La necesidad de cambio es imprescindible y posible

RESOLUCIÓN DE ESPACIO ABIERTO TRAS LAS ELECCIONES DEL 26 DE JUNIO

Las elecciones del 26 de junio han supuesto un fortalecimiento del PP que, por desgracia, nos ha dado la razón cuando defendimos en diciembre del pasado año la necesidad de articular un gobierno de progreso que presidiera Pedro Sánchez, al negarse Podemos a facilitar su investidura tras el pacto suscrito entre PSOE y Ciudadanos.

                Los resultados son buenos para el PP que sube en votos y en escaños con respecto a las pasadas elecciones aunque se encuentra muy lejos de sus mejores resultados y, por supuesto de la mayoría absoluta que obtuvo en el año 2011. Podemos sufre un fuerte retroceso ya que no rentabiliza su coalición con IU, pierde más de un millón de votos y se limita a sumar sus escaños de diciembre a los dos que ya obtuvo la formación de Garzón hace seis meses. Su objetivo interno de adelantar al PSOE se convierte en un fracaso político y numérico que ha perjudicado al conjunto de la izquierda. Por último Ciudadanos retrocede en votos, porcentaje y escaños y no suma, aunque es imprescindible, para respaldar tanto un gobierno del PP como un gobierno de cambio.

                El PSOE pierde 5 escaños aunque sube en porcentaje de voto con respecto a diciembre y resiste muy bien gracias a que ha consolidado un mensaje y una opción de izquierda que han premiado sus votantes al negarse a pactar con Rajoy. Ahora bien, la disminución tanto en voto absoluto como en representación ante las Cortes Generales constituyen un resultado que además de negativo es preocupante, ya que persiste una tendencia a la baja desde las últimas consultas que es relativamente homogénea, tanto en territorios como en la diferente capacidad de gobierno del PSOE en diversas comunidades autónomas.

                               En esta situación Mariano Rajoy está más obligado si cabe, para intentar formar gobierno y por lo tanto debe acudir al Congreso para visualizar la mayoría real de la que dispone y si ésta le permite seguir desarrollando sus políticas conservadoras desde el Ejecutivo.

                Si el actual presidente en funciones fracasa y es incapaz de someterse o lograr la investidura, el PSOE debe intentar conformar un gobierno de cambio que presida Pedro Sánchez manteniendo el discurso y el programa de su investidura del pasado mes de marzo.

                La necesidad de un cambio en España debería llevar a un apoyo tanto por parte de Ciudadanos como de Podemos de esa posible candidatura de Pedro Sánchez, al menos con un respaldo a su elección como Presidente. A partir de ahí se debería conformar un gobierno en minoría de cambio y progreso con respaldo de personas tanto independientes como de la izquierda que pusiera en marcha una política de emergencia social para la recuperación de la economía y el empleo, la revitalización de los derechos sociales, la regeneración democrática, la lucha contra la corrupción y el acceso a una RTVE plural y profesional.

                Por último, y no menos importante, la izquierda, y en particular la socialdemocracia, debe encarar un proceso de profunda refundación para concretar una nueva propuesta para la ciudadanía que no se ciña al reiterado debate de liderazgos. El problema es más profundo y más global. Afecta a toda la izquierda pero se agudiza especialmente en las formaciones que, como el PSOE, representan un espacio de progreso que ha estado sometido a las presiones políticas y económicas de la derecha a las que, en muchas ocasiones, no ha sabido dar una respuesta satisfactoria para los intereses de una mayoría. El futuro de la socialdemocracia en España y en Europa requiere de un debate sin “líneas rojas” para acercarse de nuevo a las personas con una propuesta de futuro, que tenga capacidad de gestión y gobierno, y que recupere la identificación entre las necesidades de representación ciudadana, la recuperación e impulso de los derechos sociales y laborales que consolidaron las fuerzas socialdemócratas del continente europeo, las políticas de igualdad y la no discriminación. Y todo ello debe concretarse en un sistema político democrático social y globalizado a la vez, en Red, y que cuente como premisa básica con la defensa del medio ambiente. Un modelo que desde los cimientos de la socialdemocracia tradicional, y con sus fundamentos, dé paso a una “eurodemocracia social”.

29 de junio de 2016

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