos simultáneamente, en su afán por abrir un nuevo paquete sin haber terminado de abrir el anterior. La explicación científica a este hecho nos la dio Iván Petróvich Pávlov en la frontera que transcurre entre los siglos XIX y XX. Este fisiólogo y premio Nobel fue uno de los precursores de la psicología científica. Sus estudios sobre la ley del reflejo condicional le han hecho tan conocido como reconocibles son sus experimentos con los perros que adquirieron su propio nombre. Ya saben. Se acerca la comida y salivamos. Si al acercarse la comida suena un timbre terminamos por salivar cada vez que alguien llama a la puerta. Bueno, salvo que sea Rajoy y entonces uno ya no sabe qué hacer con la saliva…

Pávlov analizó los estímulos y las respuestas. La conexión entre unos y otras. Su carácter condicionado e incondicionado. Pero ¿qué tiene que ver esto con los resultados del CIS? Mucho. Hoy Podemos es un estímulo. Tiene un fuerte componente de activación emocional. Y como los buenos estímulos, es de amplio espectro, no parece tener graves contradicciones y resulta agradable para la mayoría. Pero sobre todo es novedoso. Mientras Podemos sea un estímulo, crecerá. Cuando Podemos se convierta en respuesta, menguará. Y lo hará desde el día siguiente en el que las urnas le impongan la necesidad de decidir, de gestionar. De ser respuesta, en definitiva, porque la democracia así lo haya querido.

La sociedad necesita estímulos, y si son nuevos, mejor. Le pasó al PCE en la transición. Un partido que fue estímulo de democracia pero que no funcionó como respuesta para la democracia. Le pasó a IU en 1986. Un estímulo novedoso para la izquierda tras el referéndum de la OTAN que no ha sido la respuesta para la izquierda de este país, como certifican precisamente estos datos del CIS. También la derecha ha buscado sus estimulaciones. UPyD surge como novedad y, a los pocos años de su nacimiento, su respuesta se apaga para alumbrar otros estímulos como Ciudadanos. Estímulos y respuestas…

Pero las personas también quieren y necesitan respuestas. Y no todas son de nuestro agrado. No pueden serlo. Esa es la grandeza de la política, del diálogo, del acuerdo y la cesión. Las próximas citas electorales obligarán a elegir. A transformar los estímulos en respuestas. La sociedad de hoy se ha configurado para atender más a los estímulos que a las respuestas. Ha surgido algo nuevo, no algo mejor. El último libro, la última película, el último gadget… son los estímulos. Necesarios y motivantes. Sin ellos no habría respuestas. Pero si descargamos todo el peso del comportamiento en los estímulos, abandonamos nuestra propia responsabilidad. La culpa es del estímulo y nos frustramos porque nos defraudan. Por eso sería bueno un equilibrio de la sociedad hacia un mayor peso de las respuestas. Suele ser menos gratificante. Nos obliga a enfrentarnos a conceptos incómodos como “personalidad”, “racionalización”, “decisión”, “afrontamiento” y “diálogo”.

El comportamiento humano es mucho más complejo que lo que ya intuía Pávlov. Entre los estímulos y las respuestas hay una maravillosa maquinaria llamada cerebro. En donde la razón y la emoción comparten estructura y función para analizar los estímulos y elaborar con nuestra personalidad las respuestas que nos parecen más correctas a los mismos. Eso es la libertad.