¿Pero dónde está la izquierda?

Héctor Maravall

Abogado

Publicado en http://www.nuevatribuna.es el día 11 de agosto de 2016

Es cierto que tras las elecciones del 26 J, en términos estrictos la legitimidad inicial para formar un nuevo gobierno le correspondía al PP y por ello puede ser  comprensible que el PSOE diera un paso atrás y reclamara a Rajoy que buscara alianzas suficientes para lograr su investidura.

Transcurridos mes y medio, a la vista de lo que esta pasando, o mejor dicho de lo que no está pasando, ese gesto de “cortesía constitucional” por parte de los socialistas, ha dejado de tener sentido. Por ello llama la atención la parálisis de Pedro Sánchez, sin duda influido por las tremendas presiones de sectores influyentes de su partido. Sánchez no se ha movido hacia ningún lado, ni hacia su derecha, Ciudadanos, ni hacia su izquierda, PODEMOS; tan solo hizo alguna declaración amistosa hacia los nacionalistas.

La recientes seis propuestas de Albert Rivera, demuestran además de la recuperación política y ágil cintura de este dirigente, que sí que había y hay margen para negociar un gobierno alternativo al de Rajoy. Las propuestas de Ciudadanos no solo son asumibles por la izquierda, sino que son claramente positivas y se pueden considerar de una u otra forma contenidas en los programas del PSOE y de PODEMOS.

¿Tan difícil era haber abierto una negociación con Ciudadanos por parte de la izquierda? sobre todo tras los avances logrados con el acuerdo en la anterior frustrada legislatura. Es cierto que en el pacto Ciudadanos-PSOE había puntos difícilmente asumibles por PODEMOS, que requerían cambios o supresiones y había silencios y omisiones que era necesario incluir.  Pero para eso están las negociaciones.

Si Pedro Sánchez ha estado bloqueado, Pablo Iglesias ha estado en buena medida desaparecido. En las primeras semanas tras el 26-J realizó diversas declaraciones y ofrecimientos al PSOE para diseñar un gobierno de progreso, pero ante el reiterado rechazo de los socialistas, da la impresión de haber desistido, retirándose por el momento de la batalla política.

A nadie se le oculta la dificultad de “cuadrar” un pacto PSOE, Ciudadanos, PODEMOS, por las cruzadas animadversiones existentes. Pero como quedó demostrado en las negociaciones tras las elecciones autonómicas y municipales, sí es posible llegar a acuerdos, al menos de investidura, entre fuerzas dispares del centro y de la izquierda.

Y ante las propuestas de Ciudadanos, ¿pueden el PSOE y PODEMOS  rechazarlas o no darse por aludidos sin despertar la sorpresa, incomprensión e indignación de la ciudadanía progresista de nuestro país?  Y viceversa, ante la eventualidad de que PODEMOS aceptara las propuestas de Ciudadanos, ¿podrían estos últimos seguir con la cerrazón de no querer saber nada con PODEMOS? Al menos habría que intentarlo. ¿Por qué esa suicida actitud de echar a Ciudadanos en brazos de la derecha?

La clave de un gobierno de progreso sigue estando en el PSOE. Si se presenta Pedro Sánchez en el Congreso aceptando las propuestas de Rivera, y su voluntad de retocar en mayor o menor medida el pasado pacto (con lo ya mencionado de realizar algunas supresiones, incorporaciones y cambios), veríamos la reacción de Ciudadanos y de PODEMOS. Lo tendrían muy, muy difícil, para oponerse a la investidura de Pedro Sánchez.

En definitiva no se encuentra explicación razonable para ese enrocamiento de la izquierda, salvo que se piense que tampoco es tan grave que haya un nuevo gobierno de Rajoy, que sería  mucho más débil política y parlamentariamente y podría sufrir un rápido desgaste, que en unas futuras elecciones ayudarían a la recuperación de la izquierda.

La otra explicación, sin duda impresentable, podría encontrarse en que “es mejor dejar a la derecha que siga haciendo ajustes del déficit y que no sea la izquierda quien asuma desde el gobierno ese papelón”; una cínica conclusión tras haber escarmentado en la cabeza de Syriza y Tsipras.

Frente a esos dos posibles argumentos, algunas reflexiones.

Desde posiciones de la izquierda no es admisible aceptar cómodamente que la derecha siga haciendo recortes que perjudican a la mayoría de la población y contentarnos con oponernos con manifestaciones y huelgas. Si realmente creemos que hay políticas alternativas para superar la crisis, tenemos que confiar en ser capaces de llevarlas a cabo.

En segundo lugar volvería a recordar las clarividentes palabras del político italiano Giulio Andreotti, de que desgasta mucho más la oposición que el gobierno, como hemos tenido ocasión de comprobar en la legislatura 2011-2015.

No debemos ser tan ilusos de creer que una nueva legislatura de Rajoy será corta y después volverá la izquierda triunfante. No descartemos que tras nuevos ajustes y la consolidación de la recuperación económica, tengamos PP para mucho tiempo. ¿O es que ya hemos olvidado los larguísimos años de Margaret Tatcher en Reino Unido y los destrozos, muchos de ellos irreparables, que causó a la sociedad inglesa y a su estado de bienestar social?

La sociedad española se juega demasiado y no es admisible que la falta de flexibilidad y de capacidad política de los partidos progresistas nos condene a seguir siendo gobernados por el PP.

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Jaque al Brey

Publicado en Nueva Tribuna el 11 de agosto de 2016

http://www.nuevatribuna.es/opinion/jose-mendi/jaque-brey/20160811121321130816.html

Él nunca lo haría.  Esa exitosa campaña de protección a los animales define a la perfección lo que sería el comportamiento del PP en una situación similar a la que vivimos si el PSOE fuera el partido con más escaños. Y sería natural. No lo hizo con Pedro Sánchez en marzo y no lo haría con nadie a su izquierda. Es lógico y necesario para sus intereses, sus representados y su electorado. Que no son lo mismo. Lo del bien de España queda para la responsabilidad de los demás.

            La velocidad política de Rajoy es inversamente proporcional a la de sus carreras por el campo gallego. Las noticias de sus contactos para obtener una mayoría nos indican que las elecciones acaban de celebrarse y resulta que votamos cuando comenzaba el verano. Así que aunque nos atrevamos a asegurar que Don Mariano no se va a comer los turrones, nunca sabremos de qué año hablamos. Él sigue en funciones. Y seguirá porque no contempla la derrota. Es una característica, autoritaria, de una parte de la derecha que se apropia de lo fundamental en una sociedad. Parafraseando a Kissinger: “si controlas la economía serás dueño de la opinión y si te apoderas de la opinión tendrás el poder”. No olvidemos que Esperanza Aguirre perdió Madrid en unas elecciones y como no podía ser derrotada consiguió con “el Tamayazo” que se repitieran y así ganar.

            Pero la responsabilidad de que ocurra esto es, fundamentalmente, de la izquierda. Estamos acostumbrados a destacar estos planteamientos deterministas porque son una magnífica excusa para esquivar nuestra propia incumbencia en que esto siga siendo así. Tuvimos una excelente (aún no sabemos si única a corto plazo) ocasión de desalojar al PP de la Moncloa. Pero Podemos cometió un error estratégico gravísimo al creer que unas segundas elecciones le permitirían, al menos, superar al PSOE en escaños y hacerse con el “Grial” del “sorpasso”. De haber actuado con lógica, incluso de forma egoísta para el propio Pablo Iglesias, hoy sería presidente Pedro Sánchez con el apoyo de Ciudadanos y la abstención de Podemos. Todo el mundo estaría pendiente de su opinión y voto en cada movimiento parlamentario y el gobierno, de una forma u otra, siempre estaría en sus manos. Posiblemente no sería un gobierno revolucionario para la izquierda pero, dados los precedentes, sí para el país. ¿Recuerdan aquello de ganar primero la guerra para después hacer la revolución? Pues eso. Aunque para ser justos tampoco era imprescindible que el PSOE consumara un matrimonio “canónico” previo tan consagrado como el que se oficializó con Rivera. Hubiera sido suficiente, aunque necesario, un buen cortejo no excluyente. No es tiempo de lamentos ni de lanzarnos los errores unos contra otros, pero un correcto diagnóstico de por qué nos encontramos en la actual situación es la mejor forma de encontrar un acuerdo común que beneficie a la mayoría de la ciudadanía y también a la propia izquierda.

            Decíamos tras las elecciones de diciembre que correspondía al PP intentar la investidura y que sólo ante su fracaso o incapacidad debemos intentar explorar otras posibilidades. Eso sigue vigente hoy. Parece que Rajoy se acerca en estas últimas horas a los 169 escaños. Lo que quiere decir que la presión que ya ha sido capaz de hacer girar a Rivera para enfocar la entrada en Génova se va a redoblar contra el PSOE. Aquí debemos plantearnos algunas preguntas ¿La investidura es una cuestión política o matemática? Si estamos ante un límite numérico sin duda la cercanía de 169 a 176 es notable. Pero si hablamos de política ¿es Rajoy más progresista y el PP más honesto si le votan 169 diputados que si le votan 137? La respuesta es no. Esto nos lleva a una segunda cuestión, no menos importante, que se está formulando desde algunos sectores progresistas, exdirigentes y miembros de la dirección del PSOE para facilitar la investidura de Rajoy. Esto se haría a través de diversos mecanismos, más o menos enrevesados, como pueda ser la abstención de algunos diputados, su ausencia o misteriosa abducción. Aquí se nos plantea un auténtico sofisma: “la responsabilidad de permitir la investidura a Rajoy, máxime si este se presenta con un apoyo tan cercano a la mayoría absoluta”. Resulta curioso ver que, en el caso de que el PP hubiera tenido 176 escaños es decir mayoría absoluta, nadie desde una óptica progresista hubiera planteado su abstención siquiera. Pero si le falta un poco sí. ¿Alguien sabe cuánto es poco? La falta de 7 es poco. ¿Y 8? ¿Y 9? Podemos seguir hasta que diga el lector. La mejor respuesta ante una pregunta en forma de sofisma es una respuesta absurda. Esto me sirve para seguir ahondando en que el problema no es numérico sino político. Imaginemos que la “responsabilidad del PSOE ante los ciudadanos y la historia” por el bien de España y para evitar unas terceras elecciones es permitir la investidura del señor Rajoy Brey. Sin duda será un hecho halagado por muchos votantes (de la derecha),  por la mayoría de periódicos y por muchas personas de relevancia con rango de “ex” fundamentalmente. Así que Rajoy ya es Presidente del todo, vamos sin funciones. Ahora hay que gobernar. Tenemos que aprobar los presupuestos, techo de gasto y legislar con estabilidad durante cuatro años. Pregunta: ¿Los que defendían permitir con la abstención del PSOE la investidura y así evitar unas terceras elecciones qué sugieren que hagamos ahora? ¿Un voto habitualmente negativo como oposición o dejar gobernar? ¿Abstenerse para permitir la investidura de Rajoy era sólo para que hubiera presidente o para que hubiera gobierno? Me parece legítimo defender la gobernabilidad pero defender la “investibilidad” no tiene sentido. Si queremos un gobierno queremos un gobierno estable y eso nos lleva a un “pacto de gobernabilidad” sea como gobierno de coalición, en minoría o con pactos de presupuestos o legislatura. Si sólo queremos un Presidente para luego ejercer como oposición estamos apostando por la inestabilidad gracias a la “investibilidad”, lo que demostraría la incoherencia de quienes quieren ser oposición contra un Presidente al que le facilitan la silla pero no el gobierno. Es decir no es posible facilitar la presidencia a Rajoy sin caer, por activa o por pasiva, en un pacto de gobernabilidad. Esa es la trampa que está tendida, para Pedro Sánchez en particular y para el PSOE en general, si ceden a las presiones de cambiar la opción que ha permitido al líder socialista ser, todavía, la fuerza mayoritaria de la izquierda. El más mínimo movimiento del PSOE en favor de Rajoy es, a su vez, el mayor deseo de Pablo Iglesias para recuperar el terreno perdido en las elecciones de junio. Ya que el “sorpasso” al PSOE sólo lo puede conseguir el propio PSOE. De eso sus compañeros griegos saben mucho.

            Don Mariano puede conseguir esos, muchos o pocos, 7 diputados que le den la estabilidad y la mayoría de gobernabilidad. Ya los tuvo para la presidencia del Congreso. Incluso le sobraron. Es verdad que se han cruzado las elecciones vascas, gallegas y la compleja situación de Cataluña con la moción de confianza de su presidente que se debatirá a la vuelta del verano. Pero cada fuerza política asume su responsabilidad en cada momento. No debemos sufrir si la ex CiU o el PNV le dan su apoyo al PP. Aunque me da la sensación de que Rajoy no ha hecho muchos amigos por esas tierras y el “pasteleo” del apoyo de los nacionalistas a los populares para la Mesa del Congreso no ha terminado muy bien. Por otra parte quizás los conservadores catalanes y vascos pudieran apoyar o dejar pasar al PP. Pero nunca a Ciudadanos. Y el posible apoyo de Rivera al actual inquilino de la Moncloa finiquita cualquier resquicio visible de esos partidos a su mayor adversario, y casi enemigo, que no es la derecha sino el centralismo del partido naranja. No veo otros apoyos que fueran más allá de un escaño canario. Así que faltan muchos escaños, siete. Porque si deben venir del PSOE la distancia entre 169 y 176 es abismal. Tanta como la que lleva consigo cada papeleta de un hombre y mujer que votaron socialista con respecto a la de quienes por convicción y derecho votaron a un partido imputado como es el PP. Constatada esa distancia insalvable en un debate de investidura gracias al “no” de la izquierda, el candidato Rajoy sería derrotado, tanto si comparece a dicha sesión como si se declara en “rebeldía”. Y sólo en ese caso, sería el momento de explorar otras alternativas antes de acudir a unas nuevas elecciones.

            Aquí ya podemos observar algunos de los aprendizajes que ha tenido la izquierda desde las elecciones de junio. En primer lugar, que en buena parte de quienes defendieron la abstención de Podemos y la incompatibilidad de Ciudadanos con un acuerdo de progreso con el PSOE y el grupo encabezado por Pablo Iglesias, esa “línea roja” ya ha desaparecido de sus condicionantes y el partido de Rivera es aceptado ahora como “animal de compañía política”. Desde Espacio Abierto, un colectivo en el que nos encontramos miembros y votantes del PSOE, Podemos e IU, lo tuvimos claro desde diciembre del pasado año. Protagonizamos el primer planteamiento público tras las elecciones de junio en el que defendíamos un acuerdo entre PSOE, Ciudadanos y Podemos-UP para formular una alternativa en el caso de que Rajoy fracasara o eludiera la investidura. Más tarde se han ido sumando gentes (algunos con cargos orgánicos en la dirección socialista) y colectivos de dentro y fuera del PSOE, Compromís, Izquierda Abierta, Izquierda Socialista, el Foro 26-J y políticos, intelectuales y activistas como los que suscribían el manifiesto publicado en prensa el pasado 28 de julio. Ya sólo la suma y el encuentro común de los grupos y personas enunciados en estas líneas implican un compromiso muy amplio y notable de la izquierda española en favor de un cambio. Lo hacemos comprometiéndonos en favor de una alternativa no excluyente en la que prime el beneficio de una mayoría ciudadana y electoral que deje atrás la etapa negra de Rajoy, que es también la del retroceso económico, social y de la corrupción protagonizada por el PP. Para eso es imprescindible mantener las posiciones en esta partida, algo que acaba de valorar muy positivamente el CIS para el PSOE, y que exige no abandonar sólo porque el rival pueda tener más peones. Nuestras piezas son más valiosas. Debemos y podemos dar un jaque al Brey.

José Francisco Mendi

Psicólogo y miembro del colectivo Espacio Abierto